
Vindicación de un presidente
Por R. W. Apple Jr. De The New York Times
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DALLAS
HACE treinta y seis años, John F. Kennedy fue asesinado en Dallas; inmediatamente asumió la presidencia Lyndon B. Johnson. El tiempo ha tratado a los dos de modos muy diferentes. Kennedy se transformó en uno de los grandes héroes románticos norteamericanos, eclipsados sus defectos por la tragedia de una muerte temprana y violenta. Pese a sus logros, que no fueron pocos, Johnson aún hoy es recordado principalmente por haber "presidido" la Guerra de Vietnam.
A los noventa y un años, el eminente economista John Kenneth Galbraith vino a Texas en busca de "una modificación sustancial" de la historia, una visión "más modesta y, confío, más informada" de los cinco años que pasó Johnson en la Casa Blanca.
Según expresó en una disertación en la Biblioteca Lyndon B. Johnson de Austin, ahora cree que Johnson "sólo fue superado por Franklin D. Roosevelt como una fuerza en pro de una política social civilizada y civilizadora, esencial para el bienestar humano y la coexistencia pacífica entre los privilegiados económicamente (o afortunados en las finanzas) y los pobres". Lo considera "el activista político más eficaz de nuestra época" por haber desempeñado, frente al Congreso, un papel dominante que sobrepasó, de lejos, el de cualquier otro presidente moderno. No obstante, "ha quedado arrinconado históricamente" a causa de Vietnam y sus terribles consecuencias internas.
Viejos rencores
El discurso representa un cambio de opinión considerable. En 1967, Galbraith y Joseph L. Rauh Jr., un abogado y activista liberal de Washington, decidieron que para poner fin a la guerra era preciso derrotar a Johnson, con el que habían mantenido relaciones amistosas, aunque no estrechas. Junto con unos pocos adherentes, eligieron a Eugene J. McCarthy, senador por Minnesota y correligionario de Johnson, y lo exhortaron a presentar su candidatura.
Esto precipitó una reunión desagradable entre Galbraith y Johnson, en la que polemizaron rencorosamente sobre Vietnam. En una entrevista posterior a su disertación, Galbraith comentó que nunca había vuelto a hablar con Johnson, "ni siquiera a intercambiar algunas palabras por teléfono". Finalmente, McCarthy lanzó su candidatura desde la casa de Galbraith, en Cambridge (Massachusetts), y éste lideró a sus partidarios en la malhadada Convención Nacional Demócrata de 1968, celebrada en Chicago.
"Hace años que quería hablar de esto, pero temía no haber hecho el balance correcto", confesó Galbraith. Sigue pensando lo mismo respecto a la futilidad de la guerra, de "ese esfuerzo cruel, irremediablemente perdido", de "enviar a nuestros jóvenes, todavía conscriptos, a luchar y morir", pero le remuerde la conciencia el modo en que Johnson acabó por personificar los errores cometidos por su país en el Sudeste asiático.
"No lamento haber combatido ese error _dijo Galbraith ante centenares de oyentes, incluida Lady Bird Johnson_. Sí debemos lamentar el haber permitido que la Guerra de Vietnam deviniera en el esfuerzo definitorio absoluto de aquellos años, y también de la historia. En la época de Johnson, lo único que importaba era Vietnam, y así ha quedado en la historia. Los que estábamos involucrados en todo aquello permitimos tal respuesta, quizás inevitable por entonces. Después, sin duda, hicimos demasiado poco por corregir la historia."
Detalles alarmantes
Galbraith dice haber basado en parte su revisión en el libro de David Kaiser, profesor del Colegio de Guerra Naval, American Tragedy:Kennedy, Johnson and the Origins of the Vietnam War ("Tragedia norteamericana. Kennedy, Johnson y los orígenes de la Guerra de Vietnam"), que publicará Harvard University Press el año próximo. Elogia a su autor por "el uso cabal, inteligente y aun exhaustivo" de documentos desclasificados recientemente: "Kaiser se explaya acerca de la presión que ejercieron los militares sobre Kennedy y Johnson, entrando en detalles todavía hoy alarmantes, Los generales y sus acólitos se adueñaron del poder; más aún, ansiaban entrar en guerra y propusieron abiertamente el uso de armas nucleares".
Por otra parte, Galbraith ha profundizado recientemente su percepción de que, bajo la presidencia de Johnson, "lo que llamábamos la democracia norteamericana" se transformó en una democracia más completa. "Se dio un largo paso hacia la coexistencia pacífica entre grupos étnicos. Por primera vez, reconocimos claramente la presencia de una miseria profunda e implacable en esta tierra en general opulenta", dijo. En particular, mencionó la Ley de Derechos Electorales de 1964 y los alcances de los programas contra la pobreza, conocidos en conjunto como la "Gran Sociedad". © La Nación
(Traducción de Zoraida J. Valcárcel)





