
Entre pingüinos, Di Tella se preparó para las citas políticas
El ex canciller sólo llegará hoy a Puerto Argentino, la capital del archipiélago
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SEA LION ISLAND, islas Malvinas.- Guido Di Tella miró fijo el mar encrespado, hizo la V con la mano derecha y exclamó: "Es un día peronista".
Ayer, mientras sus compañeros festejaban el aniversario de la histórica marcha a la Plaza de Mayo, el ex canciller juntó fuerzas para el desembarco de hoy en la capital isleña, Puerto Argentino. Y lo hizo rodeado de su familia y pocos más, además de los cientos de pingüinos y elefantes marinos que pueblan esta isla.
Desde los avioncitos rojos en los que se llega, Sea Lion es una pequeña mancha en el mar. Pero la imagen que se admira con los pies sobre la tierra parece sacada del Discovery Channel. Ubicada al sur del Sur, esta isla es la más austral de las que conforman el archipiélago y una generosa reserva natural. El único signo de vida humana es la pequeña hostería en la que Di Tella y su familia pasaron el día. No hay mucho más, excepto naturaleza a montones y en estado puro. Hace un tiempo que dejaron de hervir pingüinos para sacarles aceite.
Ese fue el lugar que eligió el ex canciller para preparar su ansiada llegada a Puerto Argentino, donde viven y deciden los isleños. Acá, en su refugio de Sea Lion, leyó fax de los diarios argentinos y se enojó con la política respecto de las Malvinas de su sucesor, Adalberto Rodríguez Giavarini. Acá también recibió las visitas de isleños interesados en conocerlo personalmente, pero temerosos de la reacción de sus vecinos antiargentinos. E intentó comunicarse con Carlos Menem. "Debe de estar muy ocupado con la Bolocco (Cecilia)", se rió Di Tella.
Enojo con su sucesor
Aunque dice que éste es un viaje privado, está haciendo política a su manera: intenta caer simpático. "Desconocer el gobierno de las islas es desconocer la realidad", dijo enojado, tras leer la nota de La Nación a la encargada especial para Asuntos del Atlántico Sur y asesora del canciller, Susana Ruiz Cerrutti.
Di Tella descansó en el jardín de invierno de la hostería tras una larga caminata. Mantuvo el ánimo distendido hasta que se refirió a la gestión actual en la Cancillería. Dijo que la política de la Alianza en el tema Malvinas lo tiene "engranado" y que Rodríguez Giavarini está desaprovechando el "trabajo de hormiga" realizado durante su gestión.
En las islas, sin embargo, las opiniones están divididas. Hay quienes coinciden con esa visión y extrañan al ex canciller, como el gobernador Donald Lamont, y quienes se sienten más cómodos con la frialdad de Buenos Aires porque les permite no quedar ellos como los malos de la relación, como los únicos que se niegan a dar la mano.
El problema es que la sensibilidad isleña con el tema de la Argentina continúa siendo alta, y los amigos de Di Tella son un poco menos amigos cuando hay otros malvinenses cerca. En la comitiva del ex canciller explicaron que una de las razones para tomarse cuatro días entre la llegada a las islas y la presentación pública en Puerto Argentino es permitir la visita de gente interesada en verlo pero no en hacerlo público.
Aseguran que hubo personas que se acercaron a Sea Lion y otras que fueron a su anterior destino, Port Howard. Ayer, por caso, viajó a Sea Lion el encargado de turismo de las islas, John Fowler. Pese a ser un pro Di Tella confesó que se incomodó cuando La Nación le preguntó si llegó aquí para ver al ex canciller. Primero dijo que no, después que ni y finalmente admitió que tuvo una agradable charla con Di Tella.
Son este tipo de contactos los que entusiasman al ex canciller, que considera que para lograr avances en la recuperación de la soberanía la Argentina tiene que estar dispuesta a ceder algo. Y su política de seducción, asegura, permitió acercamientos que la Alianza está echando a perder.
Di Tella se jacta de haber viajado hasta Nueva York sólo para entrevistarse con un isleño y es una persona conocida en las islas. Aunque no siempre para bien, como en los casos en que le reprochan haber sido el canciller cuando la cuestión Malvinas se incorporó, en 1994, a la Constitución Nacional.
Un elefante llamado Guido
- SEA LION ISLAND (De un enviado especial).- Aquí, los elefantes marinos están identificados con nombres que escribieron sobre su piel los científicos que los investigan. Ellos, los elefantes, mostraron a Di Tella un ejemplo de convivencia. Stum y Dono -dos machos- se tiraron uno contra otro, con sus cuatro toneladas, en una batalla por ver quién apareaba a las hembras . Hubo un par de tarascones, hasta que Stum impuso sus kilos y se ganó el harén. Di Tella buscó entonces a Guido, el elefante marino con quien comparte el nombre, pero no hubo caso. Su tocayo quedó lejos del sitio de batalla.


