Vivir sin pausa

Eduardo Chaktoura
Algo así como pretender que nuestro auto alcance velocidades mayores a las posibles
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29 de agosto de 2014  • 00:10

La biología humana parece no estar en sincronía con las exigencias del mundo moderno. Algo así como que nuestro teléfono celular o nuestra computadora no terminan de ser del todo compatibles con el sistema operativo en cuestión. Algo así como pretender que nuestro auto alcance velocidades mayores a las posibles o que intentemos sostener la marcha sin combustible suficiente.

En definitiva, sería por demás saludable reconocer (y comenzar a aceptar) que no contamos con todos los recursos físicos y emocionales suficientes como para soportar, sin padecer algún impacto negativo, cierto estilo de vida hiper exigido o extremo al que estamos sometidos (y al que nos sometemos).

No contamos con todos los recursos físicos y emocionales suficientes como para soportar cierto estilo de vida

Esta realidad afecta a todas las edades y clases sociales, aunque se cree que el riesgo puede ser mayor entre los adultos jóvenes, entre los 30 y 45 años, cuando suele ponerse a prueba la supuesta etapa de "mayor producción/rendimiento" en la vida.

Más allá de cualquier dato específico y propio de cada ciclo vital, influirá siempre el estilo de personalidad de cada quien. Más o menos ansiosos, obsesivos, optimistas/pesimistas, tolerantes/intolerantes, rígidos/flexibles...rasgos que, según la tendencia, ayudarán o agudizarán esta "problemática desadaptativa o disfuncional" con la que convivimos a diario, casi sin identificar la gravedad de la situación. Todo es reversible, claro.

Si tomamos conciencia plena y productiva (sin juicio ni prejuicio) de este dato vital que hoy compartimos, podríamos comenzar a entender el origen de muchas de nuestras angustias, ansiedades, enojos, ruidos, contaminación, cansancios, adicciones...sentimientos de vacío, soledad o insatisfacción.

¿Qué sentido tiene, entonces, exigirle a la máquina más de lo saludablemente posible? ¿Acaso, en medio de esta pulsión de vida, satisfacción y "progreso", se nos juega de fondo cierta tendencia autodestructiva?

Algo así como que las agujas del reloj van más rápido que el tiempo

La evolución hace lo suyo, lo "justo y necesario", "en tiempo y forma", como para que el hombre continúe con su necesidad más básica de supervivencia y también de progreso. Ahora bien, más allá de que cada quien evalúe los conceptos más personales de evolución, no podemos pretender que nuestra arquitectura vital (cuerpo, mente y espíritu) se "actualicen" tan rápido como nuestros programas o aplicaciones virtuales o digitales. De persistir en la exigencia sin "estructura ni recursos", no será difícil anticipar el resultado. En algún momento, el cuerpo y la mente "nos pasarán factura". Y será, entonces, a la hora del límite, cuando diremos: "¿Qué paso? ¿Cómo llegué a esto? ¿Por qué no me di cuenta antes?"

Estamos fuera de estado (físico y emocional) y también estamos fuera de "sincro". Algo así como que el audio y el video de la película no logran empatarse. Algo así como que las agujas del reloj van más rápido que el tiempo.

Por algo será que nuestras voces interiores nos piden "ajustar relojes" y salimos a la búsqueda de caminos alternativos y "sanadores" como el yoga, la meditación, la respiración, salir a correr, andar en rollers...lo que resulte necesario para cuidar el peso, la imagen, las emociones...y el paso del tiempo.

¿Alcanza con las horas que podamos destinarle al ocio y la vida sana?

Ahora, ¿alcanza con las horas que podamos destinarle al ocio y la vida sana? Es un avance. Pero podemos ir por más, podemos sumar; sin ánimo de acumular o alimentar obsesiones.

En épocas de grandes exigencias y sobradas incertidumbres, además de ir en busca de herramientas que nos ayuden a paliar la carencia, podríamos comenzar a reconocer los beneficios de la prevención, del entrenamiento emocional, del ejercicio de virtudes y fortalezas básicas.

Algunas primeras sugerencias:

Sentarnos a charlar con nosotros mismos. Identificar (sin juicios ni enojos) y aceptar (sin resignación) nuestras ideas y emociones

  • Reformular nuestros objetivos: ¿Qué es lo que verdaderamente deseo?
  • Pensar en la idea de que "somos lo que creemos" y que nuestras creencias pueden modificarse hasta el último día de nuestra existencia. Nuestro cerebro es plástico (neuroplasticidad) y se moldea en dirección a la obra que "tengamos en mente".
  • Revisar nuestros vínculos y nuestras redes. No confundir afectos o relaciones positivas con "seguidores" o "contactos".
  • Soltar amarras en busca de un rumbo sentido. ¿Cuánto de mandatos, exigencias, deseos o voluntades ajenas me condicionan?
  • Entender que no se puede vivir programado para "ser feliz" las 24 horas. Los miedos, los enojos y las injusticias forman parte de nuestro cotidiano. El desafío es ver cómo convivo con ellos.
  • Poder decir lo que sentimos (en forma verbal o escrita).
  • No olvidarnos de nuestros hobbies, acercarnos lo más que podamos al movimiento, la recreación, el juego...
  • Revisar las costumbres alimenticias. Comer sano estimula. El agua purifica. Esto no implica vivir a dieta o evitar los placeres de la vida. Se trata de consumo responsable.
  • Agradecer y perdonar.
  • Releer este artículo cada vez que se pueda. No porque diga grandes verdades, sino porque, seguramente, nos ayudará a revisar qué estamos haciendo a diario por nosotros mismos.

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