Vuelta de tuerca a un clásico

Sobre Ve y pon un centinela, de Harper Lee
Armando Capalbo
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13 de septiembre de 2015  

En medio de la expectativa y la controversia, acaba de aparecer Ve y pon un centinela, la novela de Harper Lee (Alabama, 1926) escrita algunos años antes de 1960 que fue, en su momento, el germen de la legendaria y premiada Matar a un ruiseñor. En aquel momento su publicación fue rechazada y se sugirió a la autora retomar ese universo narrativo pero desde el punto de vista del personaje infantil, la niña Scout, perspicaz hija del abogado Atticus Finch, emblema de compasión y rectitud, al que, en plena Depresión, le tocaba defender a un joven negro impropiamente acusado de haber violado a una mujer blanca, en Maycomb, Alabama, símbolo del racista sur estadounidense. Ve y pon un centinela, que podría leerse como la secuela de aquella historia, recupera los personajes y el entorno sureño veinte años después, cuando Scout es Jean Louise, una sofisticada joven que estudia en la universidad, vive en New York y regresa a Maycomb para visitar a su padre. En ese viaje retrospectivo toma conciencia de la enorme diferencia del presente de su pueblo respecto de su recuerdo infantil, en medio de la encrucijada de los años 50, cuando la mentalidad sureña reaccionaba con crudeza ante los reclamos de derechos de la comunidad afroamericana. Maycomb es ahora un territorio más prejuicioso aún que antes pero a la vez más hipócrita. Jean Louise se sorprende con espanto de que su festejante Hank y su padre Atticus sean parte de esa resistencia. Su padre, otrora héroe de la igualdad, se opone a estructuras de gobierno en las que blancos y negros estén homologados. Así, su ídolo se derrumba y ella está sola para defender las convicciones que le impartieron los mismos que ahora las relativizan. Quizá tampoco los fascinados lectores de Matar a un ruiseñor estén preparados para este viraje de un personaje que, en la literatura y el cine, ha sido emblema de tolerancia. Sin embargo, el conflicto funciona a la perfección en Ve y pon un centinela, a tal punto que el crescendo dramático muestra una notable estrategia, en la que las rememoraciones de la infancia de la joven remiten al estilo a la vez irónico y poético de Matar... y dispersan la sólida teatralidad del relato. Al leer, comprendemos que aquella estilizada perspectiva infantil enriquecida de notas del gótico sureño fue el recurso para transformar una trama de escepticismo político en un relato optimista de defensa de los inocentes victimizados y de ideales imperecederos (como dijo Harold Bloom). El logro de la novela radica en constituir un valioso documento literario de doble significación: el germen de lo que será el punto de vista idealista de una niña que convierte a su padre en héroe, pero también el relato de la angustiosa toma de conciencia en una mujer ya adulta que no logra desprenderse de esa idealización. Ve y pon un centinela subraya también su condición de novela de ideas al involucrarse críticamente en la coyuntura política de los disturbios por el persistente racismo y en las luchas por los derechos civiles, aspecto que le otorga una inusitada vigencia. Al tomar como metáfora y título un fragmento bíblico de Isaías, el texto sintetiza su búsqueda de universalismo para esa encrucijada política: Jean Louise ha perdido su ingenuidad, pero ha conservado el antiguo discurso de su padre, que hacía confluir el humanismo cristiano con una apropiación progresista del liberalismo de los Padres Fundadores norteamericanos. El regusto amargo del texto contrasta con la perspectiva sentimental de Matar a un ruiseñor, pero al mismo tiempo permite valorar ambos textos por separado. Medio siglo después, Harper Lee nos propone revisar nuestra necesidad de héroes y hacernos conscientes de que también ellos pueden ser una máscara. Con Ve y pon un centinela, queda claro que la autora de aquel texto memorable tenía una actitud audaz y políticamente controversial para su tiempo y que poseía el refinamiento para componer aquella sinfonía en la que una niña veía con esperanza el futuro con la tranquilidad de que existían hombres como su padre, capaces de defender valores idealistas.

VE Y PON UN CENTINELA

Por Harper Lee

Trad.: Belmonte

Harper Collins 295 páginas

$ 299

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