
Por Cristina L. de Bugatti
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La Sociedad Argentina de Horticultura inició su ciclo de este año con una reunión dedicada a las dalias. Nada más oportuno, ya que se ven poco en los jardines urbanos, pese a tener condiciones para ser protagonistas.
Las disertantes, Vivian y Victoria Mulcay, ilustraron la charla con flores de todas las variantes de esta especie, provenientes de su cultivo en el campo, en 9 de Julio.
La dalia es originaria de México, y su flor nacional; lleva ese nombre por el botánico sueco Andrés Dahl, y cuando se la conoció en Europa, hacia 1780, despertó interés y se creyó que era un tubérculo comestible. Al verla en flor se comenzó a cultivar como planta ornamental.
Es una especie perenne, tuberosa, es decir que su follaje desaparece en invierno, pero como sus tubérculos bulbos son órganos de reserva, rebrota en primavera.
Pertenece a la gran familia de las Compuestas, como las margaritas, cuya inflorescencia, llamada capítulo, presenta un disco central, donde se insertan las flores y se forman las semillas, rodeadas por lígulas, pétalos, generalmente coloreados.
Se reconocen tres grupos de especies originales, que dieron origen a las dalias actuales: la Dahlia juarezii, de la que descienden las que llamamos dalias cactus, cuyas flores tienen pétalos finos, a veces enrollados; las dalias pinnata, o dalia común, con sus variantes: pompón, globosa, decorativa, flor de anémona, flor de peonía, etcétera. Las especies imperiales y excelsa, altas, de varios metros de altura, están poco presentes en nuestros jardines.
Su cultivo es sencillo: si se adquiere el bulbo, generalmente está ya en condiciones de ser plantado; si se arranca la mata, en invierno, se corta el follaje seco a 20 centímetros de su base, se le quita la tierra suavemente, se ubica en lugar fresco y a la sombra (galpón, lavadero, etcétera), y antes de plantarlos, se dividen. Para eso, se separa con una tijera cada bulbo con un trozo de tallo. Si se espera hasta que asomen los brotes, es más fácil identificar cada bulbo completo. Para plantarlos se cava un hoyo amplio, se cubre el fondo con una capa de arena gruesa y se ubica el bulbo de manera que quede a una profundidad de tres veces su volumen; entonces, es el momento de clavar profundamente una vara rígida que será su tutor. Se rellena el hoyo con buena tierra adicionada con harina de hueso. El primer riego, al plantarla, debe ser copioso y profundo. Luego, necesita riegos regulares, en su base, cuidando de no mojar el follaje.
El lugar elegido debe ser aireado y soleado.
También puede reproducirse por gajos, en sustrato húmedo, muy suelto, y en invernáculos o protegidos con elementos transparentes, ubicados a la sombra con resultados menos seguros, pero con la obtención de ejemplares iguales porque cada gajo es un clon que reproduce exactamente la planta madre. Eso permitiría formar interesantes grupos y macizos. La reproducción por semilla sólo es posible en ejemplares enanos, de flores simples, y como toda reproducción sexual, expuesta a hibridaciones, cuyos resultados pueden ser decepcionantes o novedosos y sorpresivos. La poda consiste en suprimir los tallos que han florecido.
Nuestro clima húmedo favorece enfermedades como hongos en los follajes, virus, pulgones, por ejemplo, para cuyo tratamiento hay sencillos recursos.
La dalia ha sido una flor favorita en nuestras casas; volver a incorporarla sería vestir de lujo jardines y floreros.





