
Catalina, Juana e Isabella crecieron entre Argentina e Inglaterra, hicieron del deporte una forma de vida y brillan con luz propia dentro y fuera de la cancha
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Crecieron entre caballos, viajando por el mundo detrás de la agenda deportiva de su papá, el polista Fabio Lavinia, y haciendo de cuanta cancha y palenque frecuentaran una extensión de su propia casa. En ese camino, las hermanas Catalina (20), Juana (18) e Isabella (15) Lavinia se convirtieron ellas mismas en polistas profesionales, con agendas propias que sincronizan de la mejor manera para estar todos juntos, la mayor cantidad de tiempo posible, como el familión que son (tienen dos hermanos menores: Nina, de 11 años, y Antonio, de 9).

En los próximos días, este trío superpoderoso escribirá un capítulo muy especial de sus vidas: por primera vez van a coincidir en el Abierto Femenino de Polo, cada una defendiendo camisetas distintas. Con 9, 5 y 4 goles de handicap respectivamente, Cata jugará para La Dolfina, Juana para La Ensenada, y Bella para Capilla La Herencia.
La charla, tan caótica como divertida, transcurre junto a un fuego que su mamá, Brígida Ussher, prende en tiempo récord apenas terminan las fotos en el parque y las caballerizas de su casa en Capilla del Señor Polo Club. Entre mates y té caliente, las hermanas hablan también de Inglaterra –donde tienen su propio club de polo– y de La Matuza, el campo familiar en Santa Fe, donde crían parte de los caballos que las acompañan.

–Nunca mejor dicho: acá el polo es una pasión familiar, ¿no?
Bella: Toda nuestra familia materna juega al polo, arrancando por mi abuelo Juan Guillermo Ussher; en cambio, en la de papá, sólo él, que arrancó a los 15.
Juana: Para nosotras, el polo se dio de manera natural. Andamos a caballo desde siempre y acá, en Capilla del Señor, se hacían unas prácticas que se llamaban Family Polo y así empezamos con Cata, a los 7. También jugaban nuestros primos, así que era muy divertido.
Cata: Mamá nos enseñó a jugar y recién cuando pasamos cierto nivel empezamos a organizar prácticas y a jugar con papá.
Juana: Al principio está bueno tener a alguien de confianza en la cancha que te ayude y que te ubique. Yo me empecé a copar de verdad viéndola jugar a Cata.


–Pasan varios meses afuera por el polo. ¿Se mueven juntas o por separado?
Cata: Al principio de todo viajábamos juntos siguiendo a papá, que arrancó como petisero de Memo Gracida en Estados Unidos y después jugaba en Inglaterra. Allá se instaló en Cambridge Lode, que es donde tenemos nuestro lugar, Cambridge & Newmarket Polo Club. Papá era el manager de un club y, cuando el dueño anterior decidió venderlo, lo compró con unos socios.
Juana: Siempre hicimos base ahí, salvo Cata, que las dos últimas temporadas estuvo en Windsor porque tenía muchos partidos y no quería viajar tanto. Allá tenemos polo todo el año, en invierno incluso se juega en canchas de arena. Hay polo femenino, infantil; todos los caballos se crían y parten de ahí.
Cata: Como verás, Inglaterra fue nuestro primer destino naturalmente. Nos instalábamos cinco meses al año, incluso íbamos al colegio.

–Además de Inglaterra, el polo las llevó a destinos bastante inesperados.
Cata: Sí, a mí me salieron trabajos en Tailandia y en Arabia Saudita, adonde fui con La Dolfina. No teníamos un dress code exigido, pero por una cuestión de respeto usamos siempre mangas largas y pantalones largos. Y otra cosa increíble es cómo cambia la temperatura de la noche a la mañana.
Juana: Yo estuve una semana en China cuando tenía 16 años. Fue una experiencia increíble, casi nadie hablaba inglés, pero terminás acostumbrándote.

–Recién me hablaban del colegio. Me imagino que habrán sido metódicas con el estudio.
Juana: En Cambridge sabían que sólo íbamos por dos meses a clases porque después nos tocaban las vacaciones de ellos, lo tomaban tranquilo con nosotras. Era una forma de estudiar y socializar. Lo que siempre estuvo claro en casa es que el estudio no se negocia: Bella va al colegio y nosotras, a la facultad.
Bella: Estoy en cuarto año del colegio New Zealand, donde tienen un programa que se llama B-learning en el que cuando estoy acá puedo ir a clases y cuando viajo, curso online. Tenés que sentarte a estudiar, pero lo vas organizando.
–¿Quién tuvo su primer contrato?
Cata: Yo. Últimamente estuve jugando en Estados Unidos para Las Brisas, que es el equipo de un patrón que se llama Larry Aschebrook y me banca toda la temporada de Wellington, Florida. Creo que es un proyecto a largo plazo porque tiene hijas chicas y quiere una profesora para ellos. Antes estuve dos años con el equipo 90210, de Sarah Siegel-Magness, pero el primer contrato de mi vida fue con UAE, en Inglaterra. Tenía 13 años y recuerdo que estaba en Cambridge taqueando con papá y me contó que le había escrito Hazel Jakson, que es una polista top. No sabía qué hacer, me agarró una angustia... Seguro era miedo, pero finalmente me animé y jugamos en Cowdray y en Guards Polo Club.

