
Cuarenta y siete días en la Patagonia
Gira teatral, entre vacas y ovejas
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En esta profesión maravillosa que tengo de ser actriz, además de actuar a veces me tocan regalos, como este viaje extraordinario de cuarenta y siete días por la Patagonia, que realicé junto a Darío Vittori, en una gira de teatro. Llegamos a Neuquén en avión, y de ahí en adelante seguimos en una camioneta manejada por el mismo Vittori.
Hay que aclarar que en esa tourné Vittori cumplió 74 años, y estaba tan bien que manejaba todos los días durante ocho o nueve horas.
A veces pasaba todo un día sin que nos cruzáramos con un solo auto en todo el camino, trescientos o cuatrocientos kilómetros de ripio que generalmente separaban un pueblito de otro, y vaya a saber cuánto tiempo habrían tardado en rescatarnos si nos hubiera pasado algo por allí. Recuerdo que era más o menos para octubre, época de la parición, y se veían las ovejas con sus corderitos recién nacidos; también vimos flamencos, ñandúes y zorros, con todo lo bello que puede ser un animal en su hábitat natural, rodeado por kilómetros y kilómetros de tierra virgen.
Salimos de Neuquén y visitamos Zapala, Choele Choel, Río Colorado, Viedma, Trelew, Puerto Madryn, Rawson, Comodoro Rivadavia, Caleta Olivia, Pico Truncado, Las Heras, Puerto Deseado, Puerto San Julián, Río Gallegos, Río Turbio y El Calafate, entre tantos otros.
Viajábamos todo el día y cuando llegábamos a un nuevo pueblito, muchas veces Vittori nos preguntaba: "¿Quieren comer pastaciuta esta noche?" Así, mientras el resto del elenco se iba a bañar y descansar, él amasaba. Después de la función comíamos los fideos que Vittori había metido en el agua hirviendo y nos íbamos a dormir, para volver a empezar a la mañana siguiente.
Había compañeros que también dormían durante el viaje y decían que extrañaban Buenos Aires, el Obelisco y a la madre, pero para mí era un paseo maravilloso, y puedo asegurar que lo he disfrutado muchísimo.
En el único lugar donde nos detuvimos cinco días fue en Río Turbio. Nos tomamos unas pequeñas vacaciones y paramos en un hotel que era como una casa baja, a dos o tres kilómetros del pueblo. Como las vacas venían a pastorear muy cerca, un día abrí mi ventana y me encontré con la cara de una que me estaba mirando muy de cerca.
También recuerdo que cuando llegamos a Puerto Madryn el color del mar era turquesa, verde turquesa oscuro. Y que cuando estuvimos en El Calafate -sólo nos dieron veinte minutos para ver el Perito Moreno, pero no podíamos dejar de hacerlo-, lo extraordinario fue que presenciamos dos desprendimientos. Algo maravilloso, si se considera que hay gente que muchas veces se pasa cuatro días y no ve nada. Digamos que estábamos tocados por la varita mágica.
La autora es actriz. Protagoniza el musical Aplausos, en El Nacional. El próximo 25 de octubre realizará una función de Esquina peligrosa, en el teatro Regina, a beneficio de la Casa del Teatro.




