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NUEVA YORK (The Economist).- Los partidarios del "nuevo paradigma", que creen que la economía puede mantener un rápido crecimiento sin riesgo alguno de inflación o recesión, recibieron alborozados la revisión de las cuentas nacionales norteamericanas la semana última. Las nuevas cifras mostraron que la productividad venía creciendo más rápido de lo que se pensó antes. Si la tendencia a largo plazo de la productividad se había inclinado hacia arriba, elevaría el límite de la velocidad a la que puede crecer la economía sin desencadenar inflación. Sin embargo, la inflación no es la única amenaza a la actual expansión estadounidense. Otra es una pauta de severos desequilibrios financieros, que ninguna revisión estadística puede borrar.
Un reciente estudio de dos economistas británicos, Wynne Godley y Bill Martin, enfoca tres desequilibrios: un mercado de valores sobrevaluado, el colapso del ahorro del sector privado y un alarmante crecimiento de la deuda. Los tres alcanzaron niveles sin precedente, por razones que están estrechamente conectadas. El alza masiva en los precios de las acciones alentó a las familias a gastar más y a las firmas a invertir más, lo cual fue en parte financiado por nuevos préstamos.
La mejor medida del impacto de la Bolsa en la economía norteamericana es el ahorro neto del sector privado -la brecha entre el ingreso disponible de los hogares y las firmas y su gasto en consumo e inversión-. Según las anteriores cifras de la cuenta nacional, el ahorro neto privado había caído este año a un mínimo récord de menos 5,5% del PBI (es decir, el gasto excedía el ingreso). Las nuevas revisiones estadísticas redujeron ese déficit financiero a 4% del PBI. Pero la tendencia no se modifica. En el transcurso de las últimas cuatro décadas, el ahorro neto privado nunca había sido negativo.
Este hundimiento del ahorro privado también se refleja en el cada día mayor déficit de la cuenta corriente. Por definición, la suma del ahorro neto privado y gubernamental es igual al déficit externo. La reciente caída del ahorro privado ha sido sólo en parte compensada por el superávit del presupuesto gubernamental.
Estas tendencias son, por supuesto, insostenibles. Godley y Martin opinan que es imposible predecir cuándo terminarán los buenos tiempos en los Estados Unidos, pero cuanto más crezcan los desequilibrios financieros, peor será la corrección final.
La mayoría de los pronósticos espera que el crecimiento norteamericano se frene lentamente en los próximos años, de modo que los desequilibrios se subsanarían en forma gradual. Pero esto podría ser sólo una expresión de deseo. Para demostrarlo, Godley y Martin aplican las premisas de la oficina de presupuesto del Congreso referentes al crecimiento y a la política fiscal, a su propio modelo económico.
Aumenta el rojo
Incluso con un crecimiento moderado, el déficit de la cuenta corriente se sigue ampliando, en parte por el aumento en los pagos de intereses de la deuda. La política oficial también supone un crecimiento del superávit del presupuesto. Aritméticamente, un más alto ahorro gubernamental y un mayor déficit externo implican una más acentuada caída en el ahorro neto privado.
La conclusión de los autores es que con las actuales políticas la expansión norteamericana no puede mantenerse, ya que el aumento necesario en el déficit financiero del sector privado tendría que ser demasiado grande, lo cual es poco realista. El crecimiento de la deuda de las firmas y las familias sería insostenible.
Si este análisis es correcto, en el mejor de los casos los Estados Unidos enfrentarían un prolongado período de actividad lenta. La experiencia en otras partes del mundo ha demostrado que una tasa en baja del ahorro neto privado, financiada por una deuda que crece, es simplemente insostenible. Si los Estados Unidos logran por último un blando aterrizaje, donde otros en circunstancias similares fallaron, eso sin duda merecería llamarse milagro económico.
Traducción de Mara Farhat




