
Creador de un universo futurista multifacético, murió en Francia a los 88 años
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Cuando Paco Rabanne asesoró a los vestuaristas de Barbarella, en 1968, no imaginó que esos diseños -que iban a transformar a Jane Fonda en una galáctica heroína de comic- terminarían de ponerlo definitivamente en órbita: su colaboración con el filme de Roger Vadim lo consagró como un creador único. Antes había vestido a Audrey Hepburn, otra de sus musas, en Dos en la carretera. Mucho después, en 2011, la que se rindió frente a su talento fue Lady Gaga, que lució tres de sus creaciones metalizadas en los MTV Europa de ese año. Igual que la supermodelo y cantante Carla Bruni, quien además de desfilar muchísimas veces sus colecciones en los años noventa, elegía sus diseños para las grandes ocasiones. Talentoso, obsesivo y transgresor, Rabanne también pasará a la historia como un referente contra el racismo: fue el primer modisto en subir a la pasarela a una modelo negra, a mediados de los sesenta. Capaz de transformar plástico y metal en una forma de tejidos, revolucionó la moda, fue el artífice de un universo multifacético que trascendió el atelier de alta costura y deja un legado irrepetible.





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