La voz de Gorillaz y Blur habla de su reciente y climático disco solista, inspirado en el cautivante paisaje de Islandia y su monte Esja
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La casa es baja y cuadrada, de ladrillo a la vista, en un barrio residencial de pocos habitantes, a un cuarto de hora del centro de Reikiavik. Un ventanal panorámico la separa de una franja de tierra que se adentra en el mar. Desde esa ventana, el dueño de casa, Damon Albarn, observa el monte Esja. No es una cima tan imponente, pero sus 914 metros de altura le bastan para dominar la ciudad. “Hace años que me lo quedo mirando durante horas”, comenta Damon. “Tiene la forma de un gigante dormido. Se ha convertido en mi musa inspiradora”.
En los días de cielo particularmente límpido, hasta se llega a ver el glaciar que corona el volcán Snæfellsjökull, a dos horas y media de distancia en auto hacia el noroeste. “Es el volcán que hizo famoso Julio Verne en Viaje al centro de la Tierra, ¿sabían?”, comenta Albarn, maravillado.
En los primeros capítulos del libro, el profesor Otto Lidenbrock encuentra un viejo pergamino escrito en caracteres rúnicos por el alquimista islandés Arne Saknussemm: “Desciende al cráter del Yocul de Sneffels, que la sombra del Scartaris acaricia antes de las calendas de julio, audaz viajero, y llegarás al centro de la Tierra, como lo hice yo”. Y así se inicia esa gran expedición.
El viaje que enfrentó Damon Albarn es decididamente menos peligroso, pero tan aventurero como el de Lidenbrock. La contemplación de su musa lo llevó a escribir un ciclo de canciones sobre la naturaleza islandesa. Obligado a aislarse por la pandemia, luego las transformó en una reflexión más amplia sobre su estado de ánimo y el de todos nosotros durante el último año y medio, proyectada sobre el telón de fondo de los paisajes de Reikiavik y Devon (sudoeste de Inglaterra), donde el cantante tiene su otra casa. The Nearer the Fountain, More Pure the Stream Flows se lanzó el 12 de noviembre y es una meditación sobre el medio ambiente, como dice el autor, y al mismo tiempo una parábola sobre la muerte y el renacimiento. El disco no tiene nada del espíritu metropolitano hipercontemporáneo de Gorillaz. Es un disco hecho de agua y viento y roca basáltica. En cierto sentido, es Damon Albarn tocando ese instrumento llamado monte Esja.
Cuando era niño, Damon Albarn tenía un sueño recurrente: “Me elevaba y luego volaba sobre una gran playa negra, cerca de un mar igualmente oscuro”. En 1995, se cruzó con un documental de National Geographic sobre Islandia, donde hay muchas playas de arena negra generadas por escombros volcánicos. “Reconocí el paisaje de aquel sueño de mi infancia y sentí la imperiosa necesidad de ir a conocerlo”. Visitó por primera vez la isla en 1996 y desde entonces la sigue frecuentando, como lo hizo para grabar parte de los álbumes Blur y 13. (Finalmente, en 2021, a Albarn le concedieron la ciudadanía islandesa.) “Me fascina el carácter de los islandeses, su espiritualidad nórdica, lo relajados que son. Acá no hay la histeria que veo en otros lugares. Vengo varias veces al año a pasar un par de semanas, a veces un mes entero. Este lugar me hace sentir en paz”.
Una vez dijo que la vida en la isla es una fuente donde abrevar. Y para poder hacerlo con facilidad, hace veinte años decidió construir esa casa en las afueras de Reikiavik, desde donde poder ver al gigante dormido. “Hace años que a través de esa ventana veo los cambios de la naturaleza, un movimiento incesante, indeciblemente lento. Siempre tuve ganas de escribir una especie de meditación musical sobre ese cambio. Cuando me ofrecieron la oportunidad de realizar en vivo cualquier proyecto que quisiera, se me ocurrió contar lo que veía desde esa ventana, y hacerlo con una orquesta, es decir, hacer que una orquesta toque la naturaleza, que una orquesta interprete los cambios atmosféricos”.

El plan original era que Albarn y los músicos de orquesta salieran de gira con el poema musical sobre Islandia por las salas de concierto de Europa, y que luego, al final de la gira, grabaran el material. El cantante realizó tres ensayos con una decena de músicos que volaron a la isla y se instalaron en el salón de la casa, bajo la dirección del alemán André de Ridder, que ya había colaborado con Albarn, entre otras cosas, para la ópera Dr. Dee y el disco de Gorillaz Plastic Beach.
Pero entonces llegó la pandemia, hubo que terminar anticipadamente el trabajo, y Albarn se vio obligado a volver a Inglaterra. Después, además de presentar los primeros extractos de The Nearer the Fountain en vivo en su antiguo granero en Devon, cantando y tocando sobre las grabaciones hechas previamente en Islandia, el músico amplió el concepto original del proyecto.
