Un elefante de 12 metros de altura, insectos gigantes y un carrusel con legendarias criaturas marinas integran el proyecto artístico de Les Machines de l’île.
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Animales fantásticos. Máquinas que son animales. Animales creados a partir de un peculiar mecanismo de ingeniería. Puro metal, engranajes y motor. Esta suerte de bestiario monumental puede verse en el sitio donde antiguamente funcionaron los astilleros de la ciudad de Nantes, importante urbe del noreste francés.
Les Machines de l’île – que traducido al español sería algo así como Las Máquinas de la isla –es un proyecto artístico creado por la dupla de François Delarozière y Pierre Orefice que se materializó en una suerte de “parque de diversiones” abierto al público de todas las edades.
Los animales de Les Machines tienen cierto parentesco con dibujos de Leonardo Da Vinci, otros parecen salidos de una novela de Julio Verne. Todos deambulan por la Isla de Nantes, una isla fluvial rodeada por el río Loire, ubicada frente a esa ciudad. Pasar allí unas horas inmerso en este universo rocambolesco, resulta todo un plan para aquellos que visitan esa zona de Francia.
Un elefante a orillas del Loire

Las primeras máquinas en llegar a la isla de Nantes lo hicieron en 2007 y desde entonces se fueron agregando nuevas atracciones. El recorrido cuenta con las explicaciones de los conductores que son los encargados de poner en marcha cada una de las geniales bestias y contar cómo fueron hechas y cuáles son los secretos de su funcionamiento.

El elefante de doce metros de alto es una de las estrellas del lugar. Puede llevar hasta 50 pasajeros que se ubican sentados a una distancia del suelo igual a la de un edificio de cuatro pisos. El paquidermo de acero equipado con un motor híbrido, que lo convierte en una atracción super ecológica, brama y tira agua por la trompa. Una vez montados en él los visitantes tienen la posibilidad de realizar un recorrido de tres tramos con paradas intermedias donde los pasajeros suben y bajan. El paseo ofrece increíbles vistas de la ciudad y el río Loire. Hasta el momento el elefante lleva recorrido más de 20.000 kilómetros y miles de miles de viajes.

Otra de las atracciones es La Galería de las Máquinas, un espacio casi onírico que se despliega dentro de una suerte de invernadero-jardín donde diferentes animales e insectos hacen de las suyas. Lo mejor, es que uno puede montarse dentro y vivir la experiencia desde el punto de vista de los bichos. Así, es posible sobrevolar en una garza de 8 metros de envergadura, viajar dentro de un araña que se despierta y se eleva por medio de sus hilos, participar de la travesía de la hormiga gigante o meterse dentro de una oruga igualmente fuera de escala. Además de las especies verdes reales, hay plantas y una suerte de dosel arbóreo mecánico, que va creciendo en el tiempo, por eso se lo considera un espacio vivo.
El sitio es también una suerte de laboratorio donde se prueban estas y otras invenciones, todas salidas del taller de la compañía de La Machine.
Fantasía marina

El carrusel de los mundos marinos es otra de los highlights del sitio. Se tata una suerte de teatro del mar en versión 360 °. Esta calesita de 25 metros de altura y 22 de diámetros fue concebida con el mecanismo de las antiguas ferias de atracciones. Son tres tiovivos que se apilan rematados por un capitel decorado con frontones y 16 figuras de pescadores provenientes de los diferentes mares del mundo.
La atracción está muy ligada al espíritu de la ciudad de Nantes, marítima por donde la mire, aunque técnicamente el ejido urbano se encuentra a 50 km del Océano Atlántico. El ánimo marítimo se puede ver en cada rincón, incluso en la obra de uno de sus hijos dilecto Julio Verne, quien nació en esta ciudad. Precisamente el carrusel rinde homenaje a este gran escritor y a su novela “Veinte mil leguas de viaje submarino”. En todos los pisos aparecen extrañas criatura que remiten al imaginario de los viajes a través del océano y representan a cada uno de los niveles de esta variante de la vida acuática: el fondo del mar, el abismo y la superficie. Cangrejos gigantes, calamares a retropropulsión, mantarrayas, medusas, peces voladores son algunos de los personajes de este magnífico carrusel que se emplazó, como no podía ser de otra manera, justo frente al museo Jules Verne.

Pero no todo pasa por el mar, lo amantes del cielo y sus desafíos también tienen lo suyo en El centro europeo de pruebas de vuelo, un simulador de vuelo recreado en un túnel aerodinámico, único en el mundo. Una vez allí, un maquinista toma los mandos de un aeromodelo y, tras haberse puesto los cinturones, cascos y gafas, los valientes visitantes vuelan a más de 100 km por hora.
Los hacedores

Les Machines de l’île es obra de la compañía La Machine, un grupo de teatro callejero que trabaja desde 1999 bajo la batuta de François Delarozière.
A lo largo del tiempo han desarrollado múltiples proyectos de espectáculos como Les Mécaniques Savantes, Le Dîner des petites mécaniques, L’Expédition végétale, Long Ma Jing Shen - L’esprit du Cheval dragon, entre otros muchos. Todos tiene en común la intervención del espacio público a partir de esta suerte de arquitecturas vivientes que sus artistas-artesanos, producen en el taller propio.

Acero, cuero, madera de diferente origen, vidrio, cobre, latón, zinc, acero inoxidable, pergamino, incluso metales nobles como oro y plata forman parte de las materias primas con que trabajan para dar vida a sus magníficas creaciones, casi todas a gran escala y siempre con capacidad de movimiento. El movimiento es para ellos una suerte de lenguaje, un modo de expresar emociones que a cargo de un maquinista genera un vínculo con el público.

Su próximo gran proyecto es El Árbol de Las Garzas, un árbol gigante de acero y madera de 50 metros de ancho y 32 de alto que se ubicará en los acantilados de Sillon de Bretagne. Se diseñó coronado por dos enormes garzas, cada una capaz de llevar a 20 pasajeros en su vientre en un vuelo genial. Alrededor, se planeó un gran parque con cascada incluida; el proyecto apunta a dar nueva vida a esa zona, ubicada a 4 km de la isla de Nantes en el suelo continental de Francia.
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