–UAE es el equipo de la jequesa emiratí Maitha Mohammed Rashid Al Maktoum. ¿Cómo es ella?
Cata: Un amor, charla con todos como una más y hace muchísimo por el polo femenino. Es una genia.
Juana: Mi primer torneo grande también fue con UAE, a mis 13 años. Fue un salto pasar de los torneítos internos a eso.
Bella: A mis 13 también empecé jugando copas de cuatro o seis goles en Inglaterra. Recién este año pude jugar con Cata y Juana como profesionales.
–Y este año también hicieron team con su mamá y ganaron la Copa de Plata del Masters femenino de polo. ¿Quién mandaba ahí?
Cata: [Se ríe]. Siempre quisimos jugar con mamá. Le insistimos, pero decía que estaba fuera de ritmo, que le daba nervios, hasta que la convencimos. Obviamente chocamos mucho más dentro de la cancha porque todas teníamos actitudes bastante fuertes. Juana es la más callada, pero todas tenemos carácter. A medida que fuimos pasando de instancias entendimos el límite de cada una. Creo que el primer partido fue en el que más peleamos, estábamos jugando contra un equipo bravísimo, veníamos palo a palo, a mí me habían echado... En su momento nos afectó un poco.
Juana: ¡Andábamos con la adrenalina por el cielo! Pero estuvo bueno. Siendo tan unidas, compartir la cancha no es tan fácil.
–¿Qué les pasa cuando son rivales, como les va a pasar en breve en el Abierto?
Cata: Cuando entrás a la cancha, tus hermanas pasan a ser contrarias, como cualquiera. Pero si me das a elegir, no lo elijo. Quiero que nos vaya bien a todas, pero después entrás a la cancha y hay que ganar.

–¿Sienten que se parecen? ¿Comparten otras cosas más allá del polo?
Juana: Por cercanía en edad, Cata y yo compartimos amigas, asados, salidas a bailar... Pero también compartimos mucho en familia. Somos muy distintas en cuanto a la personalidad, pero creo que nos complementamos muy bien y nos divertimos juntas.
Cata: En cuanto a la ropa, tenemos estilos diferentes. Por ejemplo, Bella es más oversized, Juana más línea lino, camisita, pantalón Oxford, y yo estoy en el medio, pero desde que me corté el pelo estoy más deportiva.
Bella: Yo con ellas comparto el chisme porque por edad no coincidimos en los planes. [Se ríe].
Cata: Con Juana ahora también coincidimos en la etapa universitaria. Estoy en tercer año de Administración Agraria en la Siglo XXI, y curso buena parte online como cuando iba al colegio.
Juana: Estoy estudiando Marketing Digital en la Universidad de Palermo. Y tengo un emprendimiento, La Chana, de sombreros de fieltro que bordo a mano, además de hacer workshops. El día que nos recibamos, va a ser difícil encontrar el trabajo ideal, en el sentido de poder trabajar y viajar, pero habrá que buscarle la vuelta porque las dos queremos ejercer.

–¿Qué pasa con el amor? ¿Alguna está de novia?
Juana: Sí, yo estoy de novia hace dos años con Gabino Largel. Juega al polo, pero tranqui, porque estudia Veterinaria.
Cata: Es una realidad que es difícil tener una relación con tantos viajes, quizás tenés que encontrar a alguien que juegue al polo para que te entienda.
Juana: No siempre. El marido de Lia Salvo (polista top) jugaba al rugby. Y ahora tiene un trabajo que le permite acompañarla. Pero es verdad que son los menos...
–¿Se imaginan repetir la historia de sus padres y girar juntos por el mundo?
Cata: Sí, claro. Ellos se conocieron cuando papá empezó a jugar con Tommy, el hermano de mamá.
Bella: Yo soy muy chica, ni pienso en eso.
Juana: Yo sí. Con marido e hijos, pero sólo me movería entre Argentina e Inglaterra. Tendría que ser una superpropuesta para ir a otro lado.

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