Que no se note
1 minuto de lectura'
Marido me trajo un gorro de lana de Salta.
Colorido, con 3 pompones.
Lástima que al probármelo me entró la duda: ¿será para niños?
Es que o me queda la frente desnuda... o en su defecto, si lo doy vuelta, la parte inferior de la cabeza, arriba de la nunca.
Quizás en efecto sea para adultos, como defiende Fede, y yo deba asumir que soy cabezona.
Como pocas.
Suerte que la lana cede y que puedo atármelo con un nudo debajo de la pera.
"Lo voy a usar igual", me dije el domingo y eso hice ayer por la mañana cuando escuché que Patri advertía a marido que hacía mucho frío. Cuando salí a la calle recordé que allá por el invierno del 2001, mientras hacía la producción de historias del "Bar 1" (y escuchaba seguido a Nick Drake, ya me soplaron su nombre) también usaba a diario un gorrito de lana. Por aquél entonces era todavía más coqueta que ahora y pelilarga, y si no me daban los tiempos para hacerme un brushing decente (más que coqueta estaba acomplejada) me abrochaba el gorrito a la cabeza.
También pensé mientras caminaba: definitivamente todavía me falta para Esther Goris, porque a excepción de estos gorritos y de alguna que otra gorra de beisbol -en época de adolescente-, es raro que me encuentren con la cabellera cubierta. Más todavía, llegado un momento, siento cierta opresión en el cráneo y necesito sí o sí quitarme lo que tenga puesto y que mis poros capilares respiren, inhalen, exhalen... sin interferencias.
Aunque pensándolo mejor, me gustaría jugar más con este accesorio, perderle el respeto (como si me quedara tiempo para dichos "juegos")... que el sentido del ridículo no me frene a ponerme un sombrero raro, distinto... como no me frena en otros planos.
Como tampoco me frenó ayer, que me anduve paseando de lo más exultante con mi gorro salteño, colorido... (¿acaso para niños?)
Así que, en principio, voy a aprovechar este invierno para seguir usando mi obsequio y quién les dice, tal vez encuentre uno con otros colores y en lo posible... más amplio, acorde a mi tamaño, a mis dimensiones.
Cabezona, sí, siempre... pero que no se note.
¿Y de ustedes qué me cuentan?







