publicidad
OPINIÓN

Una oportunidad histórica para potenciar la educación y consolidar la baja de la pobreza

La menor cantidad de nacimientos en el país sitúa al país ante un nuevo escenario con múltiples desafíos y posibilidades

3'
El cambio demográfico en la Argentina plantea una serie de desafíos y también oportunidades
El cambio demográfico en la Argentina plantea una serie de desafíos y también oportunidadesHugo Moujàn
Héctor Masoero
Por Héctor MasoeroPARA LA NACION
Compartir

Argentina se encuentra ante un cambio demográfico histórico: en la última década, el volumen anual de nacimientos experimentó una caída cercana al 50%. Este fenómeno sitúa al país en un escenario de natalidad similar al de varias naciones europeas. Aunque este panorama tiene múltiples desafíos, también puede ser una excelente oportunidad para potenciar el éxito de las políticas públicas actuales orientadas a ordenar la macroeconomía, reducir la pobreza y optimizar el gasto estatal.

El descenso en la cantidad de nacimientos abre una ventana de oportunidad fiscal inédita para el sistema educativo argentino. Al reducirse progresivamente la masa de estudiantes que ingresa a los colegios, el Estado cuenta con una ventaja matemática muy favorable. Si se mantiene constante el presupuesto destinado al sector, la inversión real que recibe cada alumno aumentará de manera exponencial y automática. Esta menor densidad en las aulas debe aprovecharse para mejorar la eficiencia en la gestión del presupuesto y concentrarse en objetivos estratégicos que nos permitan revertir el bajo desempeño educativo de los alumnos argentinos en las pruebas estandarizadas en general (más allá de la mejora en la capacidad lectora en las últimas pruebas Aprender).

publicidad

El verdadero desafío para la economía llegará a mediano plazo, cuando la población activa envejezca y haya menos adultos en edad de trabajar que adultos mayores a los que sostener. Ante un mercado laboral que hoy muestra niveles significativos de informalidad, la clave del crecimiento económico ya no dependerá del volumen o de la cantidad de trabajadores disponibles, sino de su nivel de competitividad y preparación. Si la población económicamente activa tiende a estabilizarse o reducirse, la única vía para garantizar el desarrollo sostenible es lograr que cada joven finalice sus estudios con los conocimientos que exige el mundo moderno. Una educación pública de alto rendimiento es, en última instancia, el motor que permitirá insertar a las nuevas generaciones en empleos formales, incrementar la recaudación, asegurar la sostenibilidad del sistema previsional y evitar que la menor cantidad de aportantes afecte la calidad de vida de los adultos mayores en el futuro.

El actual esfuerzo del Gobierno por reducir los índices de pobreza y estabilizar las variables económicas encuentra en este cambio demográfico un aliado estratégico. Desplazar el foco del volumen a la calidad permitirá transformar la caída de nuevos nacimientos en excelencia productiva. Capitalizar este respiro en la densidad infantil para consolidar un sistema educativo fuerte, tecnológico y competitivo es el camino más directo para dotar a los jóvenes con las habilidades científicas y cognitivas del nuevo orden mundial, asegurando así un progreso genuino y duradero para toda la sociedad. Solo transformando la escasez demográfica en excelencia productiva podremos asegurar un desarrollo sostenible para el país. Dentro de las malas noticias, se nos abre una oportunidad. Está en nosotros como país no desaprovecharla. Volvamos a asumir un compromiso real en la educación de calidad, con parámetros medibles y poniendo foco tanto en los docentes como en los alumnos.

Héctor Masoero
Por Héctor MasoeroPARA LA NACION

Presidente de UADE y Vicepresidente Primero de la Academia Nacional de Educación (ANE),

LA NACION
Conforme a
The Trust Project
Tipo de trabajo:
Opinión