
El edificio, contemporáneo a la época de la fundación, recrea el aura de los primeros balnearios
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Más que bosque, mar y playa, La vieja hostería es un imán para veraneantes atraídos por los orígenes de Pinamar. Ubicada estratégicamente en Tuyú y de la Sirena, a pasos de la arena y el océano, se trata de una casa con historia: el edificio fue construido en 1947 para albergar a los visitantes del hotel Pinamar (actual hotel Playas), mientras era ampliado.
Con posterioridad se transformó en casa para los directivos de Pinamar SA. Luego, la propiedad fue casa de veraneo. Y más tarde, casa de té.

Finalmente, en 2010, la empresa Eguzkilore SRL decidió su reapertura y encargó la puesta en valor a un grupo de profesionales compuesto por el ingeniero Javier Mendia, la decoradora Jorgelina Allona, el artista plástico Julio Soler y la diseñadora gráfica Silvana Spina, a quienes lideró la arquitecta Silvina Zubiarrain.


“Es una joyita, parte del patrimonio de la ciudad que buscamos conservar y remodelar a nuevo”, resumen Zubiarrain.
Esta arquitecta compró la propiedad con la sociedad anónima designada con nombre vasco y trabajó sobre la idea rectora de no modificar la estructura del edificio original.
“Ese compromiso lo adquirimos, incluso, frente a los dueños anteriores, Pinamar SA. La preservación del inmueble, que es parte del circuito histórico de la ciudad, fue una de las condiciones de venta”, expresó.
Teniendo en cuenta la escala del edificio, que en un principio no tenía más que cuatro habitaciones, el equipo a cargo de la remodelación se propuso “acentuar, subrayar las virtudes de la unidad, para que los huéspedes pudieran sentirse como en su casa”.

Hay un gran living con importante biblioteca y hogar, un comedor desayunador que puede ser utilizado por los pasajeros y también por público en general.

Allí los viajeros pueden tomar el té y degustar la repostería. Pero también almorzar y cenar en el restó a cargo de Manuel Grinberg que busca tener una carta con pescados frescos de la zona.

La hostería cuenta con patio, pileta, solárium, gimnasio y carpas para masajes al aire libre y terraza, espacios aptos para la actividad física tanto como para el relax.
Cada una de las catorce suites son identificadas con nombres que hacen a la historia de Pinamar y ambientadas con destellos de esos inicios.

En planta baja, los cuartos recuerdan los primeros balnearios del lugar y, en el interior de cada habitación, Julio Soler realizó un collage con fotos antiguas y una pequeña descripción. El viajero puede alojarse en El Dorado, El Atlántico, Neptunia, La Posta.

En planta alta, el recorrido continúa y se hace referencia a puntos que eran parada obligada antes de llegar a los balnearios en en siglo pasado cuando llegar a Pinamar era casi una aventura.

Los visitantes quedan impactados: “Siempre quise conocer esta casa que remonta a los orígenes. Es bellísima. Está muy bien conservada: los pisos, los vidrios, cada detalles es único”, afirmó Silvia Pollito, que eligió la Casa de Té junto a tres amigas, todas habitantes permanentes de la ciudad, para conocer el edificio.

Llegan desde más lejos para visitar La vieja hostería: “La historia está muy integrada al ambiente del lugar. Mi habitación - La Posta- era el primer balneario. Me pareció super interesante la experiencia”, afirmó Paula Fernández, una de sus huéspedes.
Arte e historia
Las obras de Soler, como parte de la decoración, están ubicadas en todos los espacios comunes de la hostería: el ambiente es propio de los balnearios con detalles de esculturas y pinturas que invitan a detenerse y pausar para perderse en la historia.

Desde que abrió, atrae tanto a veraneantes como a los habitantes de la ciudad, que llegan para conocer por dentro los mojones de los desarrolladores del pueblo fundado en 1943.
“El 12 de febrero de 1947 a las 18 horas —como gusta decir Juan José Cuello,— llegué a Pinamar junto a mi patrón para hacer la hostería", narró Jorge Bunge según la reconstrucción realizada en el libro Pinamar Sueño.
“Éramos treinta y dos personas bajo las órdenes de Esteban Carmona, propietario de “Las Canteras”. Yo era el segundo encargado y había venido escapado de Buenos Aires (...). Vine por seis meses, nadie aguantaba mucho. Sin embargo, desde entonces no me fui. Hice muchas construcciones" relató en el libro Pinamar sueño de Jorge Bunge, de Juan Cruz Jaime.
El edificio aún es parte de la identidad del balneario.
“La vieja hostería es parte del circuito histórico y fundacional de Pinamar”, reafirma Vanesa Rinaldi, guía de turismo en la ciudad que arma tours bajo la consigna Pinamar secreto.

“El edificio está situado en una de las calles que formaron parte del plan rector de la urbanización de Bunge. Hay una pocas fotos que dan cuenta de esos inicios. Y de los pioneros que encontraron aquí un hito para el descanso”, explica la guía.
La Vieja Hostería Del Tuyú 169, Pinamar.
Teléfono: 02254 48-2804
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