Saltar al contenido principal
Marcos García Rams está al frente de San Juan Poriahú.
Revista Lugares

La estancia jesuítica que tiene casi 400 años y recibe huéspedes en medio de los esteros del Iberá

De una familia tradicional correntina, fue testigo del paso del general Manuel Belgrano a principios del siglo XIX

4'
Compartir

“Esta casa tiene casi 400 años. Era una capilla de barro levantada por los jesuitas en 1635. Era parte de una estancia de cría de vacas, mulas y caballos para proveer a las misiones”, asegura Marcos García Rams desde la cabecera de la mesa del comedor de San Juan Poriahú, el campo de su familia en Loreto, al norte de la provincia de Corrientes.

Cuenta que, originalmente, la zona se llamaba Rincón de San José porque era una península hacia el este. “Con la geografía arrinconaban la hacienda cuando todavía no existían los alambrados. En sus misiones, los jesuitas llegaron a tener 176.000 guaraníes… El equivalente a la población de París o Londres. Buenos Aires tenía apenas 10.000”, desliza como para que tomemos dimensión del alcance del legado jesuítico en la región.

publicidad
Yacaré negro sobre los embalsados.
Yacaré negro sobre los embalsados.Carolina Castagnola
El living del casco de la estancia está muy bien puesto.
El living del casco de la estancia está muy bien puesto.Sofía López Mañán
La casa era oratorio y tiene casi 400 años.
La casa era oratorio y tiene casi 400 años.Sofía López Mañán
Los niños se entusiasman con el avistaje de monos.
Los niños se entusiasman con el avistaje de monos.Carolina Castagnola

Conocedor de la historia y orgulloso del rol de sus antepasados, Marcos cuenta por qué hoy está al frente de la estancia San Juan Poriahú, que está a 12 kilómetros del centro de Loreto. Relata que los españoles se hicieron cargo de estas tierras tras la expulsión de los jesuitas y que quemaron todo –excepto el oratorio, que hoy es casa– antes de que las tropas de Manuel Belgrano pasaran por acá a fines de 1810, durante la expedición al Paraguay. Veinte años más tarde, Pedro Ferré, gobernador de Corrientes, sacó una ley de venta de tierras públicas. Entonces Ángel Fernández Blanco, que había estado comprometido con la causa revolucionaria, compró 4.500 hectáreas de esta estancia, que ahora pertenece a los hermanos García Rams Meabe.

publicidad

“Juan Francisco Meabe, mi tatarabuelo materno, y luego su hijo Ernesto, le administraban los campos a Fernández Blanco, que cuando estaba viejito les legó esta tierra, bastante retirada y sin mucho valor. Ernesto compró, heredó más tierras y las desarrolló. Los títulos son de 1875”, cuenta sobre San Juan Poriahú, que actualmente tiene casi 13.000 hectáreas.

Arturo Rodríguez, personal de a caballo de la estancia.
Arturo Rodríguez, personal de a caballo de la estancia.Carolina Castagnola
Salida en lancha por una de las lagunas en medio del estero.
Salida en lancha por una de las lagunas en medio del estero.Carolina Castagnola
Los platos pintados a mano y con el sello de la estancia.
Los platos pintados a mano y con el sello de la estancia.Sofía López Mañán
Marcos García Rams coordina las actividades con los huéspedes.
Marcos García Rams coordina las actividades con los huéspedes.Carolina Castagnola
publicidad

“A principios del siglo pasado mi abuelo hizo mucho para sostener este campo”, desliza Marcos en relación a Raimundo Meabe, político destacado del Partido Liberal de Corrientes y padre de Ana María, “la chinita Meabe”, que creció en Buenos Aires, pero siempre estuvo ligada al campo, al igual que su hermano Ernesto y sus cuatro hijos, Marcos, Fernando, Luz y Arturo, que murió en 2021. Me lo cuenta mientras salimos a caminar por un terraplén que está a pocos metros de la casa principal, entre monos carayá, yacarés, carpinchos, espátulas rosadas, tortugas de agua y ciervos de los pantanos. Entonces el estero se convierte en una especie de “jardín de casa” de lo de García Rams.

Técnico en producción agropecuaria, Marcos siempre quiso vivir en el campo y colecciona libros de viajeros. Desde la década de 1980 está instalado en la estancia, que –aclara– es un campo ganadero que además recibe huéspedes. “Yo organizaba safaris para la juventud con la Fundación Vida Silvestre y mamá me dijo: ‘empezá a cobrar’. Arreglamos caminos, compramos botes y pusimos a punto la casa. Lo hacemos formalmente desde 1986. Y nos ayuda a sostener este casco, que es muy antiguo”, comenta mientras hace referencia al compromiso por el trabajo que aprendió de su padre. Porque Marcos recibe, coordina actividades y acompaña a los huéspedes que salen a ver “bichos” a pie, en camioneta, a caballo o en lancha, como hacemos nosotras a lo largo de los dos días que compartimos en San Juan Poriahú.

En San Juan Poriahú se puede ver el trabajo de campo.
En San Juan Poriahú se puede ver el trabajo de campo.Carolina Castagnola
Las galerías son espaciosas y muy bonitas.
Las galerías son espaciosas y muy bonitas.Sofía López Mañán
Arte y muebles antiguos en el comedor de la estancia.
Arte y muebles antiguos en el comedor de la estancia.Carolina Castagnola
publicidad
Las habitaciones son amplias.
Las habitaciones son amplias.Carolina Castagnola

La salida en lancha al estero –que tiene 30 kilómetros de costa– es por la tarde del primer día. Un jabirú nos sobrevuela, decenas de yacarés se dejan fotografiar y cantan los chajás. El momento sublime se da cuando enfilamos la vuelta hacia el embarcadero, mientras la lancha se abre camino entre los repollitos de agua y el sol naranja se pone en el horizonte.

Datos útiles

Estancia San Juan Poriahú Atendida por Marcos García Rams y su hermano Fernando, es un casco de estancia de casi 400 años sobre los esteros del Iberá. Son 10 habitaciones –algunas intercomunicadas– y siete baños. Salidas en lancha, camioneta, cabalgatas y comida casera. Desde $180.000 por persona por día con todas las bebidas y las excursiones. Menores de 12 años, 40% de descuento; menores de 4, no pagan. RN 118 Km 178, Loreto. T: (3781) 60-9658. IG: @estanciasanjuanporiahu