De la Rúa retuvo a Cavallo hasta el final

Sólo la multitud en la calle forzó la renuncia del ministro; el Presidente creyó que había ganado tiempo con el estado de sitio
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20 de diciembre de 2001  

Fernando de la Rúa enfrentó la jornada más dramática de la crisis que, según el pronóstico mayoritario de sus funcionarios, puede muy bien ser la última que atraviese, más fiel a sí mismo que nunca. Sólo la multitudinaria explosión que llenó las calles de la Capital sobre la medianoche forzó la definición que se había negado a tomar: el alejamiento de Domingo Cavallo.

Lo resistió cuanto pudo, creyendo que tenía margen para tomar la decisión. Una hora antes de que se filtrara a la 0.45, la noticia de la renuncia, el vocero presidencial Juan Pablo Baylac había dicho a LA NACION: “Posiblemente mañana pueda haber situación de renuncias de ministros”.

Tres miembros del entorno presidencial confirmaron a LA NACION la decisión de la renuncia, pero no pudieron confirmarla porque formalmente sólo se concretará hoy.

Hasta la explosión en las calles, De la Rúa pensaba guardarse la renuncia del ministro como una prenda de cambio para reiniciar el arduo (improbable, para muchos en el Gobierno) camino del diálogo político.

Los ministros, secretarios de Estado, gobernadores y dirigentes del radicalismo que le habían pedido decisiones urgentes para darle una salida política a su gobierno habían chocado con un De la Rúa introvertido, hosco y cerrado sobre su entorno. “Está muy para adentro, muy mal”, comentaba un colaborador directo que lo conoce hace años.

Hasta la renuncia, el Presidente esperaba limitarse a sólo tres decisiones: el decreto del estado de sitio, la distribución de bolsas de comida y planes Trabajar y la renovación de la convocatoria a la clase política (al peronismo) para llegar a un acuerdo de gobernabilidad en nombre de la “responsabilidad de la dirigencia nacional”. Para eso se reservaba a Cavallo.

Tampoco Cavallo planeaba renunciar. Sus voceros y secretarios de Estado afirmaron hasta último momento que resistiría los embates, aunque sospechaban que el Presidente no lo sostendría. Un asistente del ministro alardeó incluso con que Cavallo no tenía nada que perder. “Como dice la canción de Janis Joplin, «la libertad es apenas un sinónimo de nada para perder»”.

Un amigo de Cavallo comentó anoche a LA NACION que el ministro había renunciado “por dignidad”, porque había “cinco mil personas protestando debajo de su casa”.

Comité de crisis

Sólo entonces pareció el Gobierno tomar conciencia completa de la gravedad de la situación.

Hasta el mediodía no se había hablado siquiera de la posibilidad de un estado de sitio. La rutina diaria seguía inalterada, aunque los saqueos ya habían conmocionado al país.

De la Rúa había encabezado un brindis de Navidad con ministros y jueces de la Corte. Luego reunió a los periodistas acreditados en Gobierno para saludarlos por las fiestas. Cada vez que le preguntaban sobre los saqueos, contestaba molesto: “No me pregunte eso”. Finalmente, opinó: “Los medios exageran”.

A las 3 de la tarde, el secretario general de la Presidencia, Nicolás Gallo, dijo a LA NACION que los saqueos eran organizados por el sector del PJ que responde al gobernador bonaerense Carlos Ruckauf. “Son apenas tres mil personas”, dijo, sobre las multitudes que mostraba la televisión. Gallo argumentó que la TV agravaba el problema y que no deberían mostrar los saqueos. Contó de gestiones oficiales para “sacarlos de las pantallas”.

A media tarde, el “comité de crisis” compuesto por parte del gabinete comenzó a analizar el estado de sitio. Se enfrascaron en una larga discusión: si debía ser total o focalizada y cuándo debía ser enviada al Congreso para su ratificación. Febriles llamadas a gobernadores y jefes parlamentarios aseguraron la aceptación unánime a la medida. Fue la única cosa que el Gobierno pudo consensuar.

El comité analizó de dónde sacar el dinero para asistir a los hambrientos. Cavallo autorizó el libramiento de $ 7 millones, pero el decreto debió hacerse dos veces porque la primera decía que sería en bonos Lecop. En paralelo, se logró que el Banco Mundial librara 13 millones para planes Trabajar, es decir, subsidios directos.

A las 19, todo se interrumpió para participar de un acto de celebración por el ascenso de jefes militares. Oficiales en uniformes de gala, mujeres en tailleurs de colores pastel y nenas vestidas de fiesta llenaron el Salón Blanco. Luego, De la Rúa se encerró a analizar el discurso que daría por cadena. En el despacho estaban, además de sus ministros y varios secretarios de Estado, su hijo Antonio, su amigo Fernando de Santibañes y el operador radical Enrique “Coti” Nosiglia.

Funcionarios y amigos insistían, en sus diálogos con LANACION, que el estado de sitio daría tiempo a De la Rúa para lograr un acuerdo con el peronismo, porque excluiría los saqueos de la escena pública. Especulaban incluso con que el Presidente podría viajar a Uruguay esta noche o mañana a la cumbre del Mercosur.

Ninguno esperaba lo que ocurrió después. “Hay como 5000 personas en Plaza de Mayo”, comentó a medianoche un atónito asesor directo del Presidente, que en ese momento dejaba la Casa de Gobierno. Antes de cortar, agregó: “Esto es bronca”.

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