En Suecia vieron el impacto de la tendencia en las botellas de vidrio. Decidieron traer la idea al país y armar una empresa de triple impacto.
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Cuando Martín Valese conoció a Emelie Hakansson, recién dejaba su trabajo de oficina. Él argentino y ella sueca, decidieron mudarse a Estocolmo. “Siempre fui muy creativo y emprendedor. Quería hacer algo propio y con propósito. En esa búsqueda, empezamos a mirar productos. Me llamó a atención que la mayoría de las personas en Suecia llevaba una botella a todos lados”, recuerda Martín. Conectados con un estilo de vida “slow”, volvieron a Argentina y en 2017 crearon “Liveslow bottles”, una empresa que produce botellas reutilizable sin BPA, de vidrio soplado reciclado y silicona, que hoy son furor.

¿Cómo lo hicieron?
“Pensamos el producto como un lugar para contar la sustentabilidad y adoptar nuevos hábitos. Queríamos un discurso positivo, de vivir más conscientes”, sostiene. Si bien había algunas botellas reutilizables en el país, eran de plástico - un material poroso que con el tiempo deja olores, sabores y se descarta-. Por eso, optaron por el vidrio soplado, con una funda de silicona. “El vidrio no tiene ningún tipo de transferencia. Podíamos hacer una botella con hasta un 40% de material reciclado y así reducir lo que va al residuo sanitario. Con una cooperativa, trabajamos el soplado, que es un proceso más manual”, señala.
Al equipo se sumó su papá, Mario Valese, dueño de una empresa de faros, que utiliza la misma materia prima que las botellas: vidrio y silicona. “Ya tenía desarrollados los proveedores. Eso nos ayudó a armar la matricería y a producir localmente. Traer un producto de afuera implica combustible, emisiones de carbono. Nosotros tenemos esa responsabilidad también”, añade. A la par, incorporaron a Eugenia Vilariño en marketing y comunicación, que para dar a conocer la marca, contactó a Marcela Kloosterboer. Al mes de haber lanzado, la botella apareció en el programa “Las estrellas” y fue un éxito.
Triple impacto
Hoy, además de las botellas, venden sorbetes reutilizables, cuadernos con tapitas recicladas, entre otros. “Como estamos en contra de la obsolescencia programada y la botella te puede durar años, salimos del monoproducto”, explica.
La marca está en proceso de certificarse como Empresa B. Además del impacto ambiental, destinan 10% de su ganancia neta a la Fundación Aguas, una ONG que lleva agua potable a escuelas rurales. “Nuestra historia no nace de lo que vimos en Suecia, sino de pensar qué hacer para generar un cambio positivo. Así creamos una marca que genera una huella ambiental positiva y un mensaje positivo”, asegura.

Los consejos de Martín
- “Es clave tener un buen equipo de trabajo. A veces, uno cree que lo puede hacer todo, pero construir una idea en conjunto con otros, te ayuda a pensar desde otra perspectiva”.
- “No mires los problemas como un fracaso. Tener una mentalidad de crecimiento permite capitalizar las experiencias como aprendizajes. Eso para un emprendedor es fundamental”.
- “Generar alianzas es necesario para el desarrollo sostenible. Emprender con triple impacto es muy difícil, porque queremos cambiar el mundo y que sea mejor, pero no se puede hacer solo”.
- “Capacitate. Mayma es una organización que apoya proyectos con impacto y te ayuda a entender tu modelo de negocio, sistematizar lo que hacés, encontrar tus puntos débiles y trabajarlos”.
- “Conectate con tu propósito. Más allá de dónde saques tu inspiración, lo más importante es conectar con las cosas que te importan. Una marca con propósito, sobre todo si hacés triple impacto, es una condición sine qua non”.
En números
- Inversión inicial: U$S50.000
- 1.26 toneladas de vidrio recuperado
- 1.4 millones de botellas descartables evitadas
- 30% ventas son para corporativos, 40% mayoristas y distribuidores, y 30% venta directa.
- 1 filtro donado a la escuela Número 198 de Esteros del Iberá (Proyecto en alianza con Fundación Aguas).
- 8 personas tiene la empresa.






