
A los 68 años, murió una de las figuras más influyentes del paisajismo contemporáneo. Su legado reúne más de 150 proyectos y una mirada que entendía el jardín como el origen de toda arquitectura
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El pasado 20 de agosto despedimos, a sus 68 años, a un referente del paisajismo de este siglo: Fernando Caruncho. Un verdadero pensador del paisaje que cautivó a los clientes más exigentes de Europa y dedicó su vida a dialogar con la tierra. Estudió Filosofía en la Universidad Autónoma de Madrid desde 1975 y simultáneamente se formó en jardinería y diseño del paisaje en la Escuela Castillo de Batres. Esa combinación terminó siendo fundamental para entender su obra.

Así, su mirada filosófica unió siempre el alma humana con el mundo natural. Convencido del valor sanador del verde, solía reflexionar que invertir más en jardines ahorraría enormemente en bienestar social. Su visión se podría resumir en una idea que aparece repetidamente en sus textos: simplificar no significa reducir, sino llegar a algo más genuino.
El madrileño Fernando Caruncho dejó una herencia de espacios serenos y exquisitos. Su sello es indiscutible: líneas geométricas impecables, el agua como espejo de la luz, la nobleza de los materiales locales y un respeto absoluto por el entorno.

Para él, el jardín no era una decoración colocada alrededor de una casa. Era el punto de partida. Su estudio explica que sus proyectos nacían de comprender profundamente el lugar, su paisaje y su luz. Después aparecían la geometría, el jardín y finalmente la arquitectura. Caruncho no buscaba llenar el jardín de plantas. Buscaba encontrar la esencia del lugar.
En los últimos años trabajó junto a sus hijos Fernando y Pedro, ambos arquitectos, que se incorporaron al estudio y continuarán su legado desde Caruncho Garden & Architecture. En 2009 había sido nombrado académico honorario de la Accademia delle Arti del Disegno de Florencia, reconocimiento que se sumaba a su enorme prestigio internacional. Sin dudas, fue uno de los grandes paisajistas españoles de proyección internacional que dejó más de 150 proyectos en distintos países.

Ajeno a las tendencias pasajeras, este jardinero, filósofo y humanista demostró que la sencillez es eterna y que un diseño con apenas tres o cuatro especies repetidas basta para tejer un ecosistema vibrante y biodiverso. “Jamás le gustó que le digan paisajista, porque él se sentía jardinero. Hoy podemos llamarlo Maestro”, afirma la paisajista Mariela Schaer, quien tuvo la suerte de encontrarlo en Galicia y recorrer algunos de sus jardines privados.
Algunos de sus jardines
Terraza de los Laureles (Real Jardín Botánico de Madrid)
Es imprescindible porque es probablemente su obra pública más emblemática en España. La intervención, realizada entre 2002 y 2004 junto al arquitecto Pablo Carvajal, transformó el antiguo talud de Alfonso XII. Los laureles forman largos límites vegetales que esconden las estructuras y acompañan el recorrido hasta un estanque.
Mas de les Voltes (Ampurdán, Girona)
Uno de sus jardines más conocidos y una pieza fundamental para entender su relación con el paisaje agrícola. Allí el jardín no compite con el territorio: lo interpreta. Es uno de los proyectos que mejor muestran su capacidad para trabajar con la geometría sin perder la sensación de naturaleza.


Jardines de Pereda (Santander)
Una obra de escala urbana vinculada a la Fundación Botín y al Centro Botín de Renzo Piano. Es interesante cómo muestra que su lenguaje podía trasladarse del jardín privado al espacio público.
Casa del Agua (Porto Heli, Grecia)
Un magnífico ejemplo de cómo trabajaba la topografía. Las terrazas se adaptan a una pendiente compleja y la vegetación establece un diálogo con el paisaje mediterráneo.


Flynn Garden (Florida)
Es particularmente interesante porque fue su primer proyecto en Estados Unidos. Allí utilizó Ilex vomitoria para dibujar las formas circulares del jardín. Es un buen ejemplo de cómo Caruncho podía tomar una especie vegetal y convertirla prácticamente en materia escultórica.

Kohimarama (Nueva Zelanda)
Otro proyecto donde confluyen paisaje y arquitectura, con una fuerte influencia japonesa. Es especialmente interesante para mostrar su trabajo con agua, reflejos, geometría y arquitectura.

También podrían mencionarse la Embajada de España en Japón, Seven Mountains en Lugano, L’Amastuola en Puglia, Pazo Pegullal en Galicia y sus proyectos en Marruecos, para mostrar la clara dimensión internacional de su obra.



