Para el Presidente, el blindaje significa una oportunidad política
Quiere aprovechar el nuevo escenario
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El presidente Fernando de la Rúa decidió en los últimos días hacer una nueva apuesta a su propio liderazgo, después de comprobar que la prodigiosa ayuda financiera externa a la Argentina podría significar una enorme oportunidad económica y también política.
En las reuniones de los últimos días (de las que siempre participó el ministro de Economía, José Luis Machinea) se evaluaron, sobre todo, las posibilidades políticas con que contaría la administración delarruista después del blindaje financiero; la Alianza -y sobre todo De la Rúa- viene de conocer las peores encuestas de popularidad desde que está en el poder.
La meneada incorporación del otrora ministro Domingo Cavallo en el Gobierno quedó suspendida ante esa decisión, aun cuando es evidente que en torno del ex zar de la economía existen algo más que simples especulaciones.
Pero por ahora parece haber primado la intuición de que una irrupción de Cavallo en la administración se parecería más a una virtual cesión del poder, con el previsible eclipse de la figura presidencial.
Algo muy similar le sucedió al ex presidente Carlos Menem cuando Cavallo era su principal ministro, a tal punto que durante muchos años nunca viajaron juntos al exterior.
La decisión de no hacer viajes juntos sucedió después de que Menem tuvo varios arrebatos de celos cuando la prensa internacional -o los referentes económicos- se ocupaba más del ministro que del Presidente.
Sin embargo, no debería interpretarse como casual que durante los últimos días también De la Rúa haya rescatado públicamente la figura de Cavallo y que lo haya hecho, sobre todo, ante la convención nacional del radicalismo, el órgano más anticavallista de su partido.
Por esas mismas horas, el ex presidente Raúl Alfonsín -quizá el más opositor al ex ministro entre los líderes de la coalición gobernante- comenzó a virar hacia una mayor flexibilidad; señaló que hay dos círculos en torno del Gobierno y que Cavallo bien podría estar en el segundo círculo.
También el ex vicepresidente Carlos Alvarez avanzó un poco más en sus expresiones públicas sobre el ex ministro y lo propuso como autor de una profunda reforma impositiva.
Adversarios
Machinea sabe que su adversario es Cavallo, aunque éste nunca critica al ministro, ni en público ni en privado. Pero es el candidato que mejor se perfila para un eventual relevo de la actual conducción económica.
Machinea tiene ahora frente a sí dos plazos. Uno vence a mediados de enero -después de que el Fondo Monetario apruebe definitivamente el blindaje a la Argentina, en una reunión formal del 5 de ese mes- cuando deberán haber bajado considerablemente las tasas de interés que se pagan dentro y fuera de la Argentina.
El otro plazo concluirá cuando promedie marzo y el Palacio de Hacienda reciba los primeros datos de la actividad económica.
Entre los economistas oficiales se sostiene que marzo es el "primer mes puro del año" para medir el crecimiento económico, porque enero y febrero están contaminados por el ejercicio anterior y por la recesión propia del verano.
Los tiempos de Cavallo
Cavallo, que ha manifestado con gestos más que con palabras su vocación de integrarse al Gobierno, tiene también sus propios plazos.
Como jefe de un partido político, no podrá esperar más allá de marzo para definir si integra la coalición que gobierna o si es una alternativa de la oposición a los que están en el poder.
El problema surgirá si sus necesidades políticas tienen un ritmo más rápido que los tiempos ciertamente lentos del Presidente para decidir.
"No quiero ni imaginarme un momento en el que Cavallo haya resuelto despotricar contra el Gobierno", dijo un ministro delarruista.
Una relación política ha concluido en medio del fárrago. Es la que tejieron durante mucho tiempo el ex vicepresidente Alvarez y Machinea; de hecho, éste es ministro en gran medida por el fuerte sostén que tuvo en su momento de parte de Alvarez y de Alfonsín, más que del propio De la Rúa, que habría elegido entre sus amigos Adalberto Rodríguez Giavarini o Ricardo López Murphy.
Machinea no fue inocente cuando reveló que Alvarez le había confiado que quería ver a Cavallo dentro del Gobierno.
En los días más próximos Alvarez tuvo dos preocupaciones: crear un clima de renovación en la economía (con un acuerdo tácito de no agresión con Cavallo) y, al mismo tiempo, no aparecer como padrino político y público del ex ministro.
Una distancia prudente
La condición de patrocinador de Cavallo le podría generar roces a Alvarez en el frente interno de su partido. Pero siempre dejó explícita la decisión de apoyar a De la Rúa en el caso de que éste nombrara en su gobierno al ex ministro.
Machinea sabía hasta qué punto erosionaba la estrategia del ex vicepresidente cuando hizo público un diálogo muy privado entre ellos.
El ministro de Economía usó esa arma secreta después de que Alvarez hizo una muy dura crítica pública a la gestión del equipo económico, objeciones que también habría manifestado en aquel encuentro con Machinea.
Esa critica se ciñe a las varias proyecciones de crecimiento que no se cumplieron y que terminaron con el más neutro de todos los números: cero. También se refiere a las distintas políticas impositivas y presupuestarias impulsadas por la conducción económica en un año de gestión.
No se trata sólo de una especulación de Alvarez.
El universo oficial sostiene que el margen de error de cualquier funcionario ha sido consumido ya por Machinea y sus economistas; las proyecciones de ellos no tienen ahora otro destino que el de cumplirse si aspiran a retener el poder.




