
El militar recio que se quebró en público
Por José Ignacio Sbrocco De la Redacción de LA NACION
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Antonio Domingo Bussi, un hombre con fama de recio, que está acusado de matar a sangre fría a detenidos durante la dictadura militar, ayer echó por tierra la imagen de duro al llorar mientras se defendía en el juicio por el secuestro y la desaparición del ex senador tucumano Guillermo Vargas Aignasse.
Hoy ya no tiene el mismo espíritu de fines de 1975, cuando se hizo cargo en Tucumán del operativo Independencia, para "luchar contra la subversión". La escasa gente que lo rodea comenta que está depresivo y que llora cada vez que recuerda sus años como militar. Pero lo que más lo angustia es enfrentar a la Justicia por los delitos de lesa humanidad.
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Nacido en Entre Ríos, transitó toda su carrera política en Tucumán, donde ganó seis elecciones. Su relación con el horror comenzó el 18 de diciembre de 1975 cuando reemplazó a Acdel Vilas al frente de la Quinta Brigada de Infantería y, por ende, comandó la última etapa del operativo Independencia. "La guerrilla ya estaba derrotada. Usted, no me dejó nada por hacer", fue una de las frases que Bussi le dijo a su antecesor Vilas.
El 24 de marzo de 1976, con el golpe militar, asumió como interventor de facto y estuvo hasta el 4 de diciembre de 1977. En junio de 1976, una operación capturó a Mario Roberto Santucho, líder del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), cuyo cuerpo fue congelado y exhibido por Bussi en la inauguración del museo de la subversión de Campo de Mayo.
Bussi acumuló más de 600 causas en su contra por delitos cometidos en "la lucha contra la subversión". Los expedientes habían sido paralizados tras la sanción de las leyes de obediencia debida y punto final y reabiertos en 2003 con la derogación de esas normas.
Una testigo declaró que vio a Bussi ejecutando a sangre fría con sus manos a algunos desaparecidos, como Luis Falí, en el ex Arsenal Miguel de Azcuénaga, donde funcionó un centro clandestino de detención. La justicia federal investiga si en ese lugar hay fosas comunes con cuerpos de desaparecidos.
En 1987 se radicó en Tucumán para dedicarse a la política. Ese año fue candidato a gobernador por el partido Bandera Blanca, pero los votos no lo acompañaron: obtuvo sólo el 18 por ciento. La adhesión de los votantes tucumanos comenzó al poco tiempo. Fue elegido diputado nacional, en 1989, y, en 1993, por su partido Fuerza Republicana. En 1994 integró la Convención Constituyente que modificó la Constitución Nacional.
Entre 1995 y 1999, gobernó la provincia, en medio de crisis sociales y políticas. En julio de 1997, instaló una topadora en la explanada de Casa de Gobierno para impedir una protesta de remises, que lideraba la polémica familia Ale. En 1999 ganó una banca en la Cámara de Diputados, pero la Cámara Baja le rechazó el pliego y no pudo asumir. En julio de 2007, con su mandato ya vencido, la Corte Suprema sentenció que la Cámara no podía impedir su asunción.
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En 2003 ganó la intendencia tucumana, pero tampoco asumió. Fue detenido 15 días antes por el secuestro y desaparición de Guillermo Vargas Aignasse, causa por la cual hoy está siendo juzgado. En esos comicios derrotó por 17 votos a Gerónimo Vargas Aignasse, hijo del senador desaparecido.
A los 82 años, Bussi sufre de problemas cardiorrespiratorios y depresión. Ayer no fue la excepción y no pudo contener las lágrimas en tres oportunidades cuando intentaba defenderse y reivindicaba su gestión sin una pizca de autocrítica o arrepentimiento.


