No cede la teoría oficial del complot

Duhalde cree que la policía mató a los piqueteros para perjudicarlo y generar caos
Mariano Obarrio
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29 de junio de 2002  

La referencia de Eduardo Duhalde al caso Cabezas no es casual. Su entorno íntimo sospecha ahora que el complot puede estar en un sector de la policía bonaerense. Y, como entonces, sospechan de sectores políticos enfrentados a Duhalde, interesados en perjudicarlo políticamente y precipitar el caos y su final como Presidente.

En el duhaldismo le atribuyen estas intenciones, aunque no se atreven a vincularlo con este caso, a sectores relacionados con Carlos Menem.

"Hay complot. Pueden estar metidos en cualquier parte y puede provenir de cualquier sector", dijo el secretario de Seguridad Interior, Juan José Alvarez, en reuniones de funcionarios. El Gobierno había sostenido hasta ayer que el complot provenía de grupos de izquierda infiltrados entre los piqueteros, que habrían ocasionado las dos muertes del miércoles último.

Incluso, había denunciado anteayer ante la Procuración General de la Nación que esas acciones estaban destinadas a lograr el "derrocamiento de los poderes constituidos". Con las evidencias fotográficas, que comprometen a efectivos de la bonaerense, ese discurso quedó descolocado, admitieron en la Casa Rosada.

En virtud de las sospechas de una conspiración de parte de la policía bonaerense fue que Duhalde trazó un paralelo con el asesinato, en 1997, del fotógrafo José Luis Cabezas, como se informa por separado. Aquel crimen fue interpretado por Duhalde como una operación para perjudicarlo políticamente y estuvo también relacionado con esa fuerza policial.

"Aparentemente, de nuevo quienes deben custodiar el orden son los que han llevado a cabo esta atroz cacería", admitió Duhalde. Previamente, anteayer, había dicho a LA NACION: "No quisiera que éste fuera otro caso Cabezas".

El jefe del Gabinete, Alfredo Atanasof, aseguró que Duhalde ordenó "investigar hasta las últimas consecuencias", pero, según destacó, "en este caso no habrá impunidad".

Cerca del ministro del Interior, Jorge Matzkin, prefirieron atribuir los hechos al posible desequilibrio de los efectivos policiales que participaron de la represión, "cansados de que les pegaran tanto". Revelaron también que una de las víctimas, Darío Santillán, era un activista de la Coordinadora Aníbal Verón, conocido por miembros del Gobierno que negociaban con los piqueteros.

Los rastros del complot

Los hombres de Matzkin aseguran que el Gobierno sigue sosteniendo que el complot se había infiltrado entre los piqueteros, para producir desorden público, mediante elementos de izquierda. Sin embargo, ante Duhalde, los miembros de su círculo íntimo comentaron en las últimas horas que el complot debía buscarse dentro de la policía bonaerense, aseguraron a LA NACION fuentes del duhaldismo.

"No es cierto que el Gobierno dijo que la hipótesis es que se mataron entre ellos. Solo dijo que no se descartó ninguna hipótesis", dijo Atanasof, por la mañana. El jefe de Gabinete y otras fuentes del área de Seguridad Interior confirmaron que fue Duhalde quien le recomendó al gobernador bonaerense, Felipe Solá, la detención de los efectivos policiales.

El Presidente resolvió proceder así cuando observó anteanoche la reveladora secuencia fotográfica tomada por un reportero del diario Clarín. Alvarez, asistido por la Policía Federal, le había llevado ese material al Presidente a Olivos.

"Ya a media tarde, Alvarez estaba convencido de que los había matado la bonaerense", afirmaron en la Casa Rosada. Lo que no explicaron fue el motivo por el cual el Gobierno decidió entonces responsabilizar tan enfáticamente a infiltrados de izquierda entre los piqueteros.

"El Gobierno va a investigar todas las hipótesis. Será difícil establecer si un sector estuvo o no detrás de los efectivos de la policía", dijo un allegado a Duhalde. "La actitud firme del Presidente es que ahora no hay impunidad en la Argentina, esta vez va en serio, y las muestras están a la vista. Hay que saber quién está detrás de esto", concluyó Atanasof.

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