
A 45 años del ataque al cuartel de Formosa: “Una herida reabierta”
Hace pocos días, el jefe del Ejército ordenó borrar un tuit que homenajeaba a un subteniente y a un soldado muertos en 1975 en combate contra la guerrilla del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), en tiempos del gobierno constitucional de Isabel Perón. En esa oportunidad entregaron también su vida un agente de la policía formoseña y diez soldados conscriptos, entre los que estaba mi hermano Hermindo. Los propios exintegrantes de la guerrilla criticaron la medida dispuesta por la autoridad militar.
El ministro de Defensa habría ordenado al jefe del Estado Mayor del Ejército que el recordatorio del subteniente Rodolfo Berdina y del soldado Ismael Maldonado se borrara de la cuenta oficial. En pleno monte tucumano y cumpliendo órdenes de un gobierno constitucional, todos ellos entregaron sus vidas combatiendo contra el ERP, que buscaba declarar una "zona liberada" en esa provincia desconociendo al Estado argentino, sus autoridades y sus leyes.
"Había ofendido a ciudadanos argentinos", fue la primera explicación. Días después, el jefe del Ejército argumentó que "se había generado una crisis" que hubo que "desescalar" por quejas recibidas de organismos de derechos humanos ante el ministerio, pues el hecho recordado había tenido lugar durante el llamado Operativo Independencia, carátula de una causa judicial en Tucumán por supuestos delitos de lesa humanidad.
Para completar el cuadro, a los pocos días, los propios exguerrilleros del ERP desautorizaron la actitud del ministro y del jefe del Ejército con una carta, firmada por tres integrantes de la organización en los 70, en la que reconocían el "inalienable derecho de sus camaradas a honrar la memoria de sus compañeros de armas" y agregaban que "no entendían que el homenaje fuera ofensivo".
El grueso error en el que incurrieron las autoridades trajo un nuevo dolor a los familiares de las víctimas del terrorismo en nuestro país, que también defendimos los derechos humanos y que, lejos de contribuir a cerrar como debieran las heridas del pasado, alimenta el desencuentro.

Necesitamos dirigencias sabias y prudentes que nos saquen de la trampa del odio y la venganza, y para ello es imprescindible escuchar el clamor de la mayoría del pueblo argentino, que quiere libertad, justicia, paz y trabajo, y que repudia, como lo ha hecho siempre, a las minorías violentas que han pretendido apropiarse del pasado reciente enarbolando falsamente unos muy rentables "derechos humanos" a partir de los cuales reemplazan la verdad histórica con un "relato" mentiroso y dogmático sobre un período trágico de nuestra historia.
Cuesta explicar lo obvio: ninguna fuerza armada del mundo escondería jamás a sus héroes. Muy por el contrario, hace a su esencia exhibirlos con orgullo como ejemplo. Tampoco persigue "ofender" con ello a viejos enemigos. No podríamos si no homenajear a los caídos en la Guerra de Malvinas para no ofender a Gran Bretaña. O deberíamos esconder el heroísmo de San Martín, Belgrano y Güemes y sus hombres por lo que pudieran sentir los españoles. Nada de esto tan sencillo se tuvo en cuenta al ordenar borrar el tuit.
Probablemente, ni el ministro Agustín Rossi ni el general de brigada Agustín H. Cejas hayan tenido presente lo que acontecía en 1975 en el país en general, y en Tucumán en particular. Los jueces de la Cámara Nacional de Apelaciones que condenó a los comandantes de las Fuerzas Armadas del gobierno militar expresaban: "La agresión terrorista, cometida por una pluralidad de bandas, se desarrolló con intensidad progresiva y alcanzó su momento culminante a mediados de la década, ya que estas, dotadas de un número creciente de efectivos, de mejor organización y mayores recursos financieros, multiplicaron su accionar y produjeron, en el lapso posterior a la instauración del gobierno constitucional en 1973 la mayor parte de los hechos delictivos registrados… predominantemente en las zonas urbanas; existiendo, asimismo, asentamientos de esas organizaciones, en zonas rurales de Tucumán".
Decretos presidenciales de 1975 dispusieron el empleo de las Fuerzas Armadas en todo el país y la centralización de la conducción de la lucha. Uno en particular trató específicamente la represión de la guerrilla en Tucumán, donde "aproximadamente 8 campamentos de elementos subversivos se habían asentado al suroeste de la capital provincial".
Al respecto, la revista Estrella Roja, publicación editada por el ERP, en julio de 1974 consigna: "El accionar guerrillero urbano ha desarrollado ya varios años de experiencia práctica... y las pequeñas unidades que comenzaron el combate en la década pasada ya se han fortalecido y convertido en unidades de mayor tamaño, de gran capacidad operativa... habiendo intervenido en importantes acciones de carácter estratégico, toma de cuarteles, aniquilamiento de patrulleros policiales y algunos operativos de ajusticiamiento". Además, para hacer más activa la ofensiva, la acción del ERP, este hizo foco en el "frente rural" con el fin de construir unidades de gran tamaño por un lado, para "organizar nuevas capas populares como el campesinado".
Tal como surge de las explicaciones de Ítalo Argentino Luder, Antonio Francisco Cafiero, Alberto Luis Rocamora, Alfredo Gómez Morales, Carlos Federico Ruckauf, Antonio Juan Benítez, Jorge Triaca, Roberto Cox y José Alberto Deheza, entre otros, ante el tribunal que juzgó a los comandantes, "fue muy importante la actividad terrorista en el monte tucumano, porque del ámbito rural se intentaba avanzar al ámbito urbano. Esta actividad consistió generalmente en ataques individuales a personas y bienes, incluyendo asesinatos y secuestros, que por su generalidad hacía muy difícil la prevención de los ataques".
El pasado no es una foto digital que se pueda "photoshopear" sin negar o manipular los hechos. Los argentinos debemos desmontar "el relato setentista" con un esfuerzo deliberado, honesto y sincero, en pos de la verdad histórica, sin la cual no habrá justicia.
Días después, los montoneros escribieron en su revista Evita Montonera: "Los soldados armados –o desarmados en algunos casos– desobedecieron la orden de rendición, en todos lados presentaron fuerte resistencia y, en algunos lugares, esa resistencia fue suicida". Mi hermano fue intimado a rendirse y a entregar el fusil. Al grito de "¡aquí no se rinde nadie, mierdas!", lo único que él entregó fue su vida, junto a sus camaradas, para que la Argentina siga siendo Argentina y su bandera, la celeste y blanca. Es tiempo de que las autoridades los honren como corresponde, como lo hace el pueblo argentino. Lejos de borrarse, los héroes deben homenajearse.
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