
Una paradoja insoluble
El zen siempre desafía la racionalidad, y sin que puedan equipararse uno y otra, la Argentina también lo hace. Hay dos koan, pequeños poemas-enigma zen, que vienen a la mente con motivo del arreglo de la deuda. Son probablemente dos de los más conocidos. El primero narra la historia de un ganso al que un hombre mete dentro de una botella cuando es pequeño. Allí lo nutre hasta que crece por completo. Y el koan pregunta: ¿cómo sacar el ganso de la botella, sin romperla, y sin matar al ganso?
La deuda fue entre nosotros el ganso que fuimos engordando dentro de la botella hasta que no tuvimos más remedio que enfrentar la pregunta. ¿Cómo sacarlo? Nuestra respuesta, luego de tres años, fue hacerlo adelgazar forzosamente. Se puede decir que cumplimos el requerimiento: no lo matamos y no rompimos la botella. Sin embargo, a pesar de haber pasado de 191 mil millones a 125 mil, el ganso sigue notablemente gordo y no debe descuidar su dieta.
El segundo koan, que es de una particular belleza y que trae también precisas reminiscencias del default, dice que conocemos el sonido de dos manos cuando aplauden. Pero, agrega, ¿cuál es el sonido que hace una sola mano al aplaudir? (Como digresión, cabe decir que se consigna la existencia de un tercer koan, que algunos especialistas señalan como apócrifo, fruto de una fusión de los dos anteriores, en la que se narra la historia del aplauso del ganso, pero no está comprobada su originalidad.)
En todo caso, al salir del default, fuera de la alegría natural que nos provoca, se tuvo más cuidado de no festejar en la cara de quienes habían sido burlados por comprar deuda argentina. Así, luego de una primera tentación triunfalista ("la mayor quita de la historia, digna del libro Guiness"), se pasó a una comunicación más mesurada del hecho, o si se quiere, se pasó a aplaudir discretamente, con una sola mano.
El koan zen es, como se ve, una paradoja insoluble que tiene como objetivo desafiar la razón humana para producir, mediante una intensa reflexión, un quiebre de las vías de pensamiento habituales, para poder acceder a la iluminación. Dicen que el maestro Zen, cuando el discípulo advierte que el ganso es la propia mente que yace encerrada, dice: "Has accedido a la iluminación. El ganso está afuera". Nuestro ganso está ya afuera, sólo resta por comprobar si hemos sido iluminados.
evnoailles@yahoo.com.ar





