Entre la Mata Atlántica, los monos más exóticos
En tres reservas del sudeste brasileño se puede ver de cerca ejemplares de los tamarino león, muriqui y tití, entre otros
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RIO DE JANEIRO (The New York Times).- En Brasil habita un cuarto de las especies de monos del mundo, lo que convierte a este país en un imán para los amantes de estos animales. Y el bosque conocido como la Mata Atlántica alberga algunas de las especies más inusuales y en mayor peligro de extinción del planeta.
Por ejemplo, el tamarino león dorado de cara negra, el más exótico de todos, que vive en la isla de Superagui, 800 km al sur de Caratinga frente a la costa de Brasil. Esta especie no supera los 300 ejemplares. Las posibilidades de ver alguno sin la ayuda de un investigador científico que utilice equipo de rastreo de radio son prácticamente nulas.
Además de Superagui, en Caraça y Caratinga se ven titíes enmascarados y muriquis del Norte, que están también en peligro de extinción.
Ver monos no es siempre tan sencillo como en Caratinga. La Mata Atlántica en sí corre peligro y sobrevive sólo en lugares de difícil acceso. Durante 50 millones de años cubría todo la costa este de Brasil. Hoy, sólo queda menos de un ocho por ciento.
Desde Curitiba se puede tomar el expreso Serra Verde que en cuatro horas llega a Paranaguá, sobre la costa. En el recorrido se atraviesa el parque estatal Marumbi, uno de los remanentes más conservados de la Mata Atlántica. En Paranaguá nos llevaron del tren a una pequeña lancha de motor. Superagui, la isla más alejada de la bahía Paranaguá, tiene apenas unas pocas casas dispersas y 40 km de playa blanca atrapada entre el bosque y un mar gris perla.
Un guardaparque miró nuestro permiso antes de decirnos dónde encontraríamos a los monos tamarino león. El bosque fresco y húmedo es justo lo que más les agrada, nos dijo el guía. No pasó mucho tiempo cuando oímos un sonido tenue como pequeños silbidos a la distancia. En cuestión de minutos se acercó un grupo de tamarinos. Las hojas crujían, las ramas comenzaron a balancearse y seis cuerpos dorados iluminaron el aire como faroles incandescentes.
El tamarino león es una criatura fascinante. Un mono de medio kilogramo, reluciente, me miraba fijo, con fiereza. Su pequeña cara de simio estaba enmarcada por una mata de pelo negro que se continuaba hasta el lomo en un pelaje dorado brillante.
Una larga búsqueda
Belo Horizonte, la capital del estado de Minas Gerais, es el punto de partida para acceder al Parque Natural de Caraça, una extensión de 14.000 ha al este de Belo Horizonte que pertenece a una orden religiosa.
Nos encontramos con un silencio aterrador cuando encendimos la grabación con los gritos de titíes en un sendero remoto en medio del bosque, la mejor táctica para que aparezcan. Pero después de varios intentos oímos un chillido que venía desde la espesura de los árboles. Perseguimos esos llamados durante horas. Después, cuando nos hundimos en el suelo, levantamos la vista y vimos dos titíes peludos que nos daban la espalda y se reían entre dientes mientras la luz de la tarde adquiría un matiz dorado.
Silencio, crujidos, apariciones
BELO HORIZONTE.- La naturaleza no está tan bien ordenada en Caratinga. Desde esta ciudad se puede tomar un ómnibus para llegar a la reserva.
El propietario, Feliciano Miguel Abdalla, compró la plantación en 1944 y destinó este pequeño sector de bosque para una reserva privada. Unos ciento cincuenta monos muriqui viven aquí. Eso es lo que quedó de un población estimada de 400.000 ejemplares antes de la llegada de los europeos. Los monos tienen la desgracia de ser ruidosos y difíciles de perder. Y no son precisamente luchadores feroces. La primatóloga Karen Strier observó que se encuentran entre los primates más pacíficos y amigables del planeta. Cuando llegué nos dirigimos por el camino de tierra hacia los muriquis.
Mecían todo el bosque como una casa vieja chirriante cuando finalmente los alcanzamos. Karen me señaló una criatura de color carbón, llamada Cher, que llevaba a su hija Catarina, y me agaché cuando oí otro crujido y me cayeron restos de hojas encima.
Son los únicos primates de la Tierra que no se pelean por la comida, el status o las hembras, hasta incluso se los ha visto formar fila para aparearse.
Caratinga parece un pueblo dormido, poblado mayormente por simios. Los monos aulladores marrones merodean a la vera del camino la mayor parte del día, conversando en voz baja y chirriante, mientras que los agresivos capuchinos se disputan eternamente el mando. Los refinados titíes, que igual que los aulladores y los muriquis son característicos de la Mata Atlántica, hurgan en la maleza.
En un momento me encontré mirando a los ojos negros y luminosos de una joven muriqui hembra. Erguida a tres metros de distancia, se veía vulnerable y un poco perdida.
Sabía que tendría suerte. Caratinga alberga dos grupos de muriquis, a diferencia de muchas otras franjas restantes de bosque.
Traslados, comidas y accesos
- Los pasajes en el expreso Serra Verde (de Curitiba a Paranaguá cuestan entre 10 y 16 dólares, según la clase) deben comprarse con tiempo. El pasaje en ómnibus, con la empresa Graciosa cuesta 3 dólares.
- No hay ferries a Superagui, pero hay barcos pesqueros que atracan en Paranaguá con frecuencia y se puede negociar un viaje a la isla por alrededor de 100 dólares.
- Los restaurantes sirven excelentes platos de pescado y camarones frescos con una variedad de salsas.
- Llueve mucho, por lo tanto esté preparado si desea caminar por la playa y ver las legiones de pájaros que emigran. No hay senderos en el bosque ni tampoco guías locales.
- El parque Caraça queda 130 km al este de Belo Horizonte. Se puede tomar un ómnibus a Santa Bárbara (18 dólares) y un taxi hasta la entrada del parque (alrededor de 30 dólares). El monasterio del parque, Hospedaria do Caraça recibe huéspedes.
- El acceso a la Reserva de Caratinga en la estancia Montes Claros es a través de Focus Tours ( www.focustours.com ), que otorga un permiso de ingreso en el parque (30 dólares) y guía por 100 dólares al día. Para llegar hasta allí se necesita un vehículo o un ómnibus (14 dólares) desde Belo Horizonte hasta Ipanema, una localidad rural.
- Desde Ipanema hasta Caratinga son casi 30 km más, en ómnibus (4 dólares) o vehículo particular (32 dólares).
Datos útiles
Alojamiento
En Superagui. Hay algunas posadas que cobran entre 6 y 12 dólares por persona.
En el Parque Nacional Caraça. El alojamiento es en el monasterio del parque, que cuesta alrededor de 52 dólares con pensión completa.
En Ipanema. Hay hoteles sencillos que cobran entre 3 y 8 dólares por persona.






