Hay excelentes rentals y negocios de repuestos, cantidad de senderos y hasta la posibilidad de “drop off” en Villa La Angostura.
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Enclavada el corredor de Los Lagos y con el atractivo del Parque Nacional Lanín por explorar, San Martín de los Andes se consolida como destino para el turismo en bicicleta: la ciudad cordillerana cuenta con dos bikes parks y más de 140 senderos por recorrer de distinta distancia y dificultad.

Aquí, a orillas del lago Lácar, ya no es excluyente tener gran entrenamiento para atreverse a una aventura en dos ruedas: sólo hay que tener ganas de pedalear.
El cicloturismo es una de las experiencias en auge para conocer este parque nacional que lleva el nombre de un volcán, pero también se practica mountain bike, down hill, travesías y carreras de resistencia. Casi todos los senderos son de ripio o de cenizas volcánicas, con desniveles de terreno marcados. Hay subidas y bajadas pronunciadas, caminos que desembocan en ríos, lagos, termas y cascadas.
“La bici es una máquina de generar sonrisas, por eso cada vez más gente la elige para sus vacaciones. Y no sólo en verano: también en invierno cuando no puede esquiar”, sostiene Horacio Pelozo, uno de los 25 guías de mountain bike habilitados por el Parque Nacional. En la ciudad se multiplican los rental bikes. Lo más nuevo son las bicis eléctricas (que se alquilan en Adventure Store) ideales para los turistas que no están entrenados en alta exigencia de montaña. Y que desean conocer el parque en un vehículo de dos ruedas.

Hay circuitos más cortos, de un día, como el camino al mirador Arrayán –que incluye la visita a la casa de té más antigua de la ciudad– de unos 15 kilómetros. Hay circuitos a playas: son 18 km de pedaleo hasta Quila Quina, otros 16 a La Islita y apenas 5 kilómetros a Catritre. Hay circuitos para conocer lagos más alejados: 19 kilómetros hasta el Lolog, que se recorren en seis horas. Y también varios para conocer el centro de esquí Chapelco. Situado a 35 kilómetros, tiene seis circuitos para andar en bici, pensado para los amantes del descenso o downhill.
El circuito de ruta más atractivo es el de los Siete Lagos: 110 km por la RN 40 de dificultad alta, que son recompensados por las vistas de los lagos Espejo, Hermoso, Correntoso, Villarino, Falkner, Machónico y Lácar. En general se hace en tres días, pero puede ser menos si los ciclistas están entrenados.

Este camino es el más popular entre los cicloturistas nacionales e internacionales: la ruta 40, en este tramo está entre las 20 más visitadas del mundo por su belleza escénica. Transitarla en bicicleta es una experiencia distinta dados los colores, los olores y la belleza del camino.
En primavera la ruta está bordeada de retamas amarillas. En verano, de lupinos violetas. En otoño, se ven las lengas rojas o naranjas.
Travesías
Entre sus curvas y contracurvas hay ciclistas de todo el mundo. La firma internacional In Gamba –dedicada únicamente a ciclo turismo– trajo dos grupos de extranjeros a San Martín la última temporada.
“Patagonia es un lugar increíble para pedalear. Es algo totalmente distinto a lo que hicimos antes: combina ciclismo con experiencia cultural y culinaria”, sostiene Manuel Cardoso, líder de la red InGamba.
Esta travesía duró cinco días: el primero el grupo fue en bicicleta a Hua Hum y volvió en barca a la ciudad. El segundo a la Laguna Rosales. El tercer día a Villa Traful, el cuarto y el quinto día, se utilizaron para cubrir la ruta de los Siete Lagos hasta Villa La Angostura. Y, finalmente, Chapelco y su bike park.

Dos grupos de norteamericanos y canadienses se alojaron este verano en La Casa de Eugenia para esta travesía: cerraron esa hostería y la adaptaron como un centro de equipamiento y descanso. Además, contrataron chefs privados para atender a las exigencias de los visitantes. Y trajeron hasta mecánicos para que los asistan en sus recorridos.
“Fue épico”, expresa el líder de los ciclistas agrupados en In gamba Tours. “Fue un desafío, una aventura. Bordeamos lagos prístinos e incluso metimos las bicicletas en el agua. Fue mejor de lo que imaginamos. Definitivamente volveremos el año que viene”, afirma.
De Mendoza a San Martín de los Andes
No sólo los turistas extranjeros eligen el ciclo turismo: Ana Castillo y Alejandro Mónaco llegaron este verano desde Mendoza para una travesía de tres días.
Trajeron sus bicicletas y pedalearon desde Villa La Angostura hasta San Martín de los Andes, por la ruta de los Siete Lagos. Pararon a dormir en el camping del Lago Hermoso y en el Camping del Lago Espejo.
“En auto es más cómodo, pero te perdés los colores, los sonidos y sobre todo los olores”, afirma Ana. La mujer lleva casco y una linterna pegada en el sector delantero del cubre cabeza, obligatorio para los ciclistas que salen a la ruta de los Siete Lagos. “Fue maravillosa la experiencia, totalmente recomendable”, afirma la pareja.

