Casas frente al mar, en las sierras o rodeadas de verde muestran cómo el paisajismo puede acompañar —y potenciar— la naturaleza existente
Hay jardines que se anuncian y otros que casi se esconden. Jardines que buscan destacarse y otros que prefieren fundirse con el entorno hasta volverse parte del paisaje. Estos son ejemplos, en casas reales, de jardines que se proponen como una continuidad natural del territorio antes que como un elemento autónomo.

1. Sierras y adobe: una casa en Córdoba toma el desnivel como base
El arquitecto cordobés Santiago Bertotti diseñó para sí mismo una casa a la medida de la montaña, donde el paisaje no es solo telón de fondo: es el punto de partida.
La casa, ubicada en Mendiolaza, se apoya en la topografía existente y el jardín acompaña esa decisión, respetando las visuales abiertas, los desniveles y el carácter del entorno serrano.
El paisajismo —por Blas Spina— diseñó un jardín de gramíneas, herbáceas y arbustos autóctonos de poco mantenimiento y dispuesto de manera suelta para un aspecto natural y silvestre.
El verde no busca ordenarlo todo ni imponer una geometría rígida, sino reforzar la sensación de estar inmerso en la naturaleza.
Hice pruebas con un color arcilla, después otro más terroso, di mil vueltas hasta encontrar un tono que se mimetice con ese naranja rosado que tiñe los cerros a la tardecita”
— Santiago Bertotti
Es una arquitectura que se apoya en la tierra, no como gesto pintoresco, sino como respuesta técnica y regional.”
— Santiago Bertotti
2. Piedra y agua: un refugio de campo en Mallorca para vivir de vacaciones
Roca, vegetación y mar. Entre estos tres elementos naturales, el jardín funciona como un espacio de transición, un filtro entre la arquitectura y el paisaje abierto.
Con esta filosofía, Oro del Negro —socio de More Design— reformó esta casa de campo en Mallorca donde la vegetación suaviza los límites, acompaña la presencia de los muros y permite que la vista al mar siga siendo la gran protagonista.
Para lograrlo, convocó a la paisajista Katerina Christensson con el objetivo de que trabajara el parque en profundidad, respetando los árboles añosos y colocando una profusión de plantas cerca de las ventanas para establecer una relación cotidiana con el verde.
“Al excavar los cimientos encontramos esta roca fabulosa, y la conservamos para hacer ‘flotar’ sobre ella una mesa de teca. La colocamos a la sombra de un árbol, de cuyas ramas colgamos lámparas de mimbre”.
“Dados los gruesos muros de piedra que se hicieron alrededor del parque y el reparo que brinda la casa misma, pudimos crear esta atmósfera algo tropical y siempre verde”.
3. Río, madera y selva: una cabaña que vibra en sintonía con el Delta
A una hora del centro porteño, en conexión total con la naturaleza, este refugio parece flotar sobre el paisaje del Delta del Tigre.
Carla Van Praet y Germán Vigil están al frente de las cabañas Las Casuarinas, cuya estructura se levantó con maderas renovables (Aserradero Newton) y techo a cuatro aguas.
El paisajismo se diseñó en función de la tradición isleña, con sauces y casuarinas que, aunque no son autóctonas, están fuertemente arraigadas a la cultura local y le dan nombre a la cabaña.
Así, el verde no se presenta como un diseño cerrado, sino como una intervención mínima que permite habitar el lugar sin alterarlo, una parte del mismo sistema natural.
La estructura está montada sobre palafitos de quebracho, para permitir el flujo de agua. Entonces, la experiencia de habitar acá es muy especial, porque tenés la sensación de que la casa te mece”
— Carla Van Praet y Germán Vigil
Agradecemos a Living su colaboración en esta nota.
























