
Ventajas y desventajas de la mentira
La palabra "verdad" tiene dos sentidos. Alude, en primer lugar, a la conformidad entre un objeto y el concepto que nos formamos de él. Si éste es el caso, emitimos un juicio "verdadero" acerca del objeto. Pero también se emplea la palabra "verdad" para aludir a la conformidad entre lo que una persona dice y lo que efectivamente piensa. Si una persona dice lo que piensa, la llamamos "veraz". Aquí ya no estamos hablando de una verdad "objetiva", como en el primer caso, sino de una verdad "subjetiva".
Lo contrario de la verdad "objetiva" es el error. Lo contrario de la verdad "subjetiva" es la mentira. Hay un abismo moral entre ambos. Quien yerra, está buscando la verdad. Eventualmente, llegará a ella. El error es un desvío no querido en el arduo camino del conocimiento. El alma "errante" ama la verdad. Aún en el error, su amor la honra.
Quien miente, no busca saber sino engañar. Hay casos extremos en que se engaña por amor o por piedad: cuando se le habla a un niño de los reyes magos o cuando se le disimula su estado a un enfermo terminal. La mentira admite excepciones positivas que han sido examinados en el clásico libro Mentir de Sissela Bok (Lying, New York: Vintage Books, 1978), pero en los casos en que se miente en busca de una ventaja, el engaño daña injustamente al engañado al privarlo de una verdad que tenía el derecho de conocer y daña además al propio mentiroso al empobrecerlo en cuanto persona.
Cuando lo habitual es que los dirigentes digan la verdad, se difunde en la sociedad un clima de confianza. La confianza es la madre del consenso político y de los contratos privados. Según lo ha sostenido Francis Fukuyama en un reciente libro, la confianza es la madre de la prosperidad (Trust. The Social Virtues & the Creation of Prosperity, The Free Press, 1995; en castellano Confianza. Las virtudes sociales y la capacidad de generar prosperidad, Editorial Atlántida, 1996). En el caso opuesto, cuando la mentira se difunde cunde un estado de sospecha en medio del cual la sociedad zozobra. En última instancia, la sociedad es un sistema de expectativas recíprocas al que la mentira destruye, incitando a sus miembros a protegerse detrás de un muro de nuevas mentiras.
La red de mentiras que ha cubierto tanto a la investigación del caso Cabezas como a las andanzas y los contactos del empresario Yabrán, ¿están creando entre nosotros un clima de desconfianza generalizada? ¿Se difunde en la Argentina el descreimiento? ¿Cuántas batallas perdidas lleva, entre nosotros, la verdad?
Patas cortas
Muchas veces la mentira no daña al mentiroso sólo en el campo moral, al empobrecerlo como persona. También lo daña en la vida práctica, al burlar esos mismos objetivos que andaba buscando. Esto ocurre con la mentira ineficaz. La mentira es ineficaz cuando es descubierta. La mentira tiene, en este caso, "patas cortas".
El daño "práctico" de la mentira descubierta no sólo anula el propósito que el mentiroso tenía en vista al urdirla; lo daña además a él mismo al volverlo poco creíble a los ojos de los demás. Puede ocurrir entonces que tampoco se le crea cuando dice la verdad. Es el famoso ejemplo del pastorcillo mentiroso. Tantas veces había dicho que venía el lobo y le creyeron sin que fuera cierto, que el día en que el lobo vino gritó y no le creyeron.
Los altos funcionarios que han negado una y otra vez que tenían tratos frecuentes y hasta íntimos con Alfredo Yabrán nunca supusieron que el temible sistema Excalibur los desmentiría. Al ocultar sus contactos, buscaban "despegarse" del sospechado empresario. No sólo no lo consiguieron. Ahora ya no se les cree en otros temas, cuando quizás dicen la verdad. Supongamos que el propio Yabrán fuera inocente del crimen de Cabezas. Ha negado tantas veces poseer empresas que posee y conocer a personas que conoce, que nadie le cree cuando dice que no mandó "apretar" al infortunado periodista. Si alguna vez Yabrán grita "lobo", no le creerán.
