Zaffaroni, (ex) juez y parte

Pablo Sirvén
Pablo Sirvén LA NACION
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11 de enero de 2015  

De todos los que en los últimos tiempos han exhumado con inquietante intensidad la palabra "terrorismo", tal vez el que tenga más autoridad para utilizarla sea Raúl Zaffaroni, el juez que acaba de renunciar a la Corte Suprema de Justicia. La usó con curiosa insistencia en la entrevista que le brindó a Página 12 el sábado 3. Se fue porque cumplió 75 años el miércoles último. Lo raro es que haya candidateado a Julio Maier, experto en derecho procesal, que cumplirá 76 en julio próximo.

Zaffaroni tenía 37 años cuando fue puesto al frente del Juzgado Nacional en lo Criminal de Sentencia de la Capital Federal. Eran los tiempos en que la palabra "terrorismo" estaba tristemente de moda aplicada no sólo a las organizaciones armadas de la guerrilla, sino a cualquiera que profesara un pensamiento medianamente progresista. En efecto, Zaffaroni asumió en ese juzgado pocos días después del golpe de 1976, que pasaría a la historia por su trágica política de "terrorismo de Estado", que causó miles de desapariciones y asesinatos en todo el país.

Rodolfo Terragno , quien en 2003 se opuso a que el Senado prestara acuerdo para el ingreso del célebre penalista en la Corte, escribió en Clarín del 30 de junio de 2013 un artículo titulado "La extraña historia del juez Zaffaroni". Allí recordó que no sólo juró por el Proceso de Reorganización Nacional, sino que siete años antes lo hizo por la Revolución Argentina, de Juan Carlos Onganía. Por eso, las Madres de Plaza de Mayo lo denunciaron criminalmente junto a otros 436 magistrados que juraron por los "objetivos básicos" de la última dictadura militar.

La cordial entrevista que le hizo la periodista Irina Hauser en el matutino oficialista levantó mucha polvareda en la semana que pasó por sus polémicas declaraciones a favor de Amado Boudou y en contra del Grupo Clarín, al que acusó de ser un partido político con el que "un sector del Poder Judicial se está alineando claramente".

Mayor malestar todavía causó en el seno de la DAIA, que repudió que comparara a "los judíos de la Shoá" con el "genocidio por goteo" del que hizo responsable al "monopolio" de los medios por minimizar la pobreza en América latina. Rápido Página 12 volvió a defenderlo con una columna de Jorge Elbaum, ex director ejecutivo de esa entidad, quien decretó que "los bolivianos, paraguayos, pueblos originarios, las mujeres y los discapacitados" son "los judíos de nuestra época" y exigió que sea la DAIA la que le pida disculpas a Zaffaroni.

El ex juez, galardonado ayer por Daniel Scioli con una plaqueta, dejó malparados a sus ex compañeros del máximo tribunal de Justicia al catalogarlos de asustadizos. Se trata de los mismos jueces que confirmaron la constitucionalidad de la ley de medios.

En la Corte, Zaffaroni no dejó mayor huella. Se lo recordará más por sus viajes, ausencia de fallos propios y programas en Canal 7 y Encuentro. Y, por cierto, por el oscuro escándalo del alquiler de sus departamentos.

Lorenzetti, Maqueda y Highton son los jueces que vienen llevando a cuestas el mayor peso del funcionamiento de la Corte.

Zaffaroni cataloga de "terrorismo mediático" a buena parte del periodismo y de la opinión pública que toman distancia de su garantismo exacerbado. Según el ex magistrado, los delitos se producirían por la desigualdad que impera en la sociedad actual, un insulto a la mayoría de los pobres que, a pesar de sus estrecheces, no incurren en ilegalidades. Afirmación que, por otra parte, pone en duda los supuestos logros de la larga "década ganada" (el kirchnerismo cumplirá doce años en el poder el próximo 25 de mayo).

"Lo fundamental en América latina -dijo el renunciante miembro de la Corte en la entrevista mencionada- es que si no superamos el monopolio de medios, no vamos a salir del pozo en el que estamos. Porque sin una pluralidad de medios no hay información suficiente."

Claramente confunde emisión con recepción de mensajes. Abundan en la Argentina medios de comunicación de todos los colores. Pero a la hora de elegir, el público es muy selectivo y tiende a concentrar su atención en aquellos que más desagradan al Gobierno (y, por ende, a Zaffaroni). La cantidad descomunal de medios creados o cooptados por el oficialismo en estos años poco y nada ha servido para mover el amperímetro de los que realmente son del gusto de la sociedad.

Al insistir erróneamente en el tema de monopolio de medios, afirma disparatadamente que "es análogo a los autoritarismos de mediados del siglo pasado". Por de pronto, a aquéllos no los eligió nadie, en tanto que los medios más exitosos, y que Zaffaroni repudia, son legitimados día a día por el rating y la circulación que les otorgan sus audiencias en libertad de elección.

Más grotesca resultó su defensa del vicepresidente, con el que lo une una íntima amistad, como se desprende de las fotos que lo muestran compartiendo reuniones, cumpleaños y presentaciones públicas. Pero de ahí a restarle importancia a que haya falsificado un 08 y a que le resulte "un poco exagerado" que por eso esté procesado, mientras guarda silencio sobre el caso Ciccone ("Otras causas mucho no conozco"), no resulta digno de alguien que fue ungido por el kirchnerismo más entusiasta como el "juez de la Patria".

psirven@lanacion.com.ar

Twitter: @psirven

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