
Urgentísimo: Adorni necesita un vocero
Perdón, seré políticamente incorrecto: no voy a sumarme al coro que pide la cabeza de Manuel Adorni, víctima de la turba mediática por una escapada a Punta del Este. OK: también por llevar a pasear a su mujer en el avión presidencial y por sus inversiones inmobiliarias. Hay motivos de sobra para entender, e incluso justificar, lo que hizo. Como contador público ejerció poco y nada, fue docente universitario y arrimaba el bochín como charlista de verbo picante en ciclos marginales de radio y TV. Quiero decir: siempre se le hizo cuesta arriba parar la olla. Tampoco monetizó sus rutilantes posteos en la entonces Twitter. De glándula pituitaria más volcada al ejercicio de la reflexión que al lucro, ni siquiera se le ocurrió patentar el célebre “Fin” con que terminaba y aún hoy termina sus cortas y punzantes sentencias en las redes. Hasta Milei le copió esa fórmula consagratoria. Por Dios, la guita que podría haber hecho. “Manaos. La Coca de los Campeones del Mundo. Fin”.
Queda así descripto, entonces, el hombre y sus circunstancias: estamos ante un tipo que, pudiendo ser rico, remaba para llegar a fin de mes. Un contador pobre es una rarísima avis; claro, eligió contar cosas ante los micrófonos. Todo eso hasta que fue tocado por la varita del León: Javi lo hizo su vocero, tarea que cumplía estampillado a Kari. De pronto se vio inmerso en un mundo fulgurante de rentabilidades sencillas, de tráfico fluido, de prometedores criptoactivos. En un suspiro pasó de claustros y estudios de radio al clima cultural de una Casa regida por los criterios economicistas de dos hermanos de moral libertaria. De qué otro tema le iban a hablar los Menem o Spagnuolo o Pareja, con los que tenía que tratar a diario o se los topaba en los pasillos. Entraba al despacho de Kari y la encontraba cerrando un contrato con Novelli o haciéndose una foto con el gringuito Hayden Davis. Es decir, un universo de prosperidad delante de sus narices. Después, jefe de Gabinete. Mamita mía: entre otras manualidades, la supervisión de todas las cajas del Gobierno. Ahí sí; ahí volvió a su más temprana vocación: contador.
Por fin se incorporaba a las ligas mayores.
El vuelo privado a Punta del Este por 8000 dólares ida y vuelta, en Carnaval, no consigue justificarlo porque las razones del corazón no son fáciles de explicar. Le tenía prometido a su familia llevarla a conocer las comparsas de José Ignacio, pasión de multitudes. Su íntimo amigo y excompañero de andanzas periodísticas Marcelo Grandio se puso insistente: quería retribuirle los dos espacios en la Televisión Pública. Manu también estaba agradecido: Marcelo lo había llevado a uno de esos programas como invitado estelar. Ir en un avión de línea desde Aeroparque, imposible: si es un caos cualquier día de semana, imagínense en esa fecha y con el jefe de Gabinete haciendo la cola para el check-in; el viaje de descanso convertido en un atropello de fans pidiéndole autógrafos y selfies. El finde XXL había sido planeado, salvo las facturas, con tanto cariño como antelación. En cambio, treparla a su mujer al avión presidencial surgió imprevistamente; ahora el que le comió la cabeza fue Javi, que sabía, por reportes de inteligencia, que Bettina había vuelto de Uruguay agotada de ver pasar carrozas: “O los dos o ninguno”, lo apuró Javi. Si no ha declarado casas y departamentos es por falta de gimnasia: su rol de player en ese mercado apenas empezó hace poco más de dos años. Por otra parte, los datos que podría pasar en sus declaraciones juradas se vuelven inútiles rápidamente: hoy no tiene el número de propiedades que tenía ayer o que va a tener mañana.
En la conferencia de prensa del miércoles le fue fatal. Iba a dar la primicia de que se venía el histórico fallo por YPF (proeza que le debemos al Pelu, según nos explicó anoche el Pelu en cadena nacional; ¡aguante el mameluco!) y a la jauría de periodistas solo le interesaba tirarle zancadillas. ¡Lo que sufrí viéndolo en esa extraña mixtura de contradicciones y engreimiento! Cuánta impiedad hacerle preguntas a alguien que no tiene respuestas. “Con mi dinero hago lo que quiero”. Bien la rima, campeón, pero no era por ahí. Acá va, pues, mi propuesta para no perder a Manu, el mejor jefe de Gabinete del mundo: al que fue vocero del Presi y hoy es vocero del Gobierno hay que buscarle, urgente, un vocero. Digamos, un Aníbal Fernández, versátil e ingenioso en los entreveros dialécticos. Hasta que no tenga ese vocero no le dejen que con su plata haga lo que quiera. La misma solución podría aplicarse en otras áreas. De hecho, ya lo están haciendo; a pesar de tener un presi economista y un ministro de Economía de luxe como Toto acaban de contratar al economista uruguayo Ernesto Talvi para que nos rescate del bolonqui en el que nos estamos metiendo. A Mahiques, involucrado 24 x 7 en los expedientes que perturban a los hermanos Milei ($LIBRA y Andis), le dijeron de movida que se olvide del ministerio; de esas minucias se va a ocupar su segundo, Santiago Viola. Mi sugerencia más audaz: que Kari conserve el cargo de secretaria general, pero sin ejercerlo, cosa de disponer de tiempo para dedicarse, por ejemplo, a la generación de inversiones en activos no convencionales. Ah, ¿ya lo hace? Perfecto, Kari. Ante cualquier eventualidad, Mahiques.
El único que se basta por sí solo es Javi. Menos mal. Otro Javi no.





