
Urbanidad en la escuela
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ALUMNOS de quinto, sexto y séptimo grado del Colegio Río de la Plata se dedicaron a analizar las notas sobre "Urbanidad, un ejercicio de reflexión", publicadas por La Nación a fines del mes último y se aplicaron a poner en práctica las sugerencias contenidas en esos trabajos periodísticos. El material difundido por nuestro diario los indujo a autoexaminarse, a reconocer los flancos débiles de sus comportamientos cotidianos y a empeñarse en tratar de mejorarlos.
No es poco. La sociedad suele mostrarse reacia a reconocer que algunos de los inconvenientes que a diario padece tienen su origen en el reiterado desconocimiento de normas de urbanidad elementales, que en épocas no tan distantes solían ser transmitidas de padres a hijos con indelegable dedicación.
Es revelador el juicio vertido por una de las alumnas del colegio respecto de los temas expuestos en la serie periodística: "Son cosas obvias, pero al leerlas reparé en ellas. Me doy cuenta de que yo también actúo así. Las notas hablan de mí; pude ver mis fallas y modificar mis hábitos".
Se cumplió así, en un caso concreto, la intención de la serie de notas, que apuntó justamente a llamar la atención sobre la paulatina depreciación de valores como la cortesía, el comedimiento y los buenos modales. Pequeños gestos esenciales que, al integrarse unos con otros, dignifican y mejoran la vida cotidiana, haciendo más llevaderas las múltiples actividades que desarrollan día tras día los seres humanos.
El mensaje periodístico encontró en este caso inmejorables destinatarios. Los alumnos del colegio nombrado admiten hoy que incurrían, casi sin darse cuenta, en pecadillos de comportamiento; la lectura de los artículos de La Nación los puso frente a un espejo imaginario, que les hizo ver sus defectos y les planteó la posibilidad de corregirlos. Se comprobó, una vez más, que la palabra escrita, cuando es correctamente utilizada, sigue teniendo valor educativo.
En la mente y el espíritu de un conjunto de niños y adolescentes se ha fijado el concepto de que la urbanidad es uno de los cimientos de la convivencia y que ésta es, sin duda, la médula de la paz y la concordia entre los hombres de buena voluntad. Y algo más: que el diario y la escuela siguen teniendo un amplio campo para trabajar en común.