La mentira descubierta tiene un efecto "cascada" sobre su emisor. Cuando Nixon dijo que no tenía nada que ver con el espionaje en el edificio Watergate de sus opositores demócratas, negó un hecho en definitiva subsanable. Si hubiera reconocido de entrada que actuó mal, le habría pasado como a Kennedy cuando reconoció su responsabilidad en la catástrófica invasión a Cuba en la Bahía de los Cochinos que costó tantas vidas: el pueblo norteamericano lo habría perdonado igual que a Kennedy. Pero al descubrirse que Nixon había mentido en el tema mil veces menor de Watergate, el presidente tuvo que ir retrocediendo de mentira en mentira, de una precaria trinchera a la próxima, hasta que el pueblo norteamericano dejó de creerle. Cercado por el descreimiento general, Nixon tuvo que renunciar. ¿A cuántos de nuestros funcionarios les puede pasar lo mismo?
El dilema de Glaucón
Queda una pregunta inquietante por hacer. La mentira, ¿siempre tiene patas cortas? ¿Qué pasa con la mentira cuando es eficaz?
La mentira es eficaz cuando no es descubierta. Igualmente le hace daño moral a quien la utiliza porque lo empobrece como persona. Pero este tipo de daño se concreta sólo en la conciencia. Si los demás no saben que el que mintió lo hizo, el efecto "práctico" de su entuerto es positivo. Aceptar esta dura verdad es reconocer la imperfecta condición humana. A la persona que no le importa la moral, le conviene mentir cuando anticipa que no será descubierta.
Se me dirá: pero mire cómo les va a los que mintieron en los casos Cabezas y Yabrán. Sí, pero lo que no sabemos es cómo les va a los que mintieron en éstos o en otros casos y no han sido descubiertos. Quizás no duerman bien de noche. Quizás prosperen mucho más allá de sus merecimientos. Esto es algo que nadie puede determinar porque las mentiras eficaces lo son justamente porque no las conocemos.
En filosofía moral, a esta hipótesis se le da un nombre: "el dilema de Glaucón". Platón cuenta en La República que Glaucón, discípulo de Sócrates, le propuso un día a su maestro esta atrevida pregunta: ¿conviene ser justo cuando la sociedad castiga al justo y premia al injusto? Si el injusto oculta su conducta detrás de una mentira eficaz, será alabado por los demás. Si el justo es víctima de una mentira eficaz, será repudiado. ¿Qué conviene hacer en estos casos?
En las páginas 403-411 de su libro Explicaciones Filosóficas (Philosophical Explanations, Harvard University Press, 1981), Robert Nozick aborda el dilema de Glaucón. Su respuesta es que, pese a todo, conviene ser justo aunque no haya premio y no conviene ser injusto aunque no haya castigo porque en el primer caso aumenta y en el segundo disminuye el valor de una persona. Hay un "castigo valorativo" a la mentira eficaz.
Lo que inquieta en la Argentina de hoy es pensar en los dirigentes a quienes no les importa este tipo de castigo. ¿No serán las mentiras descubiertas en los casos Cabezas y Yabrán sólo la punta de un témpano colosal de mentiras encubiertas?
La mentira eficaz ofrece abundantes frutos políticos y económicos. Aristóteles definió a la prudencia como la virtud de saber en cada caso lo que es bueno para el hombre. En última instancia, mentir eficazmente no es bueno para el hombre porque lo desvaloriza. ¿Cuántos hombres del dinero y del poder aceptan empero esta otra definición, más estrecha, de la prudencia: que ella es la habilidad de buscar lo que es bueno aquí y ahora para el hombre? Si lo que quieren es más dinero y más poder ahora, les conviene seguir mintiendo. Eso sí: cuidándose del entrometido Excalibur.






