
Unir esfuerzos y voluntades
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Ante la imperiosa necesidad de elaborar propuestas y acciones concretas para que la Argentina logre superar la crisis que la agobia y pueda emprender el camino de su definitiva recuperación, ha ido creciendo en el seno de la sociedad la tendencia a poner en marcha los proyectos nacidos de la solidaridad y de la conjunción de esfuerzos institucionales y comunitarios.
En esa dirección están trabajando activamente, desde hace ya tiempo, diversas organizaciones empresariales y educativas, fundaciones y entidades no gubernamentales. Algunas de ellas han constituido recientemente el llamado Grupo Acción, que con el lema "Juntos en acción, ya" se ha impuesto el objetivo de sumar esfuerzos con el fin de agregar valor a múltiples iniciativas de bien público. Las organizaciones unidas en ese grupo -entre las que se cuentan IDEA, ACDE, la Universidad Austral y otras no menos prestigiosas- se han fijado el propósito de aunar trayectorias y experiencias individuales y, sobre esa base, definir un plan de acción común en el que fructifiquen propuestas orientadas a promover la recuperación de las instituciones públicas y los valores básicos de la sociedad argentina.
Una de las finalidades del Grupo Acción es impulsar, desde el campo de la sociedad civil, el desarrollo sustentable de la República Argentina en lo económico, en lo social y en lo político. La ambiciosa meta ya se ha traducido en un plan de iniciativas para cinco áreas primordiales que se encuentra en marcha. Las áreas son las del Estado de Derecho, la calidad de gestión del sector público, la construcción de capital social, la generación de empleo y la educación básica.
La experiencia indica que en todas las actividades la suma y la integración de fuerzas -o, si se prefiere, el llamado trabajo en equipo- suelen ser garantía de buenos resultados. Esa metodología, largamente demostrada y comprobada, no siempre prevalece en las organizaciones humanas y sociales, debido a que suele chocar contra la arraigada tendencia al individualismo, cuyos efectos negativos se han hecho sentir tantas veces, a lo largo de la historia, en la sociedad argentina.
La gravísima emergencia en que está sumido el país ha movilizado en estos últimos años un sinnúmero de propuestas e iniciativas dirigidas al bien común. Pero, por lo general, han consistido -como lo han señalado los principales promotores del Grupo Acción- en "diagnósticos y trabajos atomizados, que no llegan a feliz término". De allí, pues, el acierto implícito en la determinación de unificar y potenciar esa clase de tareas mediante una oportuna política de uniones y alianzas estratégicas, cuya previsible consecuencia es facilitar su ejecución y, en muchos casos, tornar factible lo que se presentaba de difícil concreción práctica.
Además, tampoco se trata de una convocatoria cerrada o restringida. El Grupo Acción ha convocado a todas las instituciones de la actividad civil para que se sumen a esa estructura liminar. Ese llamamiento debería despertar una larga cadena de ecos favorables e, incluso, impulsar otras empresas de parecido cuño y similares propósitos.
Si esto llegase a suceder, quienes han inspirado esa primera y plausible comunión de intenciones habrían obtenido un doble motivo de satisfacción: por un lado, el haber podido alcanzar las metas que expresamente se habían impuesto; por el otro, el haber demostrado que la recuperación de la República sólo será posible si todos los argentinos, sin excepción y sin exclusiones, nos proponemos lograrla en fraterna y solidaria conjunción de voluntades.