“Quería articular mis sentimientos de fragilidad y pérdida durante el encierro, y el poderoso efecto catártico que me producía el recuerdo del monte Esja. En el disco describo muchos lugares, desde Devon hasta Montevideo, pero el clima está definido por el paisaje islandés”.
Para ser un disco inspirado en paisajes tan extremos que parecen de otro planeta, The Nearer the Fountain, More Pure the Stream Flows es extrañamente melancólico. Nunca deprimente, pero sí habitado por una sensación de soledad, o a veces de abandono. “Lo mismo puede decirse de gran parte de mi música; es más, creo que podría ser el hilo conductor de toda mi obra”, dice Albarn. ¿La razón? “Porque estoy convencido de que el carácter inglés, en su forma más pura, es esencialmente melancólico. Quizás sea por el paisaje y el clima, porque tenemos esos paisajes maravillosos, cargados de nubes plomizas, y nunca hace realmente calor. Si lo pensás, es deprimente. Durante seis meses del año, apenas vemos el sol. Y esos seis meses de sombra fueron forjando el carácter inglés, y en particular el carácter musical: es una forma de desánimo que de repente se convierte en alegría y luego se vuelve a desinflar. En este disco es muy palpable: un estado de ánimo influido por el clima y por la preocupación por el medio ambiente, pero también por los elementos naturales que se convierten en fuente de inspiración, y por la claridad mental que llega cuando uno entiende que la naturaleza, gracias al cielo, todavía está ahí, existe, y es generosa”.
Así que The Nearer the Fountain no es un álbum sombrío, y su arco narrativo va de la oscuridad a la luz, “Darkness to Light”, como dice precisamente el título de una de las canciones. El disco abre con un pulso extraño que parece salido del disco de un minimalista norteamericano. Es el comienzo de la canción que da nombre al disco, una reelaboración de Love and Memory, del poeta inglés decimonónico John Clare, un homenaje a un ser querido que se embarcó prematuramente en el “viaje misterioso”. Es apenas la primera de muchas referencias a la muerte contenidas en el disco.
‘Claro que pienso en la muerte: ¡tengo 53 años!”, dice riendo. “¿Quién no le tiene miedo a lo desconocido?”. Pero lo que más le gustó del poema de Clare fue el verso que le da título al álbum: cuanto más cerca de la surgente, más pura es el agua. “Era exactamente el estado de ánimo que quería reflejar en el disco islandés. Cuando empecé a elaborar la idea, sentí la necesidad de explorar toda la poesía de Clare, y allí encontré la conmovedora manifestación del concepto de pérdida. El hecho de que la persona llorada en Love and Memory sea joven no tiene importancia. Lo importante es la evocación de la surgente del agua. Este disco es una invitación a escuchar el sonido más puro de las cosas, a buscar la expresión más pura. Esa idea del agua que fluye debajo del suelo hasta surgir como una fuente es una metáfora de la vida.”
Canción tras canción, ese vacío evocado en el tema principal se va llenando de piezas musicales que hablan de nadar en aguas peligrosas, de cormoranes y grullas, de buques portacontenedores, de playas, picos nevados, fantasmas y de estrellas que uno puede seguir para encontrar el camino, todo acompañado de una música que modifica el lenguaje de composición del primer álbum de Albarn, Everyday Robots, y que funciona como una masa de sonido inestable, alternando vacíos de angustia con pasajes de alivio y consuelo. Hace poco, en un concierto en Mánchester, Albarn lo describió como “la música de una banda solitaria, que toca sin público frente a ella, a bordo de un buque fantasma”. No es un Titanic, es su espectro, y recuerda los barcos que aparecen en “The Cormorant”. La canción está ambientada en Devon, “donde curiosamente tengo una casa en un contexto similar a la de Islandia, frente a una playa”. El invierno pasado, un crucero apareció anclado frente a esas playas de Devon, sin nadie a bordo debido al Covid. “El sonido del disco es esa cosa que está ahí. Mi casa está en un lugar que se llama Start Point, donde convergen las aguas del canal de la Mancha y el Atlántico. Es un lugar interesante y peligroso, por el choque de esas dos fuerzas opuestas. El disco también tiene que ver con la idea de viajar, un viaje que hice en mi cabeza en el que imagino que esos barcos navegan hacia Montevideo y más allá”, con el acompañamiento de viejos órganos, cuerdas, cuernos y harmonios, fundidos en un único sonido poético y alienante al mismo tiempo.
Mientras muchos de sus compañeros siguen haciendo música como en los años 90, al punto de pretender que algún ritmo digital es un acto revolucionario, Damon Albarn se ha embarcado en una serie de proyectos tan variados que podrían desconcertar a sus fans más incondicionales. El público masivo lo conoce por el trabajo que hizo con la banda Gorillaz, con la que está escribiendo canciones sobre el carnaval de West London, y por supuesto con Blur, con la que no descarta un reencuentro (“Está la idea dando vueltas”, dice, de manera un poco genérica.) Lanzó el álbum solista Everyday Robots y grabó dos discos con The Good, the Bad & the Queen, la banda formada con el fallecido Tony Allen, Paul Simonon, de The Clash, y Simon Tong, de Verve, este último presente en la mayor parte del nuevo álbum. También colaboró con artistas de Mali, participó en una reversión de In C, de Terry Riley, grabado con Flea por los Red Hot Chili Peppers, escribió la ópera Dr. Dee, sobre el asesor médico-científico de Isabel I, y el musical Monkey: Journey to the West, adaptación de una famosa novela china del siglo XVI. Y esta lista no es ni remotamente exhaustiva…
“¡Soy culpable!”, se ríe Albarn, consciente de que los músicos pop que escriben óperas y musicales son vistos con recelo. Pero queda claro que lo seduce trabajar en obras conceptuales. ¿Será que después de cierta edad el pop les queda chico?
