Con el ascenso de Kirchner, se reacomoda el progresismo

En la Capital compartirá un mismo espacio con Ibarra y con Carrió
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23 de mayo de 2003  

Alberto Fernández, principal operador político de Néstor Kirchner y designado jefe de Gabinete, visitó la semana pasada la casa del jefe de gobierno porteño, Aníbal Ibarra, un PH reciclado en Villa Urquiza. Llevaba un simple pedido -el pase de un hombre de la ciudad a la Nación-, pero a Ibarra le sonó como un plan muy oportuno, con más ganancia que costo.

Fernández le confirmó que no se ilusionaba en vano: si aceptaba que el peronista Daniel Filmus, su candidato a vicejefe porteño para las elecciones del próximo 14 de agosto, renunciara a ese puesto para integrar el gabinete nacional de Kirchner como ministro de Educación, el inminente presidente apoyaría su reelección.

"Por supuesto, no vamos a apoyar a otro candidato", le garantizó Fernández, justo antes de que Ibarra se lo preguntara, según contó un testigo a La Nacion. Fuentes del kirchnerismo confirmaron que "Alberto va a trabajar para Ibarra en la Capital".

Ibarra cerró el acuerdo el viernes, en una conversación telefónica con Kirchner. Ahora, se esperanza con verlo crecer a escala nacional. Presidente del debilitado Frente Grande que Carlos "Chacho" Alvarez fundó en 1992, Ibarra cree que se ha abierto "una posibilidad, aunque no una certeza" de dar forma a un gran espacio progresista nacional, vacante desde el fracaso de la Alianza.

Es evidente que también Kirchner, que cultivó un discurso progresista en su campaña presidencial y lo mantiene como presidente electo, quisiera verlo así. El problema es que el otro liderazgo comprometido, la jefa de ARI, Elisa "Lilita" Carrió, rechaza cualquier alianza nacional con él.

Carrió acepta, sin embargo, participar del mismo "espacio" en la Capital y no objeta el apoyo de Kirchner a Ibarra, según dijo a La Nacion por medio de su vocero. "Es una cuestión de Ibarra", afirmó.

Carrió prolongará su asociación con Ibarra en Santa Fe, donde apoyarán al candidato socialista a gobernador, Hermes Binner. Cuando el acuerdo sea formalizado, "Lilita irá a hacer campaña por él", dijo su vocero.

¿Por qué? "Porque no quiere que el espacio (progresista) se fragmente."

"Junto con Carrió y Binner, esperamos construir un espacio a nivel nacional", se ilusionó Ibarra.

Si algo los une a todos, es la conciencia sobre los costos de la fragmentación: Kirchner llega a la presidencia con sólo 22% de los votos de la primera vuelta, porque el PJ llevó tres candidatos en lugar de uno; Ibarra vio triunfar al liberal Ricardo López Murphy en la Capital en las mismas elecciones presidenciales, aunque con un porcentaje menor al de Carrió y Kirchner sumados, y Carrió, divorciada de sus aliados, obtuvo apenas el quinto puesto nacional.

Las razones de Carrió

La jefa de ARI, que en el pasado manifestó sus reservas sobre Ibarra, se pronunció públicamente en favor de su candidatura semanas antes de las presidenciales, y anteayer comenzó a acompañarlo en sus actos de campaña. La razón: no tiene un candidato propio con posibilidades (tampoco para la lista de diputados) y, como le gusta decir, "no voy a hacer lo mismo que hicieron conmigo".

Se refiere a la ruptura de acuerdos partidarios -principalmente, con el Partido Socialista- que debilitaron su candidatura presidencial. Pero también recurre a esa frase para negar cualquier presión sobre Ibarra para obtener la ahora vacante candidatura a vicejefe porteño (se quejó amargamente de las que sufrió cuando debió elegir a su candidato a vicepresidente).

Ibarra adelantó, sin embargo, que intentarán unificar sus listas legislativas.

Con Kirchner, en cambio, no compartirá tanto. El presidente electo no tiene dirigentes propios en el disgregado peronismo local (el que tenía, Alberto Fernández, será su jefe de Gabinete) y se llevó a la Nación a tres candidatos que competían con Ibarra (Daniel Scioli, Rafael Bielsa y Gustavo Beliz). Ibarra tendría que absorber apenas un puñado de políticos menores, como la ex compañera de fórmula de Bielsa, Patricia Vaca Narvaja. Asegura que Kirchner no le ha pedido que lo haga.

El "teorema de Baglini"

Como Carrió, aunque con menos énfasis, supedita el futuro de su buena relación con Kirchner a las decisiones que éste tome como presidente. Por el momento, apuntó, el patagónico ha desafiado lo que la clase política conoce como el "teorema de Baglini", que dice que a menor distancia con el poder, menos combativo se vuelve el dirigente. Kirchner, en su opinión, ha hecho lo contrario, y eso le gusta.

"Su triunfo abre una posibilidad y va a depender de lo que haga en el gobierno, el éxito de su gobierno y la coherencia que pueda sostener entre lo que dice y lo que hace", dijo.

"La distancia con el gobierno la seguiremos manteniendo", dijo Carrió, que mantiene su decisión de ser una "oposición constructiva", siempre y cuando el Presidente "cumpla sus promesas de campaña". De Kirchner dependerá, entonces, que un "espacio progresista" amplio sea posible en el futuro. De sus actos, no de sus palabras.

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