El Vasa reina en tierra
La histórica embarcación, construida para asegurar a Suecia el dominio de los mares, tiene un museo propio y es el más visitado de ese país
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El Museo Vasa es el más visitado de toda Suecia y quizás el más conocido fuera de ese país. Se trata de un edificio modernísimo levantado para exhibir nada más que un buque de guerra del siglo XVII y cuyo nombre era Vasa. La historia de la embarcación, construida con fines bélicos, se parece a la del majestuoso e inhundible Titanic. El Vasa había sido creado para asegurarle al monarca Gustavo Adolfo el dominio de los mares y se hundió antes de cumplir su viaje inaugural, exactamente como el transatlántico.
El Vasa era la nave almirante de las fuerzas marítimas de Suecia. Gustavo Adolfo, personalmente, había encargado en 1625 la construcción del Vasa, poco antes de que Suecia entrara en la Guerra de los Treinta Años. Era una buque de 69
- de largo y de 11,7
- de anchura máxima.
Tenía un calado de 4,8 metros, 10 velas (de las que se conservan 6), 64 cañones (se exhiben 3), desplazaba 1210 toneladas y contaba con una tripulación de 450 personas. La popa tiene cinco pisos y está adornada con numerosas esculturas. Tres años después del inicio de su construcción, el orgulloso y flamante navío se hundió en el puerto de Estocolmo.
Las razones nunca pudieron establecerse con claridad, se habló de defectos en su estructura, de fatalidad, de un golpe imprevisto de los vientos, de descuidos, pero en definitiva nadie pudo dar una explicación suficientemente satisfactoria.
El Vasa, del que toda la nación se enorgullecía, desapareció bajo las aguas con sus 64 cañones, los hombres de la tripulación y los miembros de sus familias que habían sido recibidos a bordo para esa ocasión tan especial.
Afortunadamente, como era domingo no se hallaban en el Vasa todos los hombres que trabajaban en él. Se cree que perecieron entre 100 y 150 personas.
En 1956, un buceador no profesional, Anders Franzén descubrió el lugar donde yacía el Vasa y entonces se planeó reflotarlo. Se logró llevarlo a la superficie en 1961. Durante mucho tiempo se lo mantuvo en un museo temporario. Simultáneamente comenzaron las obras para restaurar su pasado esplendor. Se lo roció con productos que preservaron las maderas y el resto de los materiales.
Prisionera en tierra El proceso de restauración y preservación siguió hasta 1979. La popularidad que había alcanzado la nave hizo que se proyectara erigir un edificio para albergarla.
En 1987 se comenzó a edificar el museo donde hoy se exhibe el buque almirante en el astillero Galärvarvet. Un año más tarde, el Vasa fue trasladado a la sede donde hoy se lo expone.
El edificio se distingue desde lejos porque es una especie de envoltura que recubre el navío, del que desde afuera sólo se ven sobresalir los palos por una abertura. Es muy hermosa la vista del conjunto que se tiene desde la orilla opuesta, más precisamente desde los ventanales del Museo de Arte Moderno de Estocolmo.
Cuando se entra en el museo, impresiona ver la mole del Vasa, como prisionera en tierra. Los visitantes pueden circular alrededor de la nave y ver sus distintos pisos desde rampas que la rodean a distintas alturas. Como se lograron rescatar utensilios de la vida cotidiana en el barco, al pasar por los lugares donde comían los tripulantes pueden verse los platos, las cucharas, los vasos que utilizaban, así como los elementos de cocina, morteros, hornos. Por supuesto, los enseres y la vajilla diferían de acuerdo con los usuarios. Para el capitán y los oficiales había platos de loza decorados y hasta jarras de cobre o de plata. En cambio, los marineros usaban enseres muy humildes. Hasta se exhiben ropas originales de la época, milagrosamente recuperadas.
Curiosas perspectivas
La proa es lo que más atención suscita por las magníficas tallas de leones, animales simbólicos, escudos y personajes. Es una obra escultórica de excepción, de tamaño monumental. Por el hecho de que se lo puede apreciar desde distintas alturas, siguiendo las rampas, cada figura, por más elevada que esté, se ve desde muy cerca, a diferencia de lo que ocurre por ejemplo en las iglesias medievales en las que las imágenes superiores se encuentran muchas veces lejos del espectador.
Una película de 25 minutos, que narra la historia del Vasa y de su rescate, se exhibe en el cine del museo. Si bien miles de personas visitan la institución anualmente, el público infantil y adolescente es el más numeroso. Es un excelente programa para un día de sol de verano porque, se puede almorzar en el restaurante y tomar café al aire libre. Por otra parte, se sirve comida típica sueca de excelente calidad.





