
Críticas a El Reino. Peter Lanzani: “Puedo entender por qué están ofendidos, pero no es mi trabajo consolar a nadie”
El actor habla de su papel en una de las series más vistas del año: cómo logró ubicarse entre el éxito y las críticas de las iglesias evangélicas
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Para quienes creen en la casualidad, fue así como Peter Lanzani empezó a trabajar en televisión: verano, playa, fútbol con amigos y un fotógrafo que lo retrató y llevó el material a una agencia de publicidad. Peter tenía apenas 13 años y le pareció un juego divertido. Fue el inició de una carrera exitosa que se inició en 2006, en Chiquititas sin fin, de la mano de Cris Morena. La popularidad llegó con Casi Ángeles, que tuvo cuatro temporadas en televisión, otras tantas en teatro, giras y discos con los Teen Angels. Peter se destacó en cada uno de sus personajes: La dueña, Dulce amor, Aliados, La leona, Un gallo para Esculapio y especialmente dio que hablar cuando interpretó a Alejandro Puccio en la película El clan, o a Miguel Prieto en El Ángel y la obra de teatro Equus. Ahora se lució siendo Tadeo en El reino, una de las series más vistas en Netflix. Mientras disfruta del éxito, espera el estreno, el próximo 29 de octubre, de Maradona sueño bendito, la serie sobre la vida del Diez en la cual Peter interpreta a Jorge Cysterpiller. Además, está rodando 1985, una película de Santiago Mitre sobre el juicio a las juntas militares en la última dictadura. Por otra parte, ya confirmó que estará en la segunda temporada de El reino.
Peter tiene una sonrisa que contagia. No le gusta exponer su vida privada pero da algunos detalles de sus rutinas diarias: “Cuando no estoy rodando, mi vida es sencilla, me levanto, me tomo unos mates, pongo música, charlo con amigos, escribo o miro una peli. No estoy haciendo deportes ahora pero me fascinan todos, juego al paddle, al fútbol, salgo a correr, elongo. Mantenerme bien físicamente me ayuda a mi estabilidad emocional y mental”, reflexiona. Y agrega: “Si tengo que preparar un personaje, de a poco investigo y me interiorizo”. Pudoroso, dice que no está en pareja y que vive con un amigo desde hace un tiempo: “Es un amigo que me hice en el cine, el Colo Fisner, director de fotografía. Es una linda experiencia vivir con amigos. Miramos mucho cine juntos y después lo debatimos”.
–¿Las elecciones de tus trabajos son una estrategia o se fueron dando?
–Un poco de todo. Es planeado pero no desde la meticulosidad sino desde una clara búsqueda emocional, de tipos de personajes que me corran de mi lugar de comodidad. Hay una búsqueda, es verdad, y agradezco mis comienzos y mis proyectos pasados porque gracias a esas vivencias, errores y aciertos, hoy estoy donde estoy. Me apasiona y disfruto cada minuto de rodaje o de función. Me gustan los desafíos que me llevan a nuevos límites: a veces me salen mejor y otras, peor. Hacer lo que hago me mantiene conectado.
–¿Cómo manejaste la popularidad que te dio Casi Ángeles? ¿Es verdad que quisiste dejar todo?
–Sí, en la segunda temporada de Casi Ángeles quise abandonar todo porque estaba cansado y no me sentía cómodo en ese mundo. Estaba en 5º año del secundario y no podía hacerlo con mis amigos, me perdí viajes con mi club de rugby.

–¿Por qué seguiste?
–Tuve una charla con Nico Vázquez y casi que me convenció de seguir, me dijo que tenía que hacer un camino interno para no perder a mis amigos y así fue porque sigo teniendo el mismo grupo, que son mi cable a tierra y lo mejor que me pasó en la vida.
–¿También ganaste amigos en esa ficción?
–Sí, pasamos cinco años juntos y el cariño sigue estando. Quizás no es una relación tan cotidiana como la que teníamos antes pero nos mandamos mensajes, nos vemos, nos comentamos nuestros trabajos. Las relaciones personales son lo mejor que tenemos los seres humanos. Y con mis compañeros de Casi Ángeles crecimos juntos. Pasé la adolescencia con muchos colegas y es lindo saber de ellos o estar cuando lo necesitan. Somos una camada de actores y cantantes que intentamos acompañarnos en nuestros aciertos y nuestros fracasos.
–Hablemos de El reino, ¿cómo construiste a Tadeo?
–Me llegó la propuesta por parte de Marcelo Piñeyro y la productora KyS, y el primer encuentro con él fue virtual porque en 2019 yo estaba en Europa rodando una serie. Leí los guiones, me gustó la historia, la profundidad del personaje. Cuando volví, nos juntamos a trabajar un poco para entender el mundo de Tadeo. Todo estaba bueno y era un gran combo: la productora, el director, los guiones, los partenaires. No podía dejar pasar esa oportunidad. Me atrapó desde un inicio, trabajamos mucho en el personaje, en saber qué le brinda a la historia, en qué podíamos engañar, porque es misterioso y el leve tartamudeo hacía pensar que había algo que no terminaba de cuadrar. Había que insinuar qué le pasó y por qué, y eso va alimentando la historia.
–Además, es el único que se toma la fe en serio…
–Completamente, y no desde un lado del predicador como lo hace el Pastor. Tadeo es un chico de fe, que predica la palabra pero más que nada ayuda a la gente que necesita, da una mano a quien pierde el rumbo. Y para el tartamudeo investigué mucho sobre los por qué, leí notas, entrevistas. Queríamos hacer algo leve, porque es una condición del personaje por una falencia del pasado, no es algo que le impide evolucionar y las personas a su alrededor lo escuchan con atención.
–¿Qué pensás de las críticas que recibió la serie de parte de las iglesias evangélicas?
–La intención no es herir sentimientos porque esto es ficción; un juego. Puedo empatizar y entender por qué están ofendidos, pero no es mi trabajo consolar a nadie. Algo de ese contenido será más verdadero y otras cosas no. Lo interesante y maravilloso de una buena ficción es generar cosas distintas en el espectador y eso sucede con El reino.
–El rodaje estuvo interrumpido durante algunos meses por la pandemia, ¿fue difícil volver a meterse en el personaje y en la historia?
–Fueron siete meses que frenamos y luego fuimos la primera ficción que volvió a trabajar con protocolo, horarios estrictos, testeos, cuidados, responsabilidades. De alguna manera mostramos que con un buen protocolo se podía salir a trabajar.

–En 2020 fuiste uno de los mentores de ACTA (Asociación Civil de Trabajadores del Arte), junto a otros colegas. ¿Con qué objetivo surgió?
–Sentimos que hay cosas a las que nos tenemos que aggiornar para volvernos más competitivos a nivel mundial. Hoy estamos en pleno laburo interno, con el compromiso de seguir proponiendo alternativas y tratar de que nos escuchen. Queremos trabajar en conjunto con la Asociación de Actores y Sagai (Sociedad Argentina de Gestión de Actores Interpretes) o asociaciones de productores y de técnicos. Queremos sumar. Somos una asociación y no un sindicato y queremos aportar lo que podamos a la industria.






