Una polémica por muebles falsos salpica la Bienal de Anticuarios de París
Dos galerías referentes del sector están bajo sospecha y no participarán este año del salón
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PARIS.- Es un golpe donde más les duele a los franceses: la historia, el arte y el savoir-faire. La Bienal de los Anticuarios, cita ineludible para los amantes de muebles y objetos de arte antiguos, está por estos días en boca de muchos aquí en París. Si bien abrirá sus puertas en el Grand Palais recién el 10 de septiembre, el salón hizo saber en los últimos días que dos de sus históricos expositores, las galerías Didier Aaron y Kraemer, no participarán de la próxima edición. Pilares y referentes en el universo parisino de las antigüedades, estas dos casas están sospechadas de haber fabricado y vendido falsos muebles del siglo XVIII al Palacio de Versalles, que los compró entre 2008 y 2012 por un monto de 2,7 millones de euros.
El engaño, que está siendo investigado por la Oficina Central de Lucha contra el Tráfico de Bienes Culturales (OCBC), provocó la detención temporaria del experto en sillas Bill Pallot, un histórico de la casa Aaron, de Laurent Kraemer y de un restaurador de objetos de arte que trabaja en el atelier de Bruno Desnoues. Todos nombres muy conocidos en Saint-Honoré, calle principal de los anticuarios parisinos, donde la reputación es una construcción de largos años. La galería Didier Aaron, por ejemplo, fundada en 1923, participó de todas las ediciones de la bienal desde 1974, y su director, Hervé Aaron, incluso presidió la edición de 2014.

La situación hace temblar al resto de la profesión, que teme que haya nuevas intervenciones policiales contra otros colegas. A la par de la OCBC, el Ministerio de Cultura también lanzó una investigación administrativa sobre el proceso de adquisición de estos bienes.
"Es una decisión dolorosa porque son marchands que conocemos. Aaron fue suspendido y Kraemer decidió apartarse para no incomodar a la bienal. Falsificadores hay en todos lados. Es una gangrena y hay que saberlo. Todo da vueltas alrededor del dinero. Así que no estoy sorprendido, pero si apenado", explica a La Nación el presidente del Sindicato Nacional de Anticuarios (SNA), Dominique Chevalier.
La sede del sindicato está ubicada a escasos metros de la iglesia de la Madeleine, lo cual confirma la importancia de esta profesión en Francia. La bienal, fundada en 1956, es propiedad de este sindicato, que la organiza para promover y defender el metier. Chevalier cuenta que es la primera vez que el salón se enfrenta a un incidente de esta escala, y desde entonces ya se tomaron nuevas medidas en la comisión de admisión de objetos: se transparentó la lista de miembros, se evita incluir a marchands que exponen y algunos consultores fueron reemplazados. "Podemos salir más fuertes y más sanos de esto. Tomará tiempo, coraje y voluntad, y tenemos todo eso", agrega Chevalier, marchand de tapices antiguos y modernos en una galería frente al Sena.

Si bien no hay detalles oficiales sobre los muebles en cuestión, el magazineConnaissance des arts asegura que se trataría de una banqueta de François Ier Foliot, una poltrona de Madame Elisabeth, una silla de Jacob y cuatro de Louis Delanois. Los nombres dicen poco pero estarían todas exhibidas en los salones de Versalles.
Más allá de la polémica que seguramente sobrevolará los diez días del salón, la bienal de anticuarios será la ocasión de descubrir la selección de 121 expositores: objetos antiguos de más de 100 años, pinturas modernas (lo contemporáneo está excluido salvo excepciones, como un lienzo de Pierre Soulages) y muebles de diseño, siempre que sean piezas únicas y no series.
"La bienal tiene que ser una pasarela entre lo antiguo y lo moderno. Antes, la tendencia era elegir una época, como el siglo XVIII, y decorar todo con eso. Hoy, incluso en las casas de colegas anticuarios vemos que la tapicería contemporánea se mezcla con arte africano y con pintura del siglo XIX. No es fácil convencer de esto a ciertos anticuarios, pero es lo que debemos hacer si miramos hacia el futuro. Para conservar nuestra especialidad, estamos obligados a adaptarnos a la época", analiza Chevalier.

Entre el centenar de stands también se contarán cuatro casas de alta joyería. La presencia de este sector solía ser bastante mayor porque detrás hay intereses económicos, pero a pedido de los anticuarios los responsables del salón decidieron reducir esa presencia y mantener una proporción adecuada. Los joyeros de la Place Vendôme, por supuesto, se quejaron.
"No es segregación. Es un tema de equilibrio. Necesitábamos lugar para poder internacionalizar la bienal. El criterio de las joyerías presentes es que sean casas históricas que vienen de la alta joyería y no de la moda, como Chanel o Dior", agregó en diálogo con La Nación el director general de la bienal, Jean-Daniel Compain.

Otra de las novedades de este año será la dimensión cultural: la bienal ofrecerá también tres exposiciones, entre ellas una imperdible: 35 piezas del museo ruso Ermitage que nunca antes habían viajado. "Hay coleccionistas que vendrán de Estados Unidos y de Japón sólo por un objeto", agrega Compain. Los precios van de 10.000 euros a varias decenas de millones, sobre todo para pinturas y esculturas del siglo XX.
La bienal suele ser visitada por 80.000 personas, aunque para los responsables lo importante, más que la cantidad, es la importancia de quienes se acercan: que sean grandes coleccionistas, potenciales compradores y amateurs interesados. Frente a la polémica, este año a los anticuarios les tocará hacer mayores esfuerzos para lograr convencer a los clientes más escépticos.




