
El Foro del Bicentenario pide acuerdos políticos para que el país vuelva a crecer
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El grupo de intelectuales de diferentes disciplinas que conforman el Foro del Bicentenario y que busca renovar las metas de 1810, emitió una declaración para lograr acuerdos políticos que permitan superar la crisis económica del país y avanzar hacia el crecimiento sostenido.
Con la meta de lograr un consenso que proyecte a la República a las metas que esos hombres de Mayo soñaron hace casi 200 años, el foro elaboró el siguiente documento firmado por Marcos Aguinis, René Balestra, Gustavo Bossert, Eduardo Caridi, Andrés Cisneros, Dante Cracogna, Felipe de la Balze, Liliana de Riz, Osvaldo Depaula, José Claudio Escribano, Rosendo Fraga, Alieto Guadagni, Guillermo Jaim Etcheverry, Juan Archibaldo Lanús, Daniel Larriqueta, Mario Mariscotti, Daniel Montamat, Avelino Porto, Abel Posse, Daniel Sabsay, María Sáenz Quesada y Horacio Sanguinetti:
"Es preocupante observar que desde hace varias décadas la economía del país viene retrocediendo en relación con América Latina. Hasta mediados del siglo pasado nuestra economía era la más grande de toda la región. A partir de ese momento, Brasil desplazó a la Argentina al segundo lugar, y en la década del setenta, México la relegó al tercer lugar. En un futuro no tan lejano Colombia podría dejarnos en un distante cuarto lugar de la perdida posición de liderazgo.
Nuestro escaso crecimiento productivo ha derivado en el aumento de la pobreza de los últimos lustros. Esto se ha convertido en un fenómeno de extraordinaria gravedad, pues la mayoría de la gente pobre asumen hoy la condición de verdaderos excluidos sociales. La desnutrición infantil y el bajo nivel educativo de más de la mitad de los niños y adolescentes reflejan problemas que no pueden ignorarse. Su superación exige un amplio acuerdo político que deje atrás las apetencias propias de la lucha inmediata por el poder. Hemos perdido también el liderazgo educativo en América Latina que caracterizó a la Argentina país durante gran parte del siglo XX.
Nuestro escaso crecimiento productivo ha derivado en el aumento de la pobreza de los últimos lustros. Esto se ha convertido en un fenómeno de extraordinaria gravedad, pues la mayoría de la gente pobre asumen hoy la condición de verdaderos excluidos sociales
Hace muchos años que la Argentina dejó de avanzar por el sendero del crecimiento económico, basamento esencial, aunque no suficiente, de la integración social de la población. Los periodos de nuestro desarrollo han sido muy cortos, como el último registrado entre 2003 y 2008. Hace casi una década que abruman al país hechos negativos, entre los cuales destacamos un déficit fiscal enorme, el estancamiento de las exportaciones, la ausencia de nuevas inversiones productivas, la prevalencia de empleos de baja calidad con pobre remuneración, el retroceso educativo, el aumento de la exclusión social y una de las mayores y más persistentes inflaciones en el mundo moderno.
No es hora de discutir repartiendo las culpas del pasado, sino de enfrentar entre todos los argentinos la realidad presente y futura, prestando atención a lo que ha venido ocurriendo en los casos más exitosos en la contemporaneidad latinoamericana. Entre 1980 y el 2017 pasaron casi cuarenta años. En ese período hemos retrocedido muchísimo y eso se refleja en la comparación con el resto de las naciones latinoamericanas, con la excepción del fenómeno perverso de Venezuela. En este período fueron muchos los países de la región que incrementaron su PBI más que nosotros. El rezago de nuestra actividad económica impidió la elevación del nivel de vida de la población, particularmente aquella afectada por la pobreza y la indigencia.
Al mismo tiempo que nuestro PBI era el que menos crecía en América Latina, consolidábamos un indiscutible liderazgo inflacionario, disputado en los últimos años únicamente por el chavismo venezolano. Nuestro muy bajo crecimiento productivo ha sido la consecuencia lógica de la pobre acumulación de capital productivo, con escasas inversiones. Así, debilitamos la creación de nuevos empleos. Incidió negativamente en este proceso la alta magnitud del déficit fiscal (nacional y provincial) que pulverizó el ahorro nacional neto. Todos los países latinoamericanos, nuevamente con la excepción de Venezuela, registran niveles de ahorro nacional notablemente superiores a los de nuestro país.
No hay muchas alternativas. Si queremos abatir la pobreza tenemos que expandir aceleradamente el PBI. Para ello necesitamos más inversiones realmente productivas, no aquellas propias de los posicionamientos financieros
No hay muchas alternativas. Si queremos abatir la pobreza tenemos que expandir aceleradamente el PBI. Para ello necesitamos más inversiones realmente productivas, no aquellas propias de los posicionamientos financieros. Necesitamos mejor educación con igualdad de oportunidades para todos y expansión de las exportaciones. Pero si no reducimos el insostenible déficit fiscal y favorecemos el ahorro nacional, nada avanzaremos en la lucha impostergable contra los actuales niveles de inflación. Concluyamos con la siguiente reflexión:
La tarea por delante que debemos enfrentar todos los que habitamos este suelo es ciclópea. Es hora de comenzar a dejar atrás las estériles rencillas sobre el pasado y ponernos de acuerdo sobre el porvenir. Sin grandeza política, tanto por parte del oficialismo como de las fuerzas opositoras que haga posible prestar atención al futuro, señalar un camino de continuidad inequívoca y de previsibilidad ante nosotros mismos y el mundo, será harto improbable retomar el perdido sendero del crecimiento económico y social. Damos por descontado que eso incluirá un pacto contra la corrupción pública y en favor de la seguridad física y jurídica plenas.
Tal objetivo impone nuevos sacrificios, pero no hay otra alternativa que pueda considerarse con seriedad en la actual situación."



