Para sobrevivir a temperaturas bajo cero, las plantas antárticas tienen increíbles métodos.
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Después de la desecación, las bajas temperaturas parecen ser la causa más frecuente de muerte en las plantas.
La capacidad de soportar bajas temperaturas es variable entre especies, por supuesto, relacionado con su hábitat y por lo tanto con su adaptación al medio. Por ejemplo, aquellas plantas que crecen a latitudes antárticas pueden sobrevivir a temperaturas de -30 °C e incluso algo menores.

La severidad del daño por bajas temperaturas, depende también del tiempo de exposición y dentro de una misma planta del tejido afectado.
A diferencia de los animales, la mayoría de las plantas no puede moverse para escapar del frío o generar calor para mantenerse caliente. Si la temperatura baja tanto que se forman cristales de hielo en la planta, ésta o parte de sus células pueden morir en forma diferente según la velocidad de enfriamiento.
La mayor parte de las especies que sobreviven a muy bajas temperaturas, lo hacen porque toleran (o resisten) la formación de hielo dentro de sus tejidos. Muchas plantas tienen meristemos subterráneos, al abrigo de las bajas temperaturas del aire, que les permiten reiniciar el crecimiento cuando cesa el período frío.

En general, en las herbáceas adaptadas a climas fríos y árboles de bosques boreales, se forma hielo en los espacios intercelulares, las células sufren una intensa deshidratación y quedan en estado de inactividad metabólica, del que salen por hidratación cuando sube la temperatura
Regiones polares, o en climas como los de la Antártida, hay condiciones ambientales extremas, lo cual limita el establecimiento de las plantas vasculares: un combo de bajas temperaturas, corta estación de crecimiento y el estrés hídrico y nutricional. Sin embargo, se han registrado algunas plantas que allí florecen: el pasto antártico (Deschampsia antarctica) y el clavel antártico (Colobanthus quitensis).
Ambas especies se encuentran principalmente en la Península Antártica, que es la zona menos fría ya que alcanza una temperatura media diurna de 4 º C.

Sus métodos para sobrevivir
El clavel antártico crece formando pequeños cojines de varios individuos, donde alcanza una altura aproximada de 8 cm. Su estrategia para evitar los daños por congelación consiste en acumular azúcares en elevadas concentraciones, los cuales “secuestran” el agua por efecto osmótico evitando así que se formen cristales de hielo.
El pasto antártico es una herbácea perenne que crece entre las rocas. Para garantizar la producción de semilla, la planta es autofecunda: se autopoliniza, nunca abre sus flores, las mantiene cerradas y el polen fecunda el ovario de su misma flor. Como otra estrategia de resistencia al frio, sintetiza unas proteínas especializadas para evitar que se congele el agua de su interior, pues los cristales de hielo podrían dañar sus células.

Una especie propia de los bosques subantárticos es el ranúnculo antártico (Ranunculus biternatus), pariente cercano de las anemonas, es una especie endémica de las provincias de Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego. Frecuente en áreas húmedas, pantanosas, bordes de arroyos, es una hierba de pequeña altura con flores amarillas y hojas recortadas.
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