Hojas fuera de serie, sombra bien entendida y flores con carácter para convertir pasillos urbanos en paisajes
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Hay especies que parecen haber sido diseñadas para la ciudad, incluso mucho antes de que existieran las ciudades. Acanthus mollis, o acanto, es una de ellas.
Esta herbácea perenne, de follaje imponente y floración impactante, encuentra su mejor versión lejos del sol pleno y de los grandes jardines: entre muros, en sombra, en esos pasillos urbanos donde casi nada prospera.

Originaria de la región mediterránea —con presencia natural en el sur de Europa, África occidental y Asia Menor—, esta planta carga con una historia ornamental milenaria. Sin embargo, su vigencia no es nostálgica: el acanto funciona hoy como una solución botánica precisa para jardines urbanos densos, patios angostos y canteros al pie de medianeras.
Hojas imponentes
El rasgo más contundente de Acanthus mollis es su follaje: hojas grandes, brillantes, profundamente lobuladas, de textura coriácea y color verde intenso que se mantiene incluso en condiciones de luz escasa.
En jardines de sombra o semisombra, donde el repertorio vegetal es acotado, el acanto aporta volumen, continuidad, color y una sensación de abundancia.
Su crecimiento en mata compacta —de hasta un metro de altura— lo vuelve ideal para bordear recorridos, ocupar franjas largas y vestir muros sin competir con trepadoras.

La magia de sus flores
A fines de primavera y durante el verano, el acanto suma un rasgo vertical inconfundible: espigas florales rígidas, de hasta 1,20 m, con brácteas verdes y flores blancas con matices violáceos. No son flores delicadas ni efímeras; son estructuras firmes que emergen del follaje sin desarmar el conjunto.
Este tipo de floración —más gráfica que colorista— resulta especialmente eficaz en jardines urbanos, donde el exceso visual suele jugar en contra.

Amiga de la sombra
Desde el punto de vista del cultivo, Acanthus mollis es una planta sin demandas que prefiere sombra o semisombra, suelos fértiles y bien drenados y riego regular, aunque una vez establecida tolera períodos cortos de sequía.
En climas templados de Argentina se comporta como una perenne resistente y de bajo mantenimiento
Tolera heladas leves, rebrota con fuerza después del invierno y no exige podas complejas: basta con retirar hojas dañadas y, si se desea, cortar las inflorescencias secas. En jardines urbanos donde el tiempo escasea, esta estabilidad es una virtud fuerte.

Cómo multiplicarla
El acanto se reproduce fácilmente por división de matas, preferentemente en otoño o a comienzos de la primavera.
Este dato no es menor: permite expandir el jardín sin volver al vivero, ocupar nuevos sectores sombríos y mantener coherencia vegetal en espacios largos y estrechos.
También puede reproducirse por semillas, aunque este método es más lento y menos utilizado en jardinería doméstica.