“San Martín de los Andes está especialmente preparado para el cicloturismo”, asegura Alejandro Apaolaza, secretario de Turismo de la ciudad.
Hay distintos modos de disfrutar de la ciudad en dos ruedas: hay grupos que traen sus bicis en auto o la despachan en avión. Otros las alquilan en alguno de los diez rental bikes de la ciudad. El alquiler mínimo de una bicicleta tradicional por día es de $2500 pesos. El de una bici eléctrica es de $6500 pesos, e incluye guía. Y las travesías de cinco días se cotizan en torno a los 900 a mil dólares por persona.
Además de las bicis tradicionales hay bici de cuatro asientos, y de tres filas de asientos con dos volantes simultáneos. Estos modelos son sólo para paseos cortos, familiares, dentro de la ciudad.
Lo último –se dijo– son las bicicletas eléctricas: al menos veinte de estas máquinas italianas se alquilan tanto para excursiones de medio día como para travesías de hasta una semana.
Los guías acompañan a los turistas con mochilas de asistencia que incluye desde parches e inflador. En las travesías más largas, los guías intervienen muchas veces en la preparación de la comida o el armado de las carpas. Pero también hay quienes prefieren siempre volver a dormir a la ciudad.

Cada guía tiene conocimiento del terreno, está entrenado con conocimiento de primeros auxilios y lleva una radio para pedir ayuda, en caso de emergencia, dado que muchas veces en los caminos de montaña no hay señal de celular.
Los circuitos se adaptan al interés de cada turista.
“A mí me gusta la vuelta al Lácar”, afirma Max Torres, guía del Parque Nacional Lanín. La vuelta al Lácar son tres días, dos noches con acampe, por los lagos Lácar, Nonthue y Queñi. Incluye las termas de Queñi, un lugar único”, describe Max.
Un buen debut
La vuelta a la Laguna Rosales es el circuito ideal para los que se introducen por primera vez en el mountain bike andino. Tiene desniveles suaves, en subidas y bajadas. No hay tránsito, hay una laguna y hay avistaje de aves.
A bordo de una bicicleta eléctrica, damos una vuelta por este circuito, el más elegido por los turistas. Iniciamos el ascenso al Lácar por la nueva bici senda que ingresa al Parque Nacional Lanín para ir hasta la laguna por el camino hacia el lago Hua Hum, en dirección al paso fronterizo con Chile. Primero es un camino de ripio ancho, entre ñires y coihues, maitenes y radales. En el trayecto se pueden avistar chucaos, patos barcinos y maiceros. Incluso se puede ver algún halcón.
Dejamos atrás el cerro Colorado y llegamos a un mallín. Rodeamos la laguna Rosales, la atravesamos y buscamos el cartel de ingreso de la Huella Andina, un proyecto de Parques Nacionales, para recorrer las áreas protegidas a pie, o en bicicleta.

El trayecto por medio del bosque está bien señalizado. Hay pequeñas banderas celestes y blancas pintadas en troncos y palos, que indican el sendero exacto. Pasamos por el sector más lindo de la laguna, allí donde se ve azul tornasolada a verde por el reflejo de los árboles y del cielo.
Luego retomamos por el camino más ancho de ripio. Nos detenemos en el mirador del Balcón sobre la RP 48 que conecta con Yuco, Hua- Hum y Nonthué. Atrás del Lago Lacar se contempla ahora la ciudad, desde un balcón natural en altura.
La bici es estable, levemente distinta a la de mountain bike tradicional: es una máquina negra de 21 kilos que sólo avanza si se pedalea. Tiene ruedas anchas y fuerte agarre al terreno. Y tiene, además de los cambios situados en la manivela derecha, un motor eléctrico silencioso que se activa al pedalear y permite alivianar el esfuerzo. En especial en subida.
A bordo de esta bicicleta eléctrica el ejercicio es continuo y tan amigable que es posible extender y hasta duplicar los 15 km iniciales de la Laguna Rosales para recorrer 26 km en un paseo de cuatro horas por paisajes de montaña nunca soñados para los ciclistas de ciudad.
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