El ballottage interruptus tampoco sería el fin

Por Luis Alberto Quevedo Para LA NACION
(0)
13 de mayo de 2003  

Una renuncia de Carlos Menem al ballottage representaría para la Argentina un problema que se ubica más en el terreno político que en el institucional.

Por supuesto, no sería bueno para nuestro país estrenar este sistema que nos legó la Constitución nacional de 1994 con un fracaso. Pero un ballottage interruptus no sería tampoco el fin de la democracia. Es una posibilidad que está prevista por la ley, aunque a esa misma ley no le corresponda hacerse cargo de sus consecuencias políticas.

Creo que una renuncia del caudillo riojano a competir el domingo próximo por la presidencia de la Nación le traería problemas políticos primero al propio Carlos Menem, luego al menemismo y finalmente a Néstor Kirchner.

Los perdedores

A Carlos Menem, porque si renuncia al ballottage seguiría él mismo ese triste camino que tanto criticó en los radicales que lo precedieron y lo sucedieron: la huida antes de tiempo.

Y esto marcaría no solamente el fin de su carrera política, sino el fin de todo lo que construyó durante más de 14 años.

Por su parte, el menemismo se vería también muy debilitado, ya que muchos seguidores de Menem pretenden tener un destino político luego de que el caudillo se retire. Empezando por sus gobernadores incondicionales (como Romero y Marín) y siguiendo por los muchos dirigentes locales que quieren continuar en política una vez que se termine la etapa Carlos Menem.

Todos ellos saben que la política o la naturaleza le van a poner un punto final a este ciclo abierto en el 89 y, por supuesto, todos aspiran a la sucesión.

Finalmente, Néstor Kirchner. Al hombre que viene del Sur le conviene llegar a la presidencia de la Nación con un caudal de votos muy importante que le otorgue una fuerte legitimidad de origen.

Pero no tanto porque el presidente Duhalde pueda ejercer sobre él todo su poder (esto también es un fantasma que Carlos Menem instaló en la campaña y que debemos revisar), sino porque el propio Kirchner necesita un pacto fuerte con todos los ciudadanos que lo votarán, por múltiples motivos, el próximo domingo. El 26 de mayo la sociedad estará mirando a Kirchner, no a Duhalde.

Pelear hasta el final

Sin embargo, creo que Carlos Menem se va a presentar en el ballottage no por las razones que expuse antes: no le interesa salvar a sus compañeros de ruta, ni dirimir la interna Kirchner-Duhalde, ni organizar su sucesión. Carlos Menem va a pelear hasta último momento porque lo único que le interesa en la vida es volver a la presidencia de la Nación.

Nada lo detuvo hasta el momento: ni su pésima imagen frente a la mayoría de la sociedad, ni sus problemas con la Justicia, ni su crisis familiar, ni su debilitada salud, ni la cárcel, ni toda la oposición que tiene dentro del PJ. Menem no hará nunca lo que le recomendaría mi tía Tula: retirarse a tiempo, disfrutar de su fortuna, estar con su familia y mirar todo por televisión.

Carlos Menem está encerrado por su destino de derrota y su deseo irrefrenable de poder. Y como todos sabemos, el deseo siempre es más fuerte.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Politica

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.