Entre obras, bocinazos y calles que cambiaron de sentido: el nuevo mapa que altera la rutina de dos barrios porteños
Las modificaciones en los sentidos de circulación y el estacionamiento comenzaron a regir este martes mientras avanzan las obras del TramBus
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Una bocina suena sobre la avenida La Plata y enseguida responde otra. Un auto disminuye la velocidad antes de llegar a la esquina; unos metros más adelante, otro conductor busca por dónde continuar. Los grandes vallados amarillos separan el tránsito de una obra que ya transformó el paisaje de varias cuadras. Detrás aparecen estructuras de hormigón, pórticos todavía en construcción y sectores de la calzada intervenidos. A los costados, los comercios empiezan la jornada, los peatones cruzan y los vecinos entran y salen de los edificios. La mañana parece seguir su curso habitual, salvo por un detalle que obliga a prestar más atención: desde hoy, algunas de las calles por las que se movieron durante años cambiaron de dirección.
Los vecinos de Almagro y Caballito amanecieron este martes con una nueva geografía cotidiana. Entró en vigencia la primera etapa de modificaciones viales vinculadas con la llegada del TramBus y el impacto se hizo visible desde las primeras horas, sobre todo en las inmediaciones de las avenidas La Plata y Rivadavia.
LA NACION recorrió el sector durante el estreno del esquema y encontró una zona atravesada simultáneamente por obras, nuevos sentidos de circulación, restricciones para estacionar y trabajos sobre Quito para incorporar una ciclovía. Entre bocinazos y demoras, hubo automovilistas que debieron buscar recorridos alternativos y vecinos que intentaban entender cómo la reorganización afectaría desde ahora acciones tan habituales como sacar el auto, encontrar un lugar para dejarlo o llegar hasta la puerta de sus casas.
Sobre la avenida La Plata se concentra buena parte de esa transformación. Los vallados amarillos avanzan a lo largo de varias cuadras y delimitan distintos frentes de obra. En algunos sectores ya se levantaron estructuras; en otros, el suelo permanece intervenido y el hormigón todavía está en ejecución. Desde esta mañana, además, la modificación dejó de ser solamente visual: entre Chaco-Quito y Rivadavia, avenida La Plata pasó a tener sentido único hacia Rivadavia y quedó prohibido estacionar durante las 24 horas en ambas manos.
Para quienes viven allí, la reorganización dejó rápidamente de ser una serie de flechas sobre un mapa. Leonardo Frarias, empleado administrativo de 45 años, asegura a LA NACION que ya tuvo que modificar su rutina. “Nadie nos avisó, porque mandaron un mail pero de golpe nos metieron esto. Entiendo los beneficios, pero complica la vida de los vecinos. Es una avenida transitada y con esto empeora”. Las dificultades para entrar y salir y para encontrar dónde dejar el vehículo hicieron que comenzara a cambiar la manera en que se traslada. “Para llegar a mi casa después de laburar dejé de usar el auto. Si total ni lo puedo sacar”, agrega, molesto.
La misma transformación adquiere otra dimensión apenas cambia la edad o la rutina de quien vive frente a ella. Rosa Cantero tiene 82 años y hace más de cuatro décadas que reside en la zona. Esta mañana debía ir al médico, pero el vehículo que iba a trasladarla tuvo que detenerse, según relata, a casi dos cuadras de su casa. Para ella, esa distancia no es un detalle. “Van a achicar la avenida, esto va a ser un descontrol. ¿No podían hacerlo en otro lugar? Vivo acá hace más de 40 años y esto es un caos. No veo el beneficio”, afirma. Su preocupación está puesta también en cuánto tiempo deberá convivir con las obras. “Ahora tenía que ir al médico y pararon el auto a casi dos cuadras. Yo no puedo. Encima, ¿cuándo van a sacar todo este lío? Nadie sabe”, cuestiona.
Después de la calle Quito, Pablo Morino observa la situación desde el edificio donde trabaja como encargado. Su diagnóstico del primer día es mucho más breve. “Es un desastre, lo único que puedo decir es que es un desastre”, asegura a LA NACION. A pocos metros, los vehículos siguen circulando mientras las vallas y las estructuras en construcción anticipan el corredor por el que funcionará el nuevo sistema.