“No, no, no”, reacciona Albarn. “Mirá esta grabación. ‘Royal Morning Blue’ es una gran canción pop. No hay música seria ni música menos seria. Lo que pasa es que me gusta aprender cosas nuevas, tratar de mejorar. No recibí educación musical formal hasta los 17 años, y está todo bien con eso. Pero conocer los mecanismos de la música me ayudó a articular mejor lo que quería decir”.

Para este Lidenbrock del pop inglés, lo importante es el deseo “de embarcarse en grandes aventuras musicales”, algo poco común entre los artistas pop de cierta envergadura, que cuando han triunfado, le dan al público lo que el público quiere y no cambian nada. Y como su actividad profesional ya no gira en torno a Blur, Albarn se ha embarcado en un emocionante viaje musical.
The Nearer the Fountain, More Pure the Stream Flows es un reflejo de la amplitud de sus intereses, y también de sus amistades musicales: hay músicos clásicos y de rock, guitarristas y violistas, trombones y sintetizadores, incluso una marimba, cuyas tablillas están hechas de piedras de arroyos de la zona de Reikiavik. En un mundo donde los encuentros entre la música “escrita” y el pop suelen ser torpes, donde la primera es vulgarizada y utilizada para dar un toque de legitimidad a la segunda, con resultados a menudo tremebundos, el nuevo disco de Damon Albarn es un ejemplo de colaboración virtuosa entre músicos de distinta extracción. “Lo que más me interesa, por encima de todo, es trabajar con músicos sensibles, que se escuchen unos a otros, que sean empáticos con la vibración de los demás. Esa es la definición misma de música. Es lo más importante, y no tiene nada que ver con el tipo de música, sea pop, clásica o cualquier otra”.
Albarn ya anunció la fecha de los conciertos de febrero y marzo de 2022, en los que interpretará The Nearer the Fountain, More Pure the Stream Flows de principio a fin. “El álbum tendrá dos formatos: el que llevo a la gira en vivo y que es similar a la música grabada, y otro plenamente orquestal, cuando finalmente sea posible hacerlo, que será musicalmente más abstracto”.
Albarn no siente nostalgia por la época en que Blur ocupaba el centro de la cultura pop y tenía muchos compromisos importantes. “Las cosas cambian constantemente y no tiene demasiado sentido quedarse pensando en eso. Para un artista no hay nada peor que sentirse importante. Hay que conservar la libertad”.
Un día, en el avión que lo llevaba a Islandia, Albarn se encontró sentado junto a una rabina, y le preguntó qué la traía a la isla. La respuesta de la mujer inspiró la canción final del disco y también parte de su significado: “Huyo de las partículas”, dijo la rabina.
“Particles” no solo es el título de la última canción, el que resuelve la tensión del disco. También es una palabra que se repite en las letras y es uno de sus conceptos clave.
“Tiene dos temas”, dice en referencia a la letra de “Particles”. “El primero se refiere al fenómeno de la aurora boreal: las partículas de las tormentas solares atraviesan el cosmos e impactan en la atmósfera, explotan y crean ese efecto y esos colores maravillosos. El otro tema tiene que ver con lo que me dijo la rabina, con quien mantuve esa maravillosa conversación en el avión, y que después de aterrizar en Reikiavik nunca volví a ver. Su respuesta me pareció abstracta, pero me fascinaba la idea de que alguien quisiera protegerse de las partículas. El cuerpo humano es bombardeado constantemente por partículas que se mueven y chocan entre sí. Esa es la dinámica del universo”.
Y así, en la última canción, Albarn les canta a las partículas que reposan alegremente sobre la piel, una referencia tanto al fenómeno de las auroras boreales que se ven en Islandia —”en este caso, la piel es la del planeta Tierra”— como al efecto “que tienen las partículas sobre nosotros”. Muchas de las partículas que componen las células de nuestro cuerpo han viajado por el universo y existen desde hace miles de millones de años. “Sus átomos de hidrógeno se produjeron durante el Big Bang y los de carbono, nitrógeno y oxígeno se generaron en el interior de las estrellas. Los elementos más pesados se formaron por la explosión de estrellas”.
Si la primera canción del álbum es la historia de un viaje imposible del que no hay retorno, la última es una celebración de la vía que persiste y se regenera constantemente. Es la canción de ese universo que baila dentro de nosotros.






