Vincent Descombes: "Es poco probable que en el futuro haya una identidad política colectiva de Europa"
El filósofo francés -autor de El idioma de la identidad, publicado recientemente en la Argentina- analiza los usos actuales de esta noción clave y problemática, que hoy enlaza cuestiones de nacionalidad y solidaridad
1 minuto de lectura'

Es una rara avis de la filosofía francesa. No porque se aparte de la tradición local sino por el diálogo que ha sabido construir con la filosofía analítica anglosajona. Vincent Descombes cita con igual comodidad a Rousseau o a Wittgenstein, y en lugar de detenerse en el cogito, ergo sum cartesiano, dedica largos párrafos al "ser o no ser" shakespereano que, en su visión, encierra la clave de la moderna noción de identidad.
Con una obra vasta y diversa, Descombes, profesor de la École des Hautes Études en Sciences Sociales de París, es uno de los filósofos franceses más respetados de la actualidad. Entre sus trabajos traducidos al español, se cuenta un estudio sobre la filosofía francesa contemporánea, Lo mismo y lo otro: cuarenta y cinco años de filosofía francesa(1933-1978). Pero varios libros todavía esperan su turno, como los dos tomos en que hace una crítica del cognitivismo, entre otros ya traducidos al inglés por las editoriales universitarias de Johns Hopkins, Princeton, Stanford y Harvard.
El idioma de la identidad, recientemente publicado en español (Eterna Cadencia), es uno de sus últimos libros, donde muestra su perplejidad por el cambio en el uso de la palabra "identidad" que se ha dado en las últimas décadas. Ya no designa sólo lo que es igual a sí mismo ("yo soy yo") sino que representa una noción problemática, que requiere completarse. ¿Quién soy? ¿Cómo me defino? ¿En relación con qué: mi nacionalidad, mis creencias, mis inclinaciones?
Descombes traza una genealogía de esta nueva acepción y encuentra en el psicoanalista Erik Erikson a uno de sus padres fundadores. El personaje es, en sí mismo, cautivante: de padre desconocido, hijo de una danesa judía, inicialmente adoptó el apellido del pediatra que se casaría con su madre, para llamarse Erik Homberger. De joven se analizó con Anna Freud y se sumó a los círculos psicoanalíticos. Luego migró a Copenhague y, al llegar a Boston, adoptó su nombre definitivo.
Erikson acuñó la noción de "crisis de identidad" cuando comenzó a tratar a los soldados que regresaban de la Segunda Guerra Mundial. Y después incorporó el diálogo con la antropología cultural norteamericana para analizar a adolescentes sioux aculturados.
Desde allí, Descombes emprendió un recorrido en busca de las bases filosóficas de esta noción clave en la modernidad, que cruza cuestiones de construcción de la subjetividad y plantea interrogantes sobre la nacionalidad y la solidaridad.
¿Por qué es importante reflexionar sobre la noción actual de identidad?
Soy un filósofo, lo que significa que encaro las cuestiones contemporáneas desde una perspectiva conceptual. Para que me ocupara de este tema, no era suficiente que a mí me interesara la palabra "identidad" o el hecho de que esa palabra esté en todas partes, que sea discutida por expertos de todo tipo, desde los psicólogos del desarrollo a los sociólogos del multiculturalismo y los investigadores en antropología. Pensé que podía abordar estas cuestiones desde la filosofía porque parte del problema que tenemos cuando hablamos de identidad es que nos cuesta explicar u obtener una explicación (o, como mínimo, una definición) de parte de esos expertos. Comencé reflexionando sobre la identidad cuando tomé conciencia de que las personas no pueden pronunciar esa palabra en el nuevo sentido sin agregarle un calificativo, como "identidad plural" o "cambiar de identidad". Esto pone de manifiesto cierta incomodidad con esta noción. De hecho, quieren una "identidad" desprovista de la capacidad de identificar. Por eso comencé con la pregunta lingüística o hasta lexicográfica: ¿de qué modo la nueva noción de identidad se deriva de la más común, la que usamos para identificar a una cosa o una persona?
¿Cuál es el lugar de la obra de Erik Erikson? ¿Podría decirse que, de alguna manera, usted ha escrito una genealogía de la noción actual de identidad?
