
“Incluso antes de conocer la casa, ya me generaba entusiasmo el barrio, el tipo de construcción y la fachada que vi desde el Street View”, cuenta el arquitecto Francisco Sherriff –al frente de Sherriff Estudio junto a su socio, el arquitecto Juan López–, quien lideró la reforma de esta propiedad de 1927 ubicada en un primer piso de San Telmo. La sorpresa explotó al entrar.

El hall de acceso es muy impactante: te recibe una escalera de mármol que te lleva en un recorrido de casi cinco metros hasta un vitral enorme, entre paredes y cielo raso con molduras. ”
— Arq. Francisco Sherriff, socio de Sherriff EstudioVidas pasadas
La casa tuvo un recorrido menos elegante, que incluyó años como hostel y laboratorio; como resultado, estaba compartimentada, intervenida y deteriorada. “Parte del proceso consistió en desarmar esas capas para volver a revelar su esencia”, explica el arquitecto.

“A pesar de su estado de deterioro, la casa conservaba una calidad espacial, una riqueza de detalles y una identidad muy fuerte que valían la pena restaurar”

Secretos revelados
El foco también estuvo puesto en adaptar sus 190m2 cubiertos (y los 30m2 descubiertos finales) a la vida cotidiana de la pareja dueña de casa.

La restauración del vitral estuvo a cargo de la experta María Paula Farina Ruiz y, a partir de una consultoría con la experta en color Marina Christe, decidieron tomar sus tonos principales para definir la paleta y construir los climas de la casa.

“Nuestra intención fue poner en valor todo lo existente: mármoles, escalera, molduras, carpinterías, pisos de madera y el vitral. Muchas piezas estaban en mal estado, por lo que el trabajo artesanal que hizo el Estudio junto a un equipo de expertos fue fundamental”, cuenta Francisco.

Dos livings, frente a frente
“El living se pensó como un espacio dual, con sectores que dialogan sin perder carácter. Este, más luminoso y tranquilo, responde a Flor; el que se ve luego, más nocturno e introspectivo, representa a Miguel”

Una de las operaciones más importantes fue sumar un hogar a leña, deseo expreso de los clientes. Perforaron la bovedilla para llevar el conducto al exterior y montaron un frente antiguo sobre una estructura construida en seco.

Para el living del dueño de casa, hicieron una biblioteca adelantando un muro en seco. “Sobre ese nuevo plano recreamos molduras y tableros, de modo que quedara completamente integrada al lenguaje de la casa”.


Nuevo, pero vintage
El baño de invitados originalmente no estaba en este lugar (acá funcionaba un vestidor).


Reconversión
“El nuevo comedor se ubicó en un espacio transformado: acá convivían un baño, un pequeño patio de aire y luz, y parte de un dormitorio. Demolimos todo para generar un ambiente único y le dimos un clima más bien nocturno, contenido e íntimo”.

El comedor se comunica con la cocina. Este mueble funciona como plano intermedio, que se puede abrir o cerrar por completo, y concentra muchos programas”.

Mudanza interna

“Trasladar la cocina hasta lo que era un dormitorio fue un desafío por las conexiones de servicios. Pero sabíamos que sería un lugar inundado de luz natural y de verde, con un ventanal protagonista. Hoy es el corazón de la casa”.



Ganancia
“Una decisión clave fue sacarle el techo a este patio: le devolvió su condición de exterior y lo convirtió en un pulmón para la casa. Pasó a tener un rol central, no solo como expansión sino también como articulador entre ambientes”.

El solado, con un patrón de mosaicos graníticos en tonos neutros y una trama geométrica, es original de la vivienda. Lo restauraron y lo pulieron para dejarlo como nuevo.

Visión estratégica
“En lo que es el dormitorio principal funcionaba la cocina. Era un ambiente alejado, chico y oscuro, pero que tenía la posibilidad de vincularse tanto con el jardín como con el patio interno. Gracias a esa ubicación estratégica, decidimos armar acá la suite”.