En Quito, las intervenciones se superponen. Allí avanzan también los trabajos vinculados con una ciclovía, de modo que quienes viven y circulan por el sector conviven con distintas modificaciones del espacio público al mismo tiempo. Entre avenida La Plata y Muñiz, Quito pasó a tener sentido único hacia Muñiz. En ese tramo se mantiene permitido estacionar del lado par, mientras que sobre el impar está prohibido estacionar y detenerse.

Lo que en el mapa oficial aparece representado mediante flechas, líneas y señales tuvo durante las primeras horas una traducción concreta sobre el asfalto. Algunos automovilistas llegaron a una esquina y debieron buscar una alternativa; otros avanzaron entre demoras y desvíos. Para quienes trabajan recorriendo la ciudad, cada modificación puede convertirse en minutos adicionales.
Marcelo Sosa, de 32 años, realiza entregas y depende todos los días de poder atravesar rápidamente distintos sectores de Buenos Aires. Esta mañana llevaba alrededor de 40 minutos intentando completar un pedido cuando habló con LA NACION. “Me enteré hoy de los cambios. El Waze me lleva a calles que van para otro lado y encima tenés embotellamiento”, cuenta. Para él, equivocarse de calle no significa simplemente dar una vuelta y volver a intentar: cada desvío agrega tiempo a una jornada organizada alrededor de las entregas.
Cambios en la Línea 2
La modificación alcanzó también al transporte público que ya circulaba por la zona. La línea 2 cambió parte de su recorrido en sentido hacia Lomas del Mirador. En lugar de continuar desde Quito por avenida La Plata y Rivadavia, las unidades circulan ahora por Quito, Quintino Bocayuva y Rivadavia, donde retoman su trayecto habitual. El nuevo esquema contempla además modificaciones en las paradas, con algunas anuladas y otras incorporadas para acompañar el recorrido.
Entre las críticas que dominaron parte de la mañana apareció, sin embargo, una mirada diferente. María Herrera tiene 65 años, fue maestra y ahora está jubilada. Para ella, las molestias actuales deben evaluarse en función del servicio que quedará cuando terminen los trabajos. “La verdad que me parece positivo que el TramBus pase por acá. No entiendo a los que se quejan si solo es un tiempo la obra. Esto va a ser barato y te va a llevar de un lado al otro. No sé qué le ven de malo”, afirma. Su posición contrasta con la de quienes esta mañana miraban el proyecto desde preocupaciones mucho más inmediatas: cómo entrar con el auto, dónde estacionar o qué camino tomar para llegar hasta sus casas.
Detrás de esa discusión está la futura T1, la primera línea del TramBus, que tendrá alrededor de 20 kilómetros y conectará el Centro de Trasbordo Sáenz, en Nueva Pompeya, con Aeroparque. El proyecto contempla 71 paradores y permitirá combinar con las líneas A, B, D, E y H de subte y con servicios ferroviarios metropolitanos. Las unidades serán eléctricas y habrá vehículos estándar, con capacidad para 80 pasajeros, y articulados, para 120. Durante las horas pico está prevista una frecuencia aproximada de cuatro minutos y el Gobierno porteño estima que el sistema podrá transportar alrededor de 50.000 pasajeros por día.
La promesa oficial es reducir los tiempos de viaje entre el sur y el norte porteños. Según las estimaciones difundidas para el proyecto, un trayecto que actualmente puede demandar alrededor de una hora y 40 minutos mediante distintas combinaciones podría realizarse en aproximadamente una hora y cinco minutos. La T1 tiene previsto comenzar a funcionar hacia fines de este año, pero para llegar a ese escenario todavía resta avanzar con las obras y completar la reorganización vial que comenzó esta mañana.
Los cambios estrenados este martes corresponden solamente a la primera de tres etapas previstas. Las siguientes alcanzarán otros sectores y calles del área de influencia de la traza, aunque todavía no se informó cuándo comenzarán a regir. Para quienes hoy intentaban adaptarse a las primeras modificaciones, la transformación recién empieza.
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