
Quiénes son y cómo piensan los principales referentes de la Iglesia argentina
La cuestión social, los desafíos de los sectores vulnerables y la incapacidad de la dirigencia política para salir de la grieta definen las prioridades de los obispos; expectativa por la definición del viaje de León XIV programado para noviembre
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Mientras la confirmación de la visita del papa León XIV atraviesa una “atmósfera de duda”, después de la operación en la que le extrajeron un tumor maligno en el pulmón, la Iglesia argentina afianza la impronta identificada con el legado de Francisco. Quienes conocen el paño eclesiástico la describen como una Iglesia concentrada en los desafíos de la pobreza y la exclusión social, preocupada por las polarizaciones y empeñada en proponer la búsqueda del diálogo.
A esa perspectiva social, en la Conferencia Episcopal suman la mirada de una Iglesia de puertas abiertas y en salida misionera, también samaritana, que busca acercarse a los más heridos y vulnerables. “Una Iglesia que quiere anunciar el amor de Dios a todos; de ahí el lema que elegimos para la visita del Papa: Bienvenidos todos. Vayan y anuncien”, explicó a LA NACION el obispo auxiliar de San Isidro y secretario general del Episcopado, monseñor Raúl Pizarro.

A diferencia del carácter conservador que predominaba en varios obispos a fines de la dictadura militar, cuando llegó por primera vez Juan Pablo II a Buenos Aires, hoy la Iglesia despliega una fuerte presencia territorial en barrios populares, villas y asentamientos, a lo que se suma la amplia red de Cáritas, con comedores, programas alimentarios, planes de apoyo escolar, capacitación laboral y tratamiento de adicciones, entre otras herramientas de contención y reinserción social.

En los últimos meses, los obispos acentuaron expresamente su preocupación por los altos niveles de pobreza y exclusión, la situación de los jubilados, la baja de la edad de imputabilidad, el endeudamiento de las familias, la crisis de las personas con discapacidad, el deterioro de los sectores medios, los problemas de la educación, la persistencia de la grieta y el avance del narcotráfico, las adicciones y las apuestas online.

Muchas de estas situaciones críticas podrían nutrir los mensajes que León XIV preparaba para su viaje al país antes de que fuera sometido a la operación para extirparle un tumor del pulmón. Semanas atrás, varios obispos habían dicho que el Papa encontraría una Argentina “cascoteada por la pobreza” y herida por las divisiones.
La continua descalificación del adversario, el uso agresivo del lenguaje, la fragmentación social y las dificultades para construir consensos se extienden a otras geografías e, incluso, han llevado al Papa a pedir al mundo en su encíclica Magnifica humanitas “desarmar las palabras”, como un aporte para la construcción de “una civilización más humana”.
Perfil de la Iglesia argentina
Después de casi tres décadas del liderazgo de Jorge Bergoglio −desde su llegada a la Arquidiócesis de Buenos Aires en 1998 hasta el fin de su pontificado, en abril de 2025−, los obispos se caracterizan hoy por una conducción moderada y abierta al diálogo. Con perfiles distintos, sus rostros más visibles son el presidente del Episcopado y arzobispo de Mendoza, monseñor Marcelo Colombo (65 años), y monseñor Jorge Ignacio García Cuerva (58 años), arzobispo de Buenos Aires desde mediados de 2023.
Ambos expresan los objetivos de superar la confrontación política en la Argentina, fortalecer el diálogo social y priorizar la atención de los pobres, los marginados e, incluso, la clase media empobrecida. Por su mayor exposición, a raíz de su participación en el Tedeum de las fechas patrias en la Catedral, García Cuerva ha tenido más choques con el gobierno de Javier Milei. Colombo se formó con el recordado obispo Jorge Novak, una de las principales voces de la Iglesia en defensa de los derechos humanos durante la dictadura militar, y como obispo de La Rioja promovió la causa de beatificación de Enrique Angelelli y los mártires riojanos.
En la misma sintonía muestra un creciente liderazgo el arzobispo de Córdoba, cardenal Ángel Sixto Rossi (68 años), que fue alumno de Bergoglio en el seminario jesuita y acompaña a Colombo como vicepresidente primero del Episcopado. Rossi compartió la misma mesa con el entonces cardenal Robert Francis Prevost –hoy León XIV- en una de las sesiones de la Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos que Francisco convocó en Roma en octubre de 2024, con la misión de consolidar la llamada “sinodalidad”, que se resume en la búsqueda de un funcionamiento más horizontal que vertical en la Iglesia.

Los otros dos cardenales argentinos –nombrados también por Francisco– son Víctor Manuel “Tucho” Fernández (64 años), quien conduce desde 2023 en Roma el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, y Vicente Bokalic (74 años), arzobispo de Santiago del Estero, reconocida como sede primada por ser la más antigua del actual territorio argentino. Junto con Rossi, ambos participaron y votaron en el cónclave que consagró Papa a Robert Prevost.
Con larga actividad pastoral y acreditada experiencia como formador del clero, el obispo de Jujuy, monseñor César Daniel Fernández (71 años), goza de un fuerte consenso entre sus pares. Promotor de acuerdos y trabajos colegiados, es vicepresidente segundo del Episcopado y fue elegido por los obispos para llevar personalmente a León XIV la carta de invitación para que visite el país. Integra el Dicasterio para el Clero, uno de los principales organismos de la Santa Sede.
El arzobispo de Mercedes-Luján, Jorge Eduardo Scheinig (67 años), será el anfitrión de León XIV en la Basílica de Luján, el principal santuario del país, hacia donde la semana pasada peregrinaron dos millones de personas. Formado en la diócesis de San Isidro, el entonces arzobispo Bergoglio lo convocó en 2011 para trabajar en la pastoral urbana, una misión clave para insertar el mensaje de la Iglesia en las grandes ciudades, caracterizadas por un alto grado de secularización y contextos culturales complejos.
En tanto, una pieza clave en la organización del viaje del Papa para que todos los mecanismos estén aceitados es la función que lleva adelante el obispo Pizarro como secretario general del Episcopado. Formado en la diócesis que condujeron sucesivamente Jorge Casaretto y Oscar Ojea, Pizarro (53 años) aporta su experiencia en el área de pastoral juvenil de la Iglesia y se lo considera un virtual coordinador operativo de la visita de León XIV.
Entre otras comisiones episcopales, el área estratégica de Pastoral Social está en manos del obispo de La Rioja, monseñor Dante Gustavo Braida (58 años), un sacerdote que fue misionero en Cuba. El organismo reúne a varios obispos, curas y laicos que en los últimos dos años intensificaron las acciones y pronunciamientos para denunciar el avance de las apuestas online, con graves consecuencias en menores y jóvenes, y la crisis de la discapacidad, un tema sensible que ha generado cortocircuitos con el gobierno de Milei.
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