Hay que tener cuidado: la nueva noción que, efectivamente, fue inventada por Erikson, no es "la noción actual", ya que la vieja sigue con nosotros. Es decir, la noción de que algo o alguien es idéntico a sí mismo seguirá mientras continuemos usando el lenguaje. Erikson es importante por dos razones. En primer lugar, hizo uso de esta noción para ofrecer un diagnóstico sobre un tipo particular de problema psíquico, la llamada "crisis de identidad", que tiene que ver con el modo en que un individuo puede ajustar sus expectativas a lo que otros esperan de él. Una crisis de identidad es tanto personal como social: por eso Erikson la llamó "identidad psicosocial", y extendió su diagnóstico de "crisis de identidad" de los problemas personales a los problemas colectivos. En segundo lugar, dijo que este tipo de crisis personales a la vez que colectivas eran sintomáticas de nuestro tiempo. De algún modo, los problemas de identidad que solían ser característicos de las personas desplazadas, los inmigrantes, estaban volviéndose más comunes debido a la rapidez de los cambios en las sociedades modernas.
Erikson es una figura curiosa, un hombre que se reinventó a sí mismo, como usted sugiere, jugando con su nuevo nombre: Erikson es "el hijo de Erik" en inglés. ¿Cuánto de su vida personal puede haber influido en sus reflexiones?
Él mismo reconoció que había convertido su problema personal (¿quién soy?) en una característica de la condición humana.
Su trabajo parece apoyarse entre el psicoanálisis y la filosofía. ¿Está de acuerdo?
En realidad, según Erikson, los psicoanalistas de su entorno, como la misma Anna Freud, que lo psicoanalizó, no recibieron con beneplácito su teoría de la identidad psicosocial, precisamente porque, para ellos, otorgaba demasiada importancia a los contextos sociales en los que el paciente vivía o había vivido antes de ser expulsado, debido al exilio, la migración o el crecimiento.
¿Cree que el diálogo entre estas disciplinas resulta fructífero?
En relación con la identidad, los psicólogos deberían dialogar con los antropólogos y los historiadores. Esto es lo que hizo Erikson, que realizó trabajo de campo con antropólogos de primer nivel. También escribió importantes biografías, como las de Lutero y Gandhi.
Usted reflexiona sobre la pregunta de Hamlet, "ser o no ser". Y la completa, transformándola en una pregunta sobre la identidad personal: "ser o no ser uno mismo". ¿Ése es el modo moderno de pensar la identidad?
Exactamente. Lo importante es, en primer lugar, tomar conciencia de que la pregunta "ser o no ser" requiere ser completada. Luego tenemos que explicar por qué ha surgido esa pregunta. En otras palabras: ¿qué soy cuando no soy yo mismo? Aquí es donde resulta útil el uso de herramientas filosóficas para distinguir las significaciones de lo que llamamos identidad personal.
También analiza la posibilidad de una identidad colectiva. ¿Cuáles son los aspectos más problemáticos de esta noción? ¿Puede haber un choque entre identidad colectiva y solidaridad?
Yo diría, por el contrario, que hay más solidaridad entre personas que tienen un fuerte sentido de quiénes son como grupo. Piense en un equipo de fútbol.
¿Pero qué pasa con los adversarios?
Imaginemos que nosotros estamos ya en guerra, o en competencia con otro grupo. Obviamente, sería difícil tener algún sentido de solidaridad con este enemigo o competidor, dado que el conflicto definiría nuestra relación en ese momento particular. Aunque, claro, tenemos que tener en mente que las relaciones entre distintos grupos no necesitan estar definidas de una vez y para siempre y que, en otros momentos, podemos ser amigos. Pero, en fin, en este momento estamos en conflicto y lo que nos pasa con respecto a ellos también les sucede a ellos con nosotros. Ahora bien, lo que usted sugiere es que debería haber un orden normativo de prioridades entre las "identidades", es decir, entre las varias afiliaciones que un individuo puede tener como elementos de su identidad. Cuanto más abarcadora una identidad, mejor. Concuerdo totalmente con esa idea. Pero la lógica de este orden es compleja, porque no podemos simplemente decir que una identidad más grande, más abarcadora, debe siempre tener precedencia sobre las identidades de grupos más pequeños. Eso negaría la posibilidad de la existencia de grupos más pequeños, dado que la pertenencia a un grupo mayor, como un país, siempre le ganaría a la pertenencia a un grupo más chico, como la familia o la aldea.
