
De Campanita y malabares
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El sábado prácticamente me aboqué a terminar los preparativos del comienzo de clases. Les corté el pelo a las nenas y volví a forrar el cuaderno de China. En la reunión del viernes la seño me había aclarado que los niños de 4 ya no llevan cuaderno forrado del color de su sala, sino a su gusto, así que por la tarde volvimos con China a la librería y miramos: "Tinker Bell, mirá, Chini, ¿querés que te lo forre con Campanita, Iridessa, Rosetta, Fawn y Silvermist?" Y ella no dudó: síííí.
No soy ni por asomo fanática de los productos de la factoría Disney, pero confieso que el personaje de Tinker Bell -en algunos aspectos- me resultó (paradójicamente; digo esto porque estamos hablando de un hada, no de un ser humano) de los más humanizados, o por lo menos, de los más verosímiles.
En primer lugar, ella es un hada artesana. Un hada obrera, por así llamarla, a primera vista de las hadas con menos glamour o importancia. "A primera vista", y ahí -como intuyen- estará la historia. Además, Campanita es torpe, obstinada, temperamental, trabajadora y en general sus hazañas nacen para reparar sus propios errores. Y por último, pero ante todo, los beneficios de los logros son comunitarios. Es decir, no hay un final feliz para la parejita reinada, sino para la comunidad toda... para la comunidad de hadas y de rebote, para la comunidad humana (para la cual ellas trabajan).
Tal vez esté queriendo justificar algo tan simple como que mi hija quedó super contenta con el cuaderno forrado de sus heroínas amigas (y yo contenta con ella), qué tanta vuelta.
¿El domingo? El domingo fuimos al Teatro 25 de Mayo. Ale, director del teatro, me había invitado a una obra de circo que están dando los fines de semana (y que les recomiendo). Y antes de la obra, a un par de actividades para los niños en otros salones del mismo complejo. El momento más divertido surgió cuando mirábamos boquiabiertas la virtuosa destreza de un tal Nano (de un joven que hacía malabares). Y China, a mi lado, me tiraba, con esa vocecita de pito que la caracteriza: "eso no te sale." Y acto seguido: juá juá, se reía. "Y eso no te sale a vos, juá juá". Por supuesto que no, apenas puedo jugar con 2 naranjas (y ni lo intento). La broma de la Circunstancia vino cuando el muchacho dijo: "bueno, a ver, necesito 2 voluntarios del público... " Y zas, ¿a quién señaló? Sí, a mí. ¡¿A mí?! "¿Cómo zafo?", no, no había manera de zafar... y tampoco tenía sentido, la resistencia terminaría poniéndome más en ridículo. Así que pasé... ¿y adivinen qué? La gracia del número consistía en que todas las prendas que a mí me daban eran fáciles (relativamente) y las que le daba al hombre (a un hombre también elegido entre los presentes) eran difíciles, imposibles casi. Conclusión: "¡gané!". Léase: todos los juegos "sí me salieron, viste, Chini, que no soy tan queso eeh."
En fin: fue un finde distinto, con otra rutina, colorido, anecdótico en lo pequeño, emocionalmente complejo por momentos (ooole, esto lo pateo)... y acá sigo, acá seguimos, respirando hondo, no entendiendo mucho, creyendo en lo Increíble... sobreviviendo.
¿Cómo vivieron ustedes su fin de semana largo? ¿Cómo están arrancando la semana? ¿Novedades del comienzo de clases de sus pequeños?







