
Escribo porque ya no...
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"Escribo para no olvidar", pensé mientras me disponía a lavar los platos sucios de nuestro último almuerzo.
"Escribo a partir de hechos vividos para re-crearlos, para volver a crearlos, a vivirlos, para tenerlos a mano...".
...
-Tengo una idea de cómo encarar el texto -le comenté a tu padre.
-Qué bien... pero no laves, dale. Dejá así todo, vení, juguemos.
Me quedaban 20 minutos de estadía en Tigre. A mí, no a ustedes. Tu padre y vos se quedarían hasta el martes. Yo tenía que despedirme...
Ah, sí, también escribo para eso.
Escribo en el tren mientras viajo de Tigre a Retiro.
Escribo porque ya no cocino ni juego.
Escribo porque ya no preparo el ceviche mientras ustedes juegan a pocos metros.
Escribo porque ya no soy esa jirafa llorona e histérica, con voz de pito y un castellano neutro inventado, enamorada de Buzz Lightyear, millonarios ambos, dueños de un zoológico, delirantes, afectuosos... también aburridos.
Escribo porque tampoco soy la mamá de dos chiquillos malcriados ni la cliente que pasea con su marido y se sienta a comprar casettes de los 80`s, plastilina vieja y autos... Y conversa con la vendedora... y compra. Compran. Y bromean, exageran, parodian.
Escribo porque viajo sola, porque ya no dormito mientras escucho cómo tu padre te lee las primeras líneas de El principito... Serpiente boa, fiera, personas grandes...
¿Qué es una fiera? -preguntaste, y al rato ya estabas durmiéndote.
Escribo porque ya no cargo el caloventor ni café caliente ni lágrima, ni te convido a vos. Un trago, dos, tres... Varios. Ahora yo, que tomo despacio.
Escribo porque ya no ideo oraciones divertidas (divertidas para nosotras), con abundante escatología y tontera y él como único protagonista (tu padre, único blanco de nuestras bromas).
Escribo porque ya no te secreteo esas oraciones en la oreja jugando al teléfono.
Al teléfono descompuesto. Que se descompone.
Escribo porque ya no tengo que estar atenta a la escalera y a tu padre que te baja dormida en brazos -en la mitad de la madrugada-... porque, según dijo, sos "un poco sonámbula". O como diría una de las enfermeras que más quise de todas las que atendieron a China: un poco mimosona.
(Aclaremos: tendés a despertarte en mitad de la noche y hacés cambio de cama).
Escribo porque ya no cuido el asado, ya no soy la policía que vigila que no aparezcan esos sinvergüenza de gatos. Son lindos, son buenos, no son malos. Pero en Tigre rige la ley de la selva, de la isla, de los animales y ya van dos veces que nos distraemos y esos gatitos con botas se roban la carne.
Escribo porque ya no me agacho para escuchar tus secretos.
-Me parece que mi papá está enamorado...
-¿Qué?
-Que te quiere
-Yo también lo quiero. Y a vos también te quiero.
Escribo porque ya no vamos a meternos al río, frío, muy frío, heladísimo, para salir hechas unos cubitos, mientras tu padre que había amagado con hacerlo, él, tan fuerte, tan valiente como el papá del cuento, se queda trabajando (bueno, juntando hojas).
Escribo porque todavía sigo sola. Me esperan hijas en mi departamento, estoy en la estación Belgrano C.
Y una parte de mí se resiste a soltar el pasado... otra se anticipa a lo que viene, anhelante.
Deseosa de reencontrarse con sus hijas, con Lupe y China.
Te escribo ahora, rápido, porque ya después volveré a ser esclava de esas dos locas.
Dos locas que a veces se ponen celosas cuando se enteran que estuve con vos, en su ausencia.
Si pudieran entender que tu presencia, lejos de alejarme de ellas, me acerca.
Escribo para despedirte, Matilda
A vos y tu padre.
Llego a Retiro (ya no escribo, los llamo por la noche).
Te dejo un beso enorme.


¿Cómo llevan ustedes la relación con l@s hij@s de sus parejas?