En su libro, presenta a Rousseau como un precursor de nuestro actual lenguaje identitario, y menciona la crítica de Voltaire. ¿Diría que Voltaire es más conservador o que no está interesado en el tema?
Voltaire razona como un individualista puro: no hay lugar en su pensamiento para la idea de pueblo. En cambio, Rousseau escribe como un precursor de la sociología, así lo reconoció Durkheim.
¿Puede hablarse de una identidad europea en construcción, como un proyecto, como un modo de unir fuerzas ante un mundo cada vez más multipolar?
Las identidades colectivas tienen que ver con la posibilidad de decir "nosotros", es decir, la posibilidad de ver a otras personas no como meros individuos sino como voceros de nuestro grupo. De manera que cada identidad colectiva va a ser contextual y requiere un calificativo. Cuando viajo a Japón, tiendo a definirme en referencia al contraste entre Europa y Asia. En ese momento, mi noción de una identidad europea es cultural. Pero si viajo por Europa, pienso en mí como francés y esa identidad es, entonces, política, nacional. ¿Habrá en el futuro una identidad política colectiva de Europa? Eso requeriría o bien el surgimiento de un imperio multinacional, el modelo del imperio austríaco de los Habsburgo, o la fusión de las actuales naciones en una nueva comunidad soberana. Las dos posibilidades parecen poco probables en un futuro cercano.
¿Le parece que algunos aspectos de las nociones actuales de identidad personal y colectiva pueden estar jugando un papel en la crisis de los refugiados?
Va a depender del próximo desarrollo de la guerra civil en Siria. Cuando los irlandeses, italianos o polacos emigraron a Estados Unidos en los siglos XIX y XX, querían convertirse en ciudadanos norteamericanos, aun cuando conservaban sentimientos profundos hacia sus anteriores países, hacia sus parientes. No obstante, no pudieron evitar atravesar "crisis de identidad", como comenta Erikson. En la situación actual, las personas no están migrando para formar parte de Europa y convertirse en alemanes. Por el contrario, estarían felices de quedarse en sus casas. Si pudieran retornar y estar seguros en un futuro cercano, para ellos habría sido un exilio temporario. Ahora bien, si esto no ocurre, el problema va a ser si aceptarán ser asimilados. Si no, seguramente habrá muchos conflictos de "identidad" en los distintos bandos.
¿Podría tratar de definirse como hace Amartya Sen en el párrafo que cita en su libro: "Puedo ser, a la vez, un asiático, un ciudadano indio de ascendencia bengalí, un residente a veces estadounidense a veces británico, un economista, un amateur en filosofía, un firme partidario del secularismo y la democracia, un hombre, un feminista, un heterosexual?"?
Cuando Amartya Sen ofrece esta enumeración de atributos como definición de su identidad, quiere señalar la diversidad de cuestiones que le importan: su origen, sus actividades profesionales, sus opiniones. Lo que nos sorprende es que el listado resulta bastante heterogéneo: ser un ciudadano de la India supone ser parte de un grupo real, porque hay un Estado llamado India que tiene su propia identidad colectiva. Pero creer en el secularismo no lo convierte a Sen en miembro de un grupo real, dado que no hay ninguna posible definición de la comunidad de esos creyentes que no sea la mera lista de todos los individuos que comparten esa opinión: se trata de un grupo nominal. Yo diría que Sen no se está definiendo en su identidad personal única, puesto que la mayor parte de los atributos de su enumeración podrían haber sido diferentes: podría haber elegido otra profesión o podría seguir soltero. En realidad, está ofreciendo el borrador de un autorretrato. Lo que usted me está pidiendo es que haga lo mismo: que comience a escribir un autorretrato. ¡Pero para completar esa tarea tendría que escribir otro libro!
Biografía
Vincent Descombes nació en 1943. Es uno de los filósofos franceses más destacados, sobre todo en el campo de la filosofía del lenguaje. Es profesor en la École des Hautes Études en Sciences Sociales de París. Al español se han traducido Lo mismo y lo otro: cuarenta y cinco años de filosofía francesa y el reciente El idioma de la identidad (Eterna Cadencia),LA FOTO. Para Descombes, la crisis de los refugiados abrirá la puerta a "conflictos de identidad" en el futuro cercano, cuando las personas forzadas al exilio encuentren difícil su asimilación en los países europeos.
¿Por qué lo entrevistamos?
Porque es dueño de un pensamiento original, que combina la tradición francesa con la filosofía anglosajona.







