
A Puerto Plata lo enriquece el merengue
En el norte de la República Dominicana, esta ciudad tranquila invita a bailar en las veredas hasta que salga el sol
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PUERTO PLATA (El Mercurio, de Santiago).- Acomodado bajo la sombra de un viejo galpón, José de Peña se afana limpiando cada pieza de su clarinete. Debe tener 60 años, pero sus manos no lo demuestran. Se mueven con vitalidad y oficio puliendo un instrumento ya gastado y amarillento.
No me dejes, no me olvides; es mi corazón lo que llevas en tu cartera, canta alguien dentro del edificio, con ánimo, pero escaso oído. José sonríe por la letra de la bachata.
La escena parece sacada del film Buena Vista Social Club. Pero esto no es La Habana, sino Puerto Plata, la principal ciudad del litoral norte de la República Dominicana. Siendo precisos, José está cerca de la fortaleza de San Felipe, al final de la costanera que aquí llaman Malecón.
"Esta fortaleza es una de las construcciones españolas más antiguas de América, de 1541", comenta el músico.
A José y otros viejos músicos se los encuentra por las tardes actuando en el Parque Central de la ciudad.
Sin dejar de conversar, retoma el trabajo y empieza a unir las piezas del clarinete. Con calma. Con relajo. Como se toma casi todo en esta ciudad, donde hace años se produjo el primer boom turístico de la isla, superado luego por el golpe de Punta Cana y sus extensas playas de arenas blancas.
Lejos del cinco estrellas
Eso no significó, por cierto, que los turistas dejaran de llegar a la región. De hecho, a 20 minutos del centro está Playa Dorada, una ciudadela de hoteles cinco estrellas junto al mar, con capacidad para más de cuatro mil habitantes, que tienen en Puerto Plata la opción para cuando quieren ver algo más de la República Dominicana que el servicio perfecto y la aséptica neutralidad de los resorts.
Puerto Plata es un lugar muy tranquilo y agradable. Por eso le gusta al turista. Claro que tiene que olvidarse de las guías para recorrerla.
Una vez en el minibús que hace el recorrido estándar por lo mejor de Puerto Plata, Deyanira, la guía anuncia lo que falta por recorrer: luego de pasar por el teleférico que va a la cima del pico Isabel de Torres, habrá paradas en el Malecón, el Parque Central y el Museo del Ambar. Luego del recorrido queda claro que éste es un buen lugar para empezar a caminar la ciudad.
En la explanada, junto a la catedral, varios hombres esperan sentados con un maletín sobre sus piernas a que alguien requiera sus servicios. Son como bancos ambulantes, donde los puertoplateños cambian cheques y dólares. También venden billetes de lotería, chicles, dulces y chucherías.
Las calles alrededor de la plaza, en especial Beller, concentran el comercio local. Una curiosidad es que hay motos que funcionan como taxis, lo que explica que en algunos de estos vehículos se vean hasta tres o cuatro personas, más bolsas y paquetes, equilibrándose como artistas de circo chino.
Para no tener inconvenientes es prudente mirar para todos lados antes de cruzar la calle. Especialmente en las esquinas. Sucede que hace poco tiempo se fijaron sentidos únicos para las calles del centro de Puerto Plata, pero no todos se acostumbran todavía, así que no resulta extraño toparse con vehículos que se meten contra el tránsito.
Otro detalle sobre el tránsito local es que tocan bocina por todo. Las bocinas deben ser el segundo sonido más escuchado en las calles de esta ciudad, después de los omnipresentes merengues y bachatas. Casi no se escucha música en inglés y basta con preguntarle a cualquiera por Juan Luis Guerra para caer simpático.
A pocas cuadras del centro, el ambiente es tranquilo. Y relajado.
Frente a una vieja estación de bomberos con carros que lucirían bien en un museo, pero que aquí aún cumplen servicio, un grupo de jóvenes toma ron y ensaya pasos al ritmo del merengue que sale de dos enormes parlantes de madera, más grandes que la cajuela del viejo Chevy Nova en que están instalados con cordeles y alambres.
Casas viejas
La otra diferencia de los barrios vecinos al centro la ponen las viejas casas de madera con galerías exteriores, casi todas con la pintura descascarada a punta de sol y humedad. Estilo victoriano, pontifican las guías sobre la ciudad. Como un antiguo y mal tenido suburbio colonial británico, piensa uno.
"La gente que llega a Playa Dorada sale poco. Allá tienen discotecas, playas, mujeres bonitas y todos los servicios", comenta Diego, que trabaja enseñando deportes náuticos. Quizás no les gusta la ciudad, es una posible respuesta para explicar este hecho, pero lo cierto es que no la conocen.
El Malecón a partir de las 6 de la tarde poco a poco se llena de gente que sale del trabajo, con autos buscando un espacio para estacionarse. Llevan las puertas abiertas y la radio a todo volumen tocando merengue. Los turistas que pasean por allí quieren ver todo esto.
El Malecón es una costanera de 5 kilómetros entre Long Beach, la playa popular de Puerto Plata y el fuerte San Felipe. Es además el paseo habitual de los puertoplateños al atardecer y en la noche.
Se toma, se come y la gente termina bailando en la vereda, con la música que ponen los autos. Eso sucede todos los días.
La brisa y la temperatura en la costanera se combinan gratamente. Dan ganas de parar un rato y tomarse las cosas como se hace casi todo en este lugar: con mucho relajo.
Datos útiles
Cómo llegar: el pasaje aéreo, de ida y vuelta, hasta Santo Domingo es de 900 dólares, con tasas e impuestos.
- De Santo Domingo a Puerto Plata se puede volar en las avionetas de Air Santo Domingo por aproximadamente 43 dólares (sólo ida). Con la misma aerolínea se puede ir a Puerto Plata desde Punta Cana, por aproximadamente 58 dólares.
Alojamiento: en Playa Dorada, los hoteles all inclusive Occidental Flamenco, Playa Dorada Hotel & Casino, Jack Tar Village y Caribbean Village Club on The Green, tienen tarifas entre 70 y 140 dólares diarios.
Excursiones: la entrada al fuerte de San Felipe cuesta un dólar.
- El teleférico a la cima del pico Isabel de Torres cuesta poco más de seis dólares.
Más información: Oficina de Turismo de la República Dominicana, Marcelo T. de Alvear 772 (4315-3384). Atención de lunes a viernes, de 10 a 17.
En Internet:
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