
Por Cristina L. de Bugatti Para LA NACION
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Tengo una excelente amiga, jardinera, con un gran jardín exitoso, que no puede conseguir que prosperen y florezcan las violetas. Sin tan brillantes condiciones, a mí me ocurre lo mismo. La violeta perfumada ( Viola odorata ), que puede considerarse yuyo invasor o delicada flor de jardín, tiene la aristocrática condición de elegir su lugar en el suelo y rechazar el que no le gusta, aunque reúna condiciones para su cultivo; la teoría dice que quiere terrenos calcáreos, sueltos, con retención de humedad, con media sombra. En la práctica nacen y florecen en cualquier parte. En una charla en la Sociedad Argentina de Horticultura, el aporte de un público convocado por las violetas fue valioso, pero variado. Dijeron que "prospera y florece en terrenos arenosos, cerca de la playa; o al rayo del sol; o a la sombra; o sin ningún cuidado, o con mucho cuidado y riego; o en las junturas de barro de una pared de ladrillo. Las he visto, en flor, a la sombra ligera de un monte de paraísos, en un baldío, debajo de un tilo; a lo largo de un cerco de musgosos ladrillos Las violetas, del género viola, eran usadas por los griegos y romanos como ornamento y medicina. Una leyenda dice que Zeus se enamoró de la ninfa Io, provocando los celos de su esposa, Hera. Para protegerla, Zeus convirtió a Io en una vaca; perseguida y llorando por los prados, a su paso nacían violetas. La prueba del acierto de esta leyenda es que por las costas mediterráneas se han hallado 400 clases de violetas, aunque no hay tan bella explicación para las de América y Australia. En el siglo XVIII, en Francia, empezaron a cultivar violetas que se hallaban por los prados. Con el cuidado y la selección se lograron plantas con flores notables, que se vendían en los mercados. Ya en el siglo XIX, cuando Napoleón fue deportado a la isla de Elba, prometió regresar "cuando florecieran las violetas", y así esa flor se convirtió en un símbolo. Más tarde, en el reinado de Napoleón III se plantaron, cerca de París, 200 hectáreas de violetas. A Nápoles llegaron con los Borbones, y allí recibieron el nombre tan napolitano de "violetas", y pasaron a Parma, donde se inicia otra historia. Filippo di Brazza, caballero de Udine, cultivador de violetas, mediante selección e hibridaciones logró, hacia 1880, una violeta blanco puro, de intenso perfume, que se impuso en el mercado. Se estimuló a las campesinas de Friuli para cultivar violetas dobles a lo largo de los viñedos; en inviernos crudos, se tapaban con esteras o cáscara de huevo. Esas violetas iban a las capitales del mundo y llegaban frescas pese a la duración del viaje. Esa edad de oro duró hasta 1920 y se perdió. Pero en Estados Unidos, Francia e Inglaterra hay, actualmente, poderosas y activas Sociedades de la Violeta. Es difícil hallarlas, pero en muestras de la Sociedad Argentina de Horticultura a veces aparecen esos tesoros. Mercedes García Pinto de Fiorito, Mechi , presidenta de la entidad y excepcional jardinera, suele sorprendernos con ellos. Naturalmente es la persona para pedirle consejos. ¿Cómo hacés para que no se pierdan? "Las ubico debajo de un árbol o arbusto, en suelo con mucho compost de mi fabricación casera." Me visitaron mis primas que viven en la quinta, en Mercedes. Llegan, como siempre en esta época, con un enorme ramo de violetas y una plantita de la Viola parmensis odoratus, la violeta doble blanca y de exquisito aroma que se creó en Friuli, y que siempre se me perdió. Ahora seguiré los consejos de Mechi. Después les cuento.




