Cuarentena en el conurbano: entre el temor y los preparativos para el escenario más duro

En González Catán, General Pacheco y Quilmes se repiten situaciones de inquietud, ante la incertidumbre que plantea la pandemia; los comedores reparten alimentos y las escuelas dan tareas para el hogar, mientras los adultos se ven obligados a mantener sus changas
En González Catán, General Pacheco y Quilmes se repiten situaciones de inquietud, ante la incertidumbre que plantea la pandemia; los comedores reparten alimentos y las escuelas dan tareas para el hogar, mientras los adultos se ven obligados a mantener sus changas Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Hafford
Javier Fuego Simondet
(0)
22 de marzo de 2020  

El coronavirus modificó las rutinas de entrega de alimentos y tareas escolares, entre viandas, fotocopias y mensajes de WhatsApp; el aislamiento obligatorio es complejo de cumplir para quienes dependen de un ingreso diario para subsistir, subrayan en localidades como González Catán y General Pacheco.

Se acerca el mediodía del jueves en el comedor Villa Scasso, que administra el Polo Obrero en la localidad de González Catán, partido de La Matanza. Faltan pocas horas para que el presidente Alberto Fernández anuncie la cuarentena nacional, cuando la fila de mujeres que vienen en busca de alimentos comienza a hacerse numerosa en la puerta de esta pequeña construcción con el frente pintado de un color rosa fuerte. El comedor está ubicado en la calle Llerena al 6300, una arteria cuyo tránsito domina "El Trucho", como se conoce al ramal de viejos colectivos desvencijados que circulan por la zona y que transportan a los pasajeros sin necesidad de tarjeta SUBE, con una tarifa única de 20 pesos.

Las vecinas del barrio esperan en la vereda del comedor e ingresan de a una o de a dos, para llevarse en un tupper una porción de fideos con pollo, cuyo tamaño variará según la cantidad de integrantes de su familia. En la fila, las cocineras y delegadas de la agrupación les ofrecen lavarse las manos con alcohol en gel. El sistema de viandas se implementa en este comedor del oeste del conurbano, en el que ya nadie puede quedarse a comer, como medida preventiva ante la pandemia de coronavirus.

El virus modifica la dinámica del comedor de González Catán, como también la de escuelas del barrio que brindan alimentos a sus alumnos. La cuarentena obligatoria es otro foco de incertidumbre, que se ve de difícil cumplimiento para quienes asisten a estas instituciones y viven al día, entre changas y subsidios.

Alteración y aislamiento

Un marco similar de ritmo de vida alterado y aislamiento complejo puede respirarse en General Pacheco, partido de Tigre, uno de los distritos que implementó la recomendación de quedarse en casa a través de mensajes desde los patrulleros municipales.

El coronavirus inquieta por estas horas en el conurbano, un territorio que es mirado con lupa y en el que estarán ubicados la mayoría de los ocho hospitales modulares de emergencia que anunció el Gobierno.

"Anahí, ¿para cuatro?", pregunta Marcela Romero, una de las delegadas del Polo Obrero que está a cargo del comedor Villa Scasso, antes de llenar uno de los tuppers. "Conseguimos alcohol en gel y pedimos que la gente venga a llevarse la vianda, que la vamos a dar todos los jueves. Hacemos entrar de a dos", señala Romero a LA NACION.

"La gente vive al día, sería imposible cumplir una cuarentena", agrega. Hace 22 años que trabaja en el comedor, que asiste a más de 150 personas y funciona en un pequeño espacio que alquilan por $6000 por mes. En una estantería se acopia la mercadería enviada recientemente por el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación. Hay fideos, yerba, harina, azúcar, puré de tomate, polenta, aceite y leche, entre otros productos. "No cambió nada, no reforzaron", dice Romero sobre los alimentos recibidos con la pandemia como trasfondo.

Laura Bordón está en la fila que se forma en la vereda, a la espera de acceder a su vianda. "Hay mucha gente que vive al día. Tengo la Asignación Universal por Hijo y mi marido hace changas; hoy fue a trabajar, por las dudas", dice cuando se la consulta sobre el cumplimiento del aislamiento que puede esperarse en el barrio. Es madre de cinco hijos en edad escolar. "En la primaria Nº 110 hay comedor, pero todavía no hay viandas y los chicos tienen que ir al comedor. No los estoy mandando", aclara.

A pocas cuadras del comedor del Polo Obrero, sobre la calle Cobo al 3600, está la Escuela Nº 110 Remolcador ARA Guaraní. La secretaria del establecimiento, Gladys Carruego, confía en que la cuarentena se pueda realizar en el barrio, a pesar de las urgencias de las familias por conseguir un sustento diario.

"La gente es consciente, las familias están asustadas. Creo que se va a respetar", dice a LA NACION en la escuela prácticamente desierta. "Tenemos muchos docentes con licencia preventiva", señala y agrega que "el comedor está funcionando", aunque por ahora sin viandas. "El SAE [Servicio Alimentario Escolar] informó que nos darán bolsones de comida, ya armamos las listas", cuenta. En cuanto a lo escolar, comenta que las tareas llegan a los chicos "a través de fotocopias y mensajes de WhatsApp".

Sostener las guardias

En otras zonas del Gran Buenos Aires, el panorama de las escuelas se repite. "Con la cuarentena total, vamos a tratar de sostener las guardias", dice del otro lado de la línea telefónica Marcela Tevez, preceptora de la Escuela Media Nº 10 de San Francisco Solano, en Quilmes. "Estamos en un barrio con muchísimas necesidades. No tenemos comedor, pero sí damos la vianda de la merienda. En la primaria Nº 59, que está cerca, las madres esperan con el tupper", agrega a LA NACION.

Quilmes es uno de los distritos en los que se construirá uno de los hospitales modulares que anunció el ministro de Obras Públicas, Gabriel Katopodis. También habrá en Florencio Varela, Tres de Febrero, Hurlingham y Moreno. Por otro lado, quienes cumplen tareas en comedores están entre las excepciones al aislamiento.

"Tengo que salir todos los días", resume Alberto Luna, ante la consulta por la cuarentena. Es cartonero y está juntando material reciclable en los contenedores de la plaza Raúl Alfonsín, en General Pacheco, en el partido de Tigre. "Tengo miedo de que me lleven en cana", añade. A media cuadra de la plaza, sobre la calle O’Higgins, Adrián Muñoz regresa de su trabajo en una carnicería de El Talar y dice sobre el aislamiento forzoso: "Si no laburo, no cobro".

Tigre es uno de los distritos que, a través de mensajes por altoparlantes en patrulleros locales y dispositivos de seguridad en plazas (conocidos como "tótems"), recomiendan desde hace días a sus habitantes que se queden en sus casas. La estrategia de aconsejar a los vecinos por altoparlantes también la aplican, entre otros, los municipios de Malvinas Argentinas, Esteban Echeverría, Vicente López y San Isidro.

Mientras barre la plaza Crisólogo Larralde, también en General Pacheco, el placero José Aramini remarca que "no hay mucha gente" que se acerque a la plaza, en la que está prohibido el acceso a los juegos, como medida de prevención. "Yo me mantengo lejos de la gente y no viajo en colectivo", sostiene el placero, que habla desde un prudente par de metros de distancia.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Politica

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.