
A lomo de mula hacia la cima del Champaquí
Cerca del vuelo de los cóndores, una larga cabalgata en plano inclinado
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SAN JAVIER.- Los mismos que dentro de diez horas se preguntarán qué estoy haciendo acá, para qué vine, quién me mandó, ahora tienen el ánimo virgen del día nuevo.
Cara de dormidos y la torpeza clásica de la mañana. El sol todavía no se asoma por el filo. En la estancia La Constancia todo es sombra y a pesar de la primavera, la brisa es fría.
El objetivo que el grupo intentará alcanzar hoy es el ascenso al cerro Champaquí, con 2800 metros, el más alto de Córdoba. Si bien subirán por el Camino de las Cabras, fino como un hilo de bordar, este viaje no es a pie, sino en mula.
Luis Romero, el baquiano, ya las ensilló. Son las 8, pero él se levantó a las 4. Vive a 20 kilómetros y trajo los animales para la cabalgata. Se llama cabalgata, pero lo que más se usan son mulas, que resisten más y no se retoban ante la pendiente.
Romero es bajo, tiene pocos dientes y boina de paisano. El grupo casi no se da cuenta de su presencia, pero él está ahí, atento. En el primer tramo, con un bosque de tabaquillo cerrado y lleno de espinas, avisa de las ramas poderosas. En las paradas ajusta los recados flojos y pregunta cómo andan los estribos. Como buen baquiano, Luis Romero habla poco, pero si lo dejan cuenta una de pumas.
Y lo dejarán, claro, en algún momento. ¿A quién no le gusta escuchar una de pumas? Más si la anécdota transcurre en una noche, sin linterna, con rugidos y al final la muerte. No lo mató él, no. Fue un tal don Marco, un hombre que ronda los 100 y vive solo, en una casa perdida en los cerros. Perdida es en este caso, alejada. Si Marco sale a la puerta de su casa sólo ve sierras. Justo enfrente tiene el Champaquí, el techo de Córdoba, como le dicen. Y después, el cielo.
Sube y baja, y sube
Volviendo al grupo, nadie se quedó enganchado en las espinas del tabaquillo y por ahora todo es subida. Entre pastizales amarillos, matorrales aromáticos y un sol cada vez más alto. Así será el escenario hasta pasado el mediodía. En plano inclinado, con calor.
Al Champaquí se puede llegar por los distintos puntos cardinales, pero el ascenso por la ladera occidental es el más escarpado. Y acá arriba, a la altura del planeo largo de los cóndores, uno se entera que ésta es la occidental. Que los cóndores anidan por aquí, entre las rocas, y que por las tardes salen de cacería. A ver con qué cría indefensa se cruzan.
Desde la casa de los cóndores se ve la amplitud del valle de Traslasierra. El pueblito de San Javier es un parche verde en la distancia. Y en la sequía. En Córdoba como en muchas provincias del país hace ocho meses que no llueve. También se ve Nono, Villa Dolores, el dique La Viña.
Las mulas suben a paso lento, moviendo las orejas, resignadas. En un momento se cruza al otro lado. Nada es de repente en este circuito. Todo cuesta. Cada centímetro de tierra pisada, aunque sea por la herradura de la mula, esta noche dolerá. Mañana seguramente también, pero poco a poco el dolor será un recuerdo con tono de hazaña. Julieta S., una de las del grupo, lo sabe. Toda coqueta, insistió en hacer la travesía con botas de taco. Cuando la vieron así, le ofrecieron alpargatas, zapatillas, pero ella siguió firme con su decisión del taco, que claro en un momento se rompió. Pero no se quejó y trató de renguear lo menos posible. Tanto, que después de la cabalgata tuvo su bautismo de coquetería: la Reina del Champaquí. Aunque nunca llegué a saber si ella se enteró.
Cuando se cruza al otro lado, el día va por la mitad y el ánimo de los jinetes trepa alto. Como el grupo, en realidad, que ya superó los 2000 metros. De este lado cambia el viento, es más ruidoso. Parece que quisiera decir algo.
Las mulas llegan hasta aquí. Los que quieran conocer la cima deberán caminar. No es mucho, alrededor de un kilómetro de subida entre las rocas grises, vistas largas. A veces se usan las manos, como garras, y los pies, para trepar.
Luis Romero va primero. Está acostumbrado a la altura y no jadea, como los porteños que tiene alrededor. Esto parece una escalera, pero no está servida, es una escalera natural, que se arma a medida.
La cima del Champaquí: el Monumento a San Martín y más allá unos veinte jóvenes sentados en círculo, llorando. Es una imagen extraña y estando en Córdoba, no demasiado lejos del Uritorco, uno se imagina prácticas esotéricas, invocaciones a bandas de ET con tres ojos y dos bocas. Pero no, todo es más simple. Los del círculo son jóvenes de una escuela de Santa Fe. Están en el clímax de su retiro espiritual: su profesor de ciencias sociales acaba de entregarles una carta de sus padres. De esa lectura vienen las lágrimas.
El grupo de la cabalgata se alista para la vuelta. Pronto llega la parte donde cada uno, íntimamente y con todo gusto, se preguntará qué estoy haciendo acá, para qué vine, quién me mandó.
Datos útiles
Cómo organizarlo
- La estancia La Constancia, a 7 kilómetros de San Javier y a 1400 m de altura, ofrece demás de hospedaje, subidas a caballo y a pie al cerro Champaquí. Si se hace en un día, la excursión, con picnic incluido, cuesta 100 pesos. También se puede hacer en dos días, y el cuerpo, seguramente, estará agradecido. Informes, 4773-6434 y ((03544) 482826; www.laconstancia.net
- Existen otras opciones para subir: la ladera oriental desde Santa Rosa, Yacanto y Villa Alpina en el Valle de Calamuchita. Incluso desde Yacanto de Calamuchita se puede subir en vehículo hasta el cerro de los Linderos y recorrer unos pocos kilómetros para acceder a la cumbre del Champaquí.
Mas informacion
Casa de Córdoba: 4373-4277
Agencia Córdoba Turismo: www.cba.gov.ar
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