
Italia: cinco imperdibles de la Puglia
Un tour por lo mejor de esta región en el sur de la península o el "taco de la bota"
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1. Polignano a Mare, como en la canción.
Nel blu, dipinto de blu. La recepción a los visitantes en este pueblo costero de la Puglia (la región del sur de Italia), construido sobre un acantilado rocoso a orillas del Adriático, está a cargo de un anfitrión de lujo: Domenico Modugno, hijo del lugar, cuya estatua de bronce -realizada por el escultor argentino Hermann Mejer- espera a los recién llegados con los brazos abiertos, de espaldas al mar. Unos metros más adelante se llega a la espléndida playa de Lama Monachile, sobre la antigua Via Trajana: aquí funcionó el puerto comercial desde el siglo XVI y hoy se ve como una franja de agua transparente que baña la arena entre dos salientes rocosas que ingresan en la infinitud azul del mar, casi fundido con el cielo infinito. Semejante geografía, naturalmente, hace de Polignano a Mare un lugar ideal para los clavados en el Mediterráneo. Es imperdible la muralla coronada por una iglesia del siglo XVI que da paso al centro medieval del pueblo, el lugar perfecto para probar los famosos erizos de mar del barrio de San Vito.
2. Monopoli, un puerto bien jugado
Mucho más que un juego -aunque se llame como la traducción italiana del famoso Monopoly-, este hermoso puerto sobre la costa Adriática no forma parte de la llamada Grecìa Salentina (nueve pueblos pulleses que hablan griko, una variante de griego antiguo) pero lleva en su solo nombre toda la carga de la Magna Grecia. Merece la visita por su centro histórico medieval, fortificado en los primeros siglos de nuestra era, que se asoma a un mar donde se dan cita todos los tonos de azul. Se la conoce como la ciudad de las cien contrade (barrios), y entre las casas de campo aún perdura la vegetación mediterránea, matizada con plantaciones de almendra, olivos y cítricos. Numerosas iglesias y monasterios (incluyendo algunas rupestres) conforman un patrimonio arquitectónico donde se destaca el Castillo de Carlos V.
3. Alberobello, la tierra de los trulli
No es el único pero sí el principal lugar de Puglia donde ver los famosos trulli, esas raras contrucciones de piedra de planta circular y cúpula cónica que se distinguen con su blancura entre los campos de cerezos y olivares. En el corazón del Valle d'Itria, hace veinte años los trulli de Alberobello fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y hoy se camina entre las calles donde fueron construidos y donde aún lucen magníficamente conservados, generalmente convertidos en tiendas de recuerdos, restaurantes y hoteles. Todo empezó cuando el Reino de Nápoles estableció un impuesto a las nuevas ciudades y por lo tanto los nobles propietarios del actual territorio de Alberobello obligaron a los campesinos a edificar sólo con piedras y sin argamasa, para que las casas pudieran ser rápidamente desmontadas. Los trulli se distinguen por los símbolos del techo, que tienen significados variables entre lo zodiacal y lo religioso.

4. Galatina, lo más rico
A metros de la plaza principal, un barcito de esos donde se toma café de pie vende los pasticcioti más ricos del sur de Italia. Esta especialidad rellena de crema pastelera es común en toda Puglia, pero vale la pena probar los de Galatina. Y sobre todo, venir hasta aquí para conocer la capilla de San Paolo, epicentro del curioso fenómeno del tarantismo. A esta iglesia de discreta fachada venían tradicionalmente, todos los 29 de junio, las mujeres tarantate: es decir, aquellas que según la creencia o la superstición habían sido mordidas por la tarántula y por lo tanto estaban sujetas a conductas extrañas y convulsiones histéricas. Para pedir gracia y reponerse, llegaban en procesión, rezaban y tomaban agua de un pozo -que aún se puede ver- en el patio contiguo a la iglesia. A continuación llegaba una suerte de frenético exorcismo de baile y música que muchos vinculan con el origen de la tarantella y la pizzica.
5. Gallipoli, todo pueblo es una isla
Un isla calcárea, conectada con tierra firme a través de un antiguo puente, forma el centro habitado de esta ciudad que se asoma a las orillas del mar Jónico, a menos de 40 kilómetros de Lecce, la espléndida ciudad barroca conocida como la Florencia del Sur (y capital del Salento, última porción de la región de Puglia y el taco de la bota propiamente dicho). La visita hay que empezarla en el puerto, por la mañana: es cuando llegan las barcas con la pesca del día y uno puede descubrir especies de todo tipo que rápidamente llegarán a las mesas de los restaurantes. Muy cerca, en los puestos del mercado, se pueden degustar crudos los famosos langostinos violeta (y gigantescos) de Gallipoli, una exquisitez. El otro imperdible es, simplemente, recorrer el litoral rocoso, por un lado bañado en aguas transparentes y por el otro bordeado de antiguos edificios